Participar o competir

Cada vez sigo menos blogs, he leído por ahí que este una tendencia mundial.

Entre los pocos, poquísimos que sigo, está el de mi amigo AL Fenici,  en parte por si, cómo esta mañana, me lo cruzo en el semáforo; pero sobretodo porque  Al fenici tiene una cualidad que valoro mucho y es el ser politicamente incorrecto.

El pasado sábado publicó un artículo bajo el título Participar o Ganar? Ganar!,  y como suele ocurrir cuando le leo, me vinieron ganas  de  meter baza, pero  no en forma de comentario, porque se me quedaba corto.

He jugado un poco con el título del artículo de mi amigo, y es que tal como yo lo veo lo de contraponer participar a ganar no me funciona. Sí en cambio participar y competir, porque lo de ganar o perder es consecuencia del acto de competir, a mi modo de ver , una de las asignaturas olvidadas o mejor  dejadas de lado en la educación, en  esa parte de la educación que no tiene por escenario la escuela sino la familia.

Es en el ámbito de la familia, concretamente en el contexto de las actividades extraescolares,  donde más a menudo se escucha la famosa frase de “lo importante es participar…” que normalmente ha sido precedida por un “no te preocupes que …”, un pecado que yo tambien he cometido y que ahora con la perspectiva de los años, seguro que afrontaria de otra forma.

Imaginemos, que estás  jugando en la playa con tus hijos y casi sin darte cuenta sueltas aquella frase de “a ver quién llega primero… (al puesto de helados, a la orilla…al doctorado en medicina, al primer millon de euros… a lo que sea) Y los dos hermanos corren como locos en pos del objetivo. Y es que lo de competir lo llevamos escrito en los genes. Seguramente es un vestigio de nuestra parte animal que nos hace querer ser el más rapido, el más guapo, el más listo, nos hace querer ser en definitivo el primero. Supongo que está más ligado al instinto de supervivencia que al hecho circunstancial de que al final de la carrera haya un podio, una medalla o magnum Frac.  

Pparticipar es otra cosa, al menos  en apariencia .

Por ejemplo, yo puedo participar en la gran recapte d’aliments, por decir algo. Lo podría hacer porque creo en ello o  porque me gusta,  y lo hago sin recibir recompensa alguna, aparentemente. Porque si  se da el caso de que al final de la colecta yo recojo más bricks de leche que mi vecino, que está en el puesto del sorli, seguro que me sentiré mejor, me satisfará, me recompensará.

Otro ejemplo, quizá más claro. Yo puedo participar en una carrera popular, solo por el placer de hacer deporte, solo por PARTICIPAR. Pero cuando por fin en el kilometro veinte consigo alcanzar a Rodriguez mi compañero de oficina, un pringao como la copa del pino y al rebasarlo le dedico una afectuosa peineta la satisfacción que siento vale más que una medalla o que un podio. Eso, también es competir, aunque Rodriguez no lo sepa.

En realidad la frontera entre participar y competir es muy sutil y no la fija una medalla sino nosotros mismos.

Volviendo a la playa y a los dos hermanos, se puede dar la desagradable circunstancia, desagradable para uno de ellos,  de que solo haya un primero. Porque aunque se diera el caso de que llegasen juntos, ellos no estarian de acuerdo, porque :  ” el primero he sido yo, él se ha tirado” o “ha hecho trampa” o sencillamente “ese es un capullo”. En cualquier caso, dure lo dure la discusión al final uno se sabrá ganador y el otro se sentirá perdedor.

En esos casos, cuando la niña en el festival de patinaje cae en el ultimo salto; cuando el niño falla el saque y estrella la pelota en la red, cuando el equipo de futbol de los gemelos pierde por 14 a cero,  en esos casos lo único importante para el niño, independientemente de lo que digan, el papa, la abuelita, el maestro, el entrenador o la psicopedagoga; lo único importante para el niño es que él sabrá que ha perdido y esa es una oportunidad que no podemos dejar pasar, la de enseñar a nuestros hijos a perder.

Una de las asignaturas más dificiles y más importantes de nuestra vida presente y futura, aprender a perder, algo que solo puedes aprender cuando intentas ganar.

Perder, nos da la oportunidad de aprender a analizar los errores cometidos y  cambiar las estrategias. Perder nos ayuda a observar nuestro entorno y conocer mejor a los que son o pueden ser nuestros rivales o nuestros aliados.

La vida es así hay que aprender a manejar las herramientas necesarias para conseguir nuestro objetivo, que lo vistas como lo vistas siempre es el mismo, ganar.

Tiene razón mi amigo cuando dice que “Educar a nuestros hijos en la no competitividad es enfrentarlos a una derrota segura”

Si quieres que tus hijos,  vivan en un mundo ideal donde no haya competencia  y todo sea  de color de rosa, para las niñas y azul para los niños, donde los malos siempre sean los demàs, donde la culpa nunca sea suya; entonces mejor no los apuntes a futbol, ni a karate, ni a ballet, y menos a violín, por dios  ni te imaginas la competencia que puede haber en un clase de tuba.

En realidad si no quieres que tus hijos compitan, si quieres que sean algo así como un reload en pequeño de los hippies de los setenta sin porros, obviamente, con muchas florecitas y mucho amor, entonces lo siento por ti pero ese mundo no existe.

A ese de la foto le costó mucho romper una tabla de madera, muchas veces pensé que me había equivocado y que lo mejor era borrarlo de taekwondo.  entonces era tan delgado y aparentemente tan frágil.

Pero él insistió, una vez y otra,  y otra más, hasta que un día lo consiguió.

 

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Participar o Ganar? Ganar!
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