Haciendo el turista

Durante un largo periodo de tiempo,  mi vida estuvo estrechamente vinculada la montaña de Montjuic. Crecí en una sus laderas en el barrio de “el Poble Sec”. Por aquel entonces la zona que actualmente ocupan las instalaciones olímpicas, era una pequeña ciudad de barracas rodeada por un vertedero de basuras y por el fantasma del viejo estadio, que por aquel tiempo no podía imaginar la gloria que el futuro le reservaba.
En las viejas instalaciones del club natación Montjuic aprendí a nadar. Años después, aquella vetusta piscina fue substituida por, a mi parecer, la instalación más espectacular de aquellas ya lejanas olimpiadas que tenía como telón de fondo la ciudad, dando lugar a imágenes de sorprendente belleza.
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Corona la montaña el castillo de larga y controvertida historia. Un lugar que he visitado muchas veces a lo largo de mi vida, pero hasta el domingo pasado hacía mucho que no subía.
El domingo me levanté con espíritu de turista, cogí la máquina y para allà que nos fuimos mi marido y yo. No había mucha gente, casi todos turistas. Los accesos estaban afectados por un sin fin de obras, que al parecer llevan mucho tiempo en curso,  porque la madreselva se había adueñado de las vallas.

Allí en lo más alto del castillo, mientras enfocaba la cámara al infinito,  no pude dejar de pensar en lo afortunada que es mi ciudad por tener un mirador semejante.
Es una pena que la mayor parte de los turistas que nos visitan se limiten a: Sagrada Familia, Casa Batlló (solo una foto desde el exterior) Parque Guell Sagrada Familia, Corte Inglés y otra vez al autobús y de vuelta al hotel.
Si visitáis Barcelona no dejéis de subir al castillo.

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fotografia olimpiadas: Simon Bruty /Allsport