El fenómeno espejo

lifting

Hace un tiempo durante una  visita en el Liceu, me tocó un  grupo bastante numeroso que venía del barrio de les Corts. Cómo es normal entre semana y a esas horas el público estaba constituido mayoritariamente por amas de casa, jubilados y  pre-jubilados. Cuando mueves un grupo de 30 personas por el teatro no te fijas en las caras, bastante trabajo tienes en no perderlos, hasta  que los consigues situar, ese dia en la platea. Y allí fue cuando, mientras yo les largaba mi discurso, reparé en una cara… será ella.. pensé.  Tengo buena memoria pero  hay cosas que se me resisten como asociar nombres y caras pero curiosamente, será cosa de la edad, cuanto más antigua es la relación más fácil me resulta. Y esta era, desde luego, una relación muy antigua…. ¿eres tú verdad?… Estás igual …dijimos casi al unísono, afirmación que resulta completamente falsa dado que la ultima vez que nos vimos ni mis hijos nilos suyos existían.

Que el mundo es un pañuelo hace años que lo tengo asumido. Pero lo que no deja de sorprenderme porque no es la primera vez que me pasa, es que después de tantísimos años nos reconociéramos inmediatamente. Lo que me lleva al fenómeno espejo.

Cada mañana me veo en él, por prudencia procuro hacerlo al cabo de un rato, después de la ducha, el zumo de naranja, un poco vestida, más que nada para que el impacto no sea tan fuerte; aunque la verdad es que yo me veo siempre igual sino mejor. Al respecto conviene puntualizar que tengo una autoestima muy alta lo que no quita que sea consciente de los deterioros que el paso del tiempo va dejando. Eso me pasa ante el espejo no así con las fotografías. … ¿quién es esa señora que està al lado de mi marido? .… recuerdo haber pensado hace tiempo al recibir las fotografías de una boda, cuando aun mandaban las fotos a casa. Dios! como ha cambiado todo. Y mira tú por donde al final resultó que “esa” era yo.

Nunca he sido fotogénica, esto está ampliamente documentado en los álbumes familiares, pero de ahí a no reconocerse media un abismo.  Suponiendo que las imágenes no engañan (salvo que medie photoshop) he de pensar, muy a mi pesar, que mi imagen externa  es la de las fotos y no la del espejo.

Entonces ¿cómo es posible que Montse y yo nos reconociéramos al instante al cabo de tantos años? . Pues porque según mi teoría el recuerdo de la imagen que tenemos de los demás envejece con nosotros.

Por eso cuando hace unos meses me encontre ante idéntica situación con otra amiga de la infancia … estás igual… dijo ella. … Pues hija si tú no me lo dices yo jamás te habría reconocido … fue mi respuesta, de una sutileza apabullante, anulando así cualquier posible renovación de la viaje amistad.

Y es que esa otra amiga se había hecho un remozado de fachada de tales proporciones que además de dejarle las cejas a media frente, la nariz de cerdito, y las comisuras de los labios a la altura de los pendientes, había cortado de raíz cualquier tipo de posible vínculo con el pasado remoto.

Aquí os dejo una selección de calamidades quirurgicas por si a alguien se le ocurren ideas extrañas. He incluido a Ana Rosa Quintana porque, parecerse cada día más a Sara Pallin me parece un desastre absoluto.

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