Buff! qué calor

image-8Esta mañana la he pasado de parking en parking realizando diversas gestiones, hay que decir que en Barcelona no se puede aparcar sino es pagando.
A eso de la una, bajo un sol de justicia, me dirigia a mi último destino una oficina bancaria. Allí me ha recibido la directora de la agencia.
¡Hola! qué tal cómo estas? me ha dicho con una familiaridad fuera de lugar porque en 10 años solo habremos hablado en unas tres ocasiones a cinco minutos cada vez, total un cuarto de hora. Dicho de otra manera que mi relación con ella no era tan personal cómo para hablarle de mis hijos o de algún viaje que tenga en proyecto. Por eso mi respuesta ha sido un impersonal y en principio nada comprometedor…
Buff! ¡Qué calor!
Dios lo que he dicho.
Inmediatamente mi interlocutora toma asiento abre un cajón de su mesa de donde saca un abanico de proporciones, a mi modo de ver, gigantescas y empieza a agitarlo poniendo en ello un empeño, un ritmo y unas ganas que por un momento mi mente me ha jugado una mala pasada.
Querida, me dice estableciendo un vínculo personal que yo en modo alguno había propiciado, creo.
Esto de los sofocos es horroroso. En fin que te voy a contar.
Pero es que me lo ha contado, me lo ha contado todo con pelos y señales.
Cómo el sofoco le subía del estomago hasta las mejillas, lo seca que tenía ahora la piel y más cosas… por las que yo no sentía el menor interés, cómo tampoco lo tenía por saber cómo llevaban su marido, hijos y nueras lo de convivir con una menopáusica.
es horrible, pero bueno eso tu ya lo sabes.
Pues no, he dicho de repente en un acto de pura rebeldía, porque a santo de qué esa mujer establecía estos paralelismos entre ella y yo.
A pesar de las apariencias no descarto que tengamos más o menos la misma edad, pero así de entrada lo que a ella le falta de alto le sobra de ancho. Ni loca me pondría yo unas piedras enganchadas en la oreja para equilibrar no sé que historia de las hormonas, ni iría dos veces por semana al acupuntor para recuperar el equilibrio emocional, ni mucho menos me comería un preparado de soja delante de una clienta.
Decididamente ella y yo no teníamos nada en común, porque en el momento de entrar en esa oficina yo tenía calor sí y mucho pero no sofocos. Ahora bien al cabo de media hora después de que me enseñase el parche de la cintura y justo cuando se disponía a entrar en detalles respecto de su vida o su no vida sexual, yo estaba sofocada, tanto que he cancelado la cuenta.
¡Ah!, por cierto si algún día llego a sentir los famosos sofocos y resultan realmente molestos se lo diré a mi ginecóloga que es la que sabe lo que hay que hacer.

¿tienes algo que decir?