Anna Bolena – Cuando el árbol no deja ver el bosque

Ayer noche tocaba Anna Bolena, era mi turno de abono. Ya de entrada digo que una Anna Bolena dos días después de Parsifal no es una buena idea. No es que fuera de novata conozco ambas óperas, estuve en el ensayo de Anna Bolena y por eso ya sabía antes de empezar que sufriría de abstinencia musical; ayer me faltaba música por todas partes. Todas las comparaciones son odiosas y comparar Donizetti con Wagner es como poco absurdo, son amores distintos. Pero me faltaba música.

Tenía ganas de ver otra vez Anna Bolena,  primero porque en el ensayo Bros no cantó, estaba indispuesto,  después porque me quedé con ganas de más Garanca y finalmente porque ayer hubo un cambio de reparto y Simon Orfila, un cantante que me cae muy pero que muy bien porque es una persona encantadora asumía el rol Enrico en substitución de Carlo Colombara…. ¿? ¿eh? ¿ah? ¿Y la Gruberova?

Sí si, ya lo sé, ayer cantaba Edita Gruberova, gran cantante donde las haya con una extensa cohorte de seguidores, al menos aquí en el Liceu.

Intentaré explicarme lo mejor posible sin ánimo de herir susceptibilidades que en este mundo operísitco las hay a montones y  siempre dentro del estricto ámbito de la opinión personal. Como ya llevo unos años en esto de la ópera he tenido la oportunidad de asistir a verdaderos hitos operísticos salidos de la prodigiosa garganta de  esta cantante, a la que hay que sumar una magnifica escuela y un buen desarrollo de su ya larga carrera profesional. Eso le ha permitido llegar hasta el momento presente con unas buenas condiciones que le permiten aun afrontar papeles como el de anoche, no es la Gruberova de hace 10 o 15 años,  pero bueno yo tampoco, ella sigue cantando mejor,  que yo eso por supuesto y que un nomton de cantantes también.  No digo para nada que esté para jubilarse, Gruberova tiene cuerda para rato  y en el momento en que ahora se encuentra su carrera profesional pues lo que ha de hacer, creo yo,  es ir adaptando progresivamente su repertorio a sus condiciones del momento,  lo normal, o lo que debiera ser normal. Yo soy de los que opinan que el mejor colofon para una gran carrera es saber poner el punto final, como decía hace unos días Plácido Domingo  “cantaré, ni un día menos de los que pueda, ni uno más de los que deba” o algo parecido.

Pero hoy yo no quería hablar sobre Gruberova, de si estuvo mejor o peor, si dio la nota o no la dió, yo en realidad hoy quería hablar del público. Aunque lo merecería no voy a hablar de mi vecina de abono que se pasó la ópera enviando mensajitos en el móvil cosa que no tendría importancia sino fuera porque era un Iphone o lo que es lo mismo un foco encendido al lado. Yo quería hablar de los mitos o los mitómanos.

En la ópera es fàcil generar el mito, todos los aficionados a la ópera tenemos en nuestro curriculum ESA NOCHE, puede ser cualquier ópera pero hay un día que de repente descubres que hay una cosa que se llama ópera capaz de generar unas emociones que  dificilmente habías sentido antes, esas emociones se vehiculan a través de un interpréte. A partir de ese momento lo quieras o no, ese cantante forma parte de tu vida. Y un poco esa es la cuestión, como cuan grande es el espacio que en tu vida ocupa “esa” parte y hasta que punto afecta a los demás

Ayer cuando Gruberova entró en escena, fue recibida con un estruendoso aplauso y los bravos correspondientes, esto es algo que por respeto o admiración al cantante  es frecuente que ocurra en los recitales, pero en una ópera  (insisito es opinión personal) raya la falta de respeto. Falta de respeto a la obra en general, a la orquesta pero sobretodo a los otros cantantes. Ayer en el teatro había muchisima gente que había venido por y para la Gruberova pero sobre el escenario habían más personas.

Creo que el título de este post no era el más adecuado quizá debiera dicho algo como: Cuando de tanto mirar el árbol no ves el bosque. Y la ópera es un bosque con muchos árboles.

Ayer había gente en el  teatro que parecía no haberse dado cuenta que lo que se estaba representando sobre el escenario era una ópera,  había un coro, una orquesta, una contralto, había una mezzosoprano que estuvo extraordinaria especialmente en los dos duos, primero con Gruberova y después con Orfila. La aplaudieron si, hasta tuvo sus bravos, menos de los que merecía porque ellos habían ido allí a ver a Gruberova.

Orfila en el papel de Enrico y especialmente en el duo con Garanca estuvo magnífico fue aplaudido, pero menos de lo que merecía porque claro..  aquí hoy lo que importa es Gruberova… frase esta que ayer escuché en distintas versiones por los pasillos. Pero es que ayer también había un tenor, un tenor ligero como corresponde al papel, un tesitura vocal que no es mi favorita pero a la que le reconozco su valor y su riesgo. Este tipo de tenores  andan siempre por la cuerda floja, siempre en el límite del peligro.  Una minúscula mucosidad inoportuna que en un tenor dramático podría pasar desapercibida en un tenor ligero puede suponer un drama. 

No sé si fue este el caso, el hecho es que Josep Bros ayer estaba cantando muy bien pero cuando atacó su última aria algo pasó, ya en las primeras notas su voz falló, no falló la nota, falló la voz, algo que quizá con una tos se habría resuelto, pero él estaba en escena y toser no estaba en el guión, siguió como pudo.

Bros ayer tuvo un problema, algo que le puede pasar a cualquiera sea cual sea su profesión el problema es que él es cantante y fue abucheado por un sector del público, más o menos el mismo que había ido a otra cosa.

Fallar un día, sea cual sea la causa, poco tiene que ver con la capacidad de trabajo, la seriedad profesional y la valía personal que Josep Bros hace años viene demostrando.

Hay muy pocas cosas merecedoras de un abucheo,  y pocas veces es el cantante. Si el cantante no da la talla para el papel o para el teatro, a quién hay que abuchear es a quién lo contrató, no al cantante.  Se puede criticar o castigar con el silencio al cantante que por meterse en camisa de once varas falla nota. Pero al cantante que està sufriendo un mal rato, que debió de ser horrible, a esa persona por educación y respeto no se le abuchea. Por suerte fueron minoria  pero se les oía mucho.

Espero que esos mitómanos que sacaron sus pancartas y llenaros el foso de orquesta de papeles de colores y flores disfrutasen de su gran noche, para mi fue una noche agridulce.  Disfruté con Garança, me sentí orgullosa por Orfila que sinceramente espero tenga un gran carrera y me sentí mal por Bros un cantante que puede que  nunca esté en los niveles de fama y relumbron mediático de otros, un cantante que antetodo es un profesional, un profesional con una bella voz como otros muchos, sin los cuales la ópera no existiría.

La fotografia de Simon Orfila  es de Antoni Bofill

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5 Comments

  1. Author

    M’agrada que us agradés la visita i la post-visita la vaig trobar molt gratificant. Va ser un plaer, la resta ja ho varem comentar i com dius crec que estavem força d’acord. fins la propera.

  2. Author

    Jo encara estic enparsifalada…. I discrepo gairebé totalment de l’Alier em va agradar moltíssim.
    petonets

  3. Si, tens raò las comparacions son odiosas, però en aquest cas no. Perquè Donizetti feia òpera i Wagner en el Parsifal el que va fer com ell mateix ho deia….es un “festival escènic sagrat”. no es pot comparar es un altre dimensiò.
    Desde Lladorre i amb una enveja “insana” per no poder asistir al Parsifal…..
    una forta abraçada.

  4. Hola Estrella,
    Tal i com ja vam comentar ahir, després de la magnífica visita que ens vas fer pel nostre teatre, ni el Bros es mereixia “buuuuus” ni la Garanca o l’Orfila els pocs aplaudiments en relació amb els que va merèixer la seva actuació. També estic totalment d’acord amb el títol del post, crec que reflecteix molt be el que va passar divendres.
    Una abraçada i fins la propera


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