El ataque de la brocha mutante

Hacía tiempo que no me daba un arrebato como el de este fin de semana.

A pesar de mis buenos propósitos de dejar eso del bricolaje para el pasado, lo cierto es que este verano me lo he pasado… iba a decir taladro en mano, pero no es verdad porque taladro lo que se dice taladro no lo he cogido hasta esta semana. 

He tenido que buscar en mi propio blog para localizar alguna imagen de como era mi , llamemoslo, despacho hace un tiempo. ¡Por Dios! casi me asusto, si el entorno es reflejo de lo que somos  y por ende los cambios en el entorno un sintoma de cosas más profundas. Casi que me voy al psiquiatra, porque esta era la pinta que hacía en mayo de 2009 mi “despacho”.

No, no sufría eso del Diógenes, pero qué queréis soy aficionada a mil cosas y encima a mi familia durante un tiempo le dio por llenarme la casa de peluches, todos simpaticos, todos encantadores, todos llenos de polvo, porque pocas cosas hay que acumulen tanto polvo como los peluches; salvo quizás mis perros.

Desde entonces la cosa, se fue aligerando, de repente algún mueble empezaba el viaje de no retorno al garaje o al trastero y de allí al camión de voluminosos. Este año con la llegada del Mac se produjo un notable cambio, desaparecieron cables; la cadena de musica se fue a la guarderia de una amiga pero algo seguía fallando, habían demasiadas cosas en las paredes; en parte porque tras cada foto, cuadro  o lo que fuera se ocultaba un agujero ya inútil, un desconchada.  Por no hablar del radiador . Vamos que aquel espacio pedía a gritos una manita de pintura. 

Y en esto he estado desde el viernes a las 15.30 cuando empecé a mobilizar el piano. Hasta esta tarde a eso de las siete cuando he dado por terminada la faena. Debo aclarar que en este lapso de tiempo he atendido las necesidades más perentorias de la familia a saber; cena, desayuno, comida, cena, desayuno,  (la comida de hoy no  pero casi), lavadora, etc etc… vamos lo normal.

Queda alguna cosilla por “archivar” pero considero que la cosa ya está presentable.  Digo yo que no está nada mal, para que os hagáis una idea de todo lo que había en las paredes os diré que me han sobrado algo así como 38 alcayatas, ahí es ná.