Vivir con miedo – El guantazo

Últimamente, desde hace ya demasiado tiempo de tanto en tanto tengo una sensación de “dejà vu”.
Cuando yo era una cría este país era bastante distinto. En Madrid vivía un gallego bajito y con malas pulgas que ya estaba mayor el hombre, pero es igual porque él estuvo hasta el final dando guerra.
Recuerdo que en el colegio una vez, una profesora de labores, que todas eran de la Sección femenina, dijo algo así como que Franco era el padre de todos.Fuerte ¿eh?.
Padres los hay de muchos tipos, cariñosos, sacrificados, comprensivos pero también los hay que a la que te descuidas te pegan un guantazo que te quedas tieso (de esos ahora hay menos pero haberlos haylos) Bueno Pues si Franco era “mi padre”, en la parte proporcional que me tocase, seguro que era de esos.
Los “guantazos” quieras o no son ejemplarizantes, lo que no implica que ese “ejemplo” tenga que ser  necesariamente bueno, quiero decir que si Juanito recibe un guantazo, todos sus amiguitos saben que mañana pueden ser ellos los receptores.
Eso genera un sentimiento de “cuidado que…”
Ya sé que la comparación con la época de Franco es muy bestia pero yo a lo que voy es a la sensación esa de “cuidado que te la vas a ganar”.
Era yo muy pequeña cuando en los veranos, la familia cargaba con todos los trastos: nevera de hielo, parasol, toldillo para poner en el parasol y cambiarse dentro; sillas, mesita, cesta para el picnic (una palabra que entonces no existía. Allí estábamos toda la familia en una calita cerca de Sant Pol que queda así como hundida, bastante por debajo del nivel de la carretera, cuando de tanto en tanto arriba aparecían dos figuras siniestras a más no poder; porque de qué otra manera puedes calificar a dos sujetos que en pleno verano pasean al sol con tricornio y capote verde y encima armados. Cuando esto sucedía, que era muy a menudo, en la playa se hacía el silencio. Vale que no había tanta gente como ahora pero se notaba mucho, yo lo notaba y era una cría. La gente tenía miedo al guantazo y ya no se sentía tan libre para correr, gritar, tirarse al agua de bomba o soltar algún taco.
La gente no se sentía libre, porque tenía miedo, y el miedo y la libertad suelen ir caminos distintos.
Esta mañana he salido de casa con prisas sin tiempo de desayunar. He cogido una magdalena al vuelo porque sino me desmayo y con la magdalena en la boca he arrancado el coche. Bueno pues justo al salir de casa me encuentro un coche de los mossos d’esquadra (lo que en otros sitios es la guardia de tráfico) . Aun no sé como no he muerto cuando en un complicado ejercicio aspirativo me he metido toda la magdalena en la boca sin soltar el volante.
¿Porqué he cometido semejante imprudencia? no por lo del volante sino porque casi me ahogo. Pues porque si me llegan a ver me podrían haber multado.
Después de años aguantado y sufriendo la pantochada esa de los 80 km por hora en autopista, que si para algo sirvió fue para recaudar dinero a espuertas; cuando por fin habíamos recuperado los 120, no en todo el recorrido solo en un trozo, (no sea que nos viciemos) de repente aparece un iluminado y ahora a toma castaña a 110. Una nueva norma, con su correspondiente sanción.
Seguro que se os ocurren muchos ejemplos unos más defendibles que otros, la mayoría discutibles pero en cualquier caso son normas y más normas, leyes decretos, ordenanzas. Me suena que en derecho esta, a mi personal entender, excesiva legislación de la sociedad tiene un nombre, pero es igual el nombre que se le de.
Yo creo, siempre como opinión personal, que en el camino hacia sociedad hipercontroladora y superprotectora amén de sancionadora a la que nos están llevando los políticos hemos perdido, o dejado perder buena parte del equipaje.
Hemos perdido algo tan importante para nuestra propia educación como es el derecho a equivocarnos.

Niño no toques eso que te puedes hacer daño
ay! bua!!!!
Te lo avisé

Así hemos aprendido infinidad de cosas en realidad hemos aprendido a vivir y a sobrevivir.
Los científicos a su manera, más sofisticada por supuesto, llevan siglos siguiendo el principio, “pruebo, me equivoco; vuelvo a probar y quizá acierto”.
Pero es que además nos estamos acostumbrando tanto a que todo esté reglamentado que cuando una cosa no lo está resulta que somos incapaces de utilizar esa herramienta básica para la convivencia que es el sentido común, aquel que como decían las monjitas de mi colegio “es el menos común de los sentidos” . Y a fe que tenían razón.

4 comentarios

  1. Es una triste lástima, pero vivimos en un país guardería. Y cada vez mas. Es terrible.

  2. Niña! que ya me estaba entrando el mono. bueno espero que no te “atasques” más y no me dejes una semana con otra coca, que buena pinta hacía pero leñe cada día viendo la misma coca.
    Un saludo wapa y como ha dicho antes Paco tienes toda la razón lo de la seccion femenina…. jo jo mi mujer aun se rie ella también tenía clase de labores

  3. Author

    Bueno, no siempre tengo razón, sería muy aburrido. Y muchas veces aunque la tenga no me la dan. ja! ja! hijos….
    Ahora en serio estoy bastante cansada de esto, y lo más preocupante es que empiezo a notar como un gusanillo de rebeldia me crece en plan alien, cualquier dia me compro un puro me lo fumo en lapuerta de un colegio y después salgo corriendo a toda castaña con mi utilitario. Lo de beber no, porque solo bebo coca-cola:
    Un placer saludarte.

  4. Me alegro que hayas vuelto a escribir y espero que haya ido todo bien.
    Como siempre me parece que tienes toda la razón, tanto en el sentido de la pérdida de libertad como en el exceso de normativa.
    La tendencia natural de la gente es a cumplir las normas que tienen sentido y a incumplir las que no lo tienen como esta de los 110 por eso amenazan con la sanción.
    Repito, me alegro de volverte a leer.

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