Los hijos marchan pero los gatos quedan – El gato de mi hija

Hace mucho que la niña se independizó aquel día se llevó sus cosas, bueno una parte de sus cosas, porque el piso era pequeño y claro lo normal era que las dejase en casa, por eso a pesar de su ausencia el armario seguía lleno, no apretado pero lleno. Lo mismo ocurre con las cajas que hay bajo la cama y que mantiene uno de sus tesoros más estimados, los zapatos. He de decir que cuando hace unos años entraron a robar en casa, su mayor preocupación fueron los zapatos que su padre se hubiera quedado sin gemelos y yo sin pendientes no era importante lo grave lo realmente grave habría sido que los cacos se llevaran los pedro Rodríguez rojos. muy monos por cierto.
Otra de las cositas que quedaron en casa fue el gato. Oficialmente su nombre es Sergi , por un amigo que tuvo el mal gusto de ponerle a su gata el nombre de Estrella. Por aquello de que el gato quiere la casa y no al amo, una verdad que he podido contrastar en más de una ocasión y teniendo en cuenta de que el angelito llevaba toda la vida paseandose por su nada despreciable territorio del que era amo y señor, la idea de meterlo de repente en un pisito y someterlo a la humillación de hacer sus necesidades en una caja, nos pareció como poco cruel así que la niña se fue (más o menos) pero el gato se quedó.
El chico es muy suyo, desde que era un cachorrillo está castrado pero él, al parecer no se ha enterado y a lo largo de sus doce años de existencia se ha peleado con todo bicho viviente. Es frecuente verle aparecer con la oreja desgarrada o la pata encogida llena de arañazos su estado natural es la campana. ¿Puntos? imposible saber cuantos le hemos tenido que hacer. Ahora en casa tenemos una grapadora, de las de oficina no, de las de poner puntos porque entre el gato y HObbes esto es una ruina. Entre sus virtudes; que aun no se cuales son, desde luego no figura la simpatía. Estás en el sofá aparece el señor, se acomoda, al estilo gato es decir clavando las uñas en la almohada o en tu pierna que eso a él le da igual y despues se hace una bola y a dormir, ¡ay! de ti como se te ocurra apartar la pierna. Toda la familia ha probada sus afiladas uñas.
Pero se nos ha hecho mayor, y a pesar de que ayer mismo aparecio con la oreja hecha un cisco, lo cierto es que el chico ya no es lo que era. Eso lo se yo y también lo saben los otros gatos que poco a poco han ido comiendole el territorio,
Ahora Sergi más conocido, “la madre que te parió” apenas sale de casa, pasa la noche en el sofá y las mañanas en la ventana de la cocina.

 

Cualquier día le dará un arrechucho o saldrá de expedición y no volverá y  aunque nunca ha sido santo de mi devoción, seguro que le echaré de menos.

El gato de arriba también es él, però un  poquito retocado al fin y al cabo si se lo hacen a las modelos porqué no se lo he de hacer a él:

1 comentario

  1. Me encanta el sitio que ha escogido!

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