Oiga, que a mi me han pitado en…

BUU EN EL MET
Esta mañana mi hija me ha mandado un enlace a un artículo del Wall Street Journal que lleva por título Why not boo?, o lo que viene a ser lo mismo (Porqué no abuchear? o Abuchear porque no?).  En él que se habla de esto.

Leyendo el artículo de Terry Teachout, con mi Ingles de andar por casa, no me ha quedado del  todo claro si desde su punto de vista lo más preocupante era la controvertida puesta en escena de Mary Zimmerman o  que el conservador público del Metropolitan abucheara cosa que no se estila/estilaba por esos lares.
En realidad tampoco me preocupa mucho, eso de abuchear aquí no es tan raro.

Para bien y para mal el Liceu es un teatro que se sitúa a la vanguardia en lo que producciones innovadores se refiere. Por supuesto no todas tienen la misma acogida, por  ejemplo este Otello fue muy discutido más que nada por aburrido. Lo que ven en el video fue todo, de tanto en tanto un cambio de luces, en vez de la cruz había un arbolito y poca cosa. Total que un escenario de 15 por 16 metros quedaba reducido a eso.

Algunos montajes nacen para polémica como el controvertido Lohengrin firmado por Konwitschny en el que los cantantes aparecían vestidos de colegiales. En mi opinión ese detalle fue el detonante de las grandes broncas que acompañaron todas las representaciones.

Llamenmé rara pero a mi me gusto, básicamente porque delantales a parte la puesta en escena era fiel a la narración y absolutamente respetuosa con el trabajo de los cantantes.
BUU EN EL MET
Cosa que no sucedía en este otro caso Don Carlos también firmado por Konwitschny.

Este video corresponde a la Opera de Viena pero el montaje es el mismo que vi en el Liceu. Esa supuesta entrada de famosos, en este caso Felipe II rey de España y compañia,  formaba parte del montaje y yo no tendría nada que objetar sino fuera porque esa tan estelar entrada se producía en escena a telón abierto y con el público aun ausente de sus butacas, el coro se desgañitaba intentaba hacerse oir en el maravilloso pasaje del Auto de Fe, que cuando te lo dejan escuchar suena así de bien.

En mi opinión personal el problema es que a veces “el creador” pone tanto empeño en poner su sello personal que al final todo es tan personal que allí no hay quien pueda seguir el argumento y a veces ni tan siquiera  escuchar la música.

La primera vez que el tan traído y llevado Don Giovanni de Calixto Bieito (sí lo he visto más de una vez, para criticar hay que conocer) Doña Anna hubo de ser subsituida porque en el lanzamiento de basuras previo a esta escena recibió el impacto de un proyectil en plena cara.
Pero quizá este otro video resumen de otro incunable de Bieito “Madama Butterfly” sea más claro exponente de su estilo.

Por cierto a ver si alguién puede decirme quién es ese al que estrangulan, porque hasta la fecha no conocía este pasaje.
Hay que innovar dicen algunos.
El problema es que para determinados directores de escena innovar es sinónimo de sexo, desnudos, basura y obligar a los cantantes a adoptar posiciones cercanas al kamasutra, lo que al final acaba siendo igual de aburrido y monótono que los miriñaques, sino más.

Y todo porque para ellos lo más importante es la puesta en escen, mejor dicho “su puesta en escena”, y están tan orgullosos de su trabajo que cuando los abuchean en un teatro lo consideran una confirmación de su buen hacer o lo que es lo mismo una manifestación clara de la supina ignorancia del público.
Roger Alier, critico de la Vanguardia y una de las personas que más saben de ópera no aquí sino en el mundo, suele poner el ejemplo de “aquel” imaginario director de escena que en su carta de presentación da como mejor argumento:
… Oiga que a mi me han pitado en ….
Imaginario pero posible.

Cómo dice mi suegra a veces lo mejor es callar y no regresar.
Por otra parte como me dijo un dia Joan Matabosch director artístico del Liceu.
Cuando ponemos una de Bieito viene prensa del mundo entero.
En fin que siempre nos quedará la música y de esa sonada Sonnambula del Met yo me quedo con esto.
Hasta mañana

Las fotografías que ilustran este post son obra de Antoni Bofill fotógrafo del Gran Teatre del Liceu


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