Qué bonita es Barcelona

Bonita y luminosa.

Desde mi regreso de allende los mares aun no había “bajado”, cómo decimos por aquí a l centro,  y aún tenía viva en la retina la imagen de sus altos edificios, esos  que no dejan pasar el sol y que volvían loco el fotómetro de la cámara.

Por eso esta mañana cuando enfilaba las Ramblas  camino del Liceu, Barcelona me ha parecido una ciudad cálida, luminosa; vamos que me he sentido un poco turista. Resultaba tan agradable caminar por esas Ramblas mañaneras que he pasado por alto el grupo de mujeres que seguían a corta distancia los pasos de un caballero, engalanado con relucientes joyas, que según iba subiendo por la Rambla las iba distribuyendo por las distintas bocacalles hacia sus puestos de trabajo, donde se pasarían el día asaltando a los transeúntes con la mano extendida y el niño colgando bajo el brazo a la demanda de limosna. Todo eso se supone que no se puede hacer pero los que han de controlarlo, llegan más tarde.
Hoy hacía un día primaveral casi veraniego, la castañera que desde siempre tiene la parada delante del Palau Moia ni tan siquiera se ha molestado en encender el fuego. ¿para qué? si a las ocho y media de la mañana el termómetro marcaba ya 21 grados.

Al salir del teatro me he metido directamente en el metro, hoy tenía que resolver varios asuntos que me obligaban a cruzar por dos veces la ciudad de extremo a extremo y en estos casos, nada mejor que el metro.

No soy experta en transportes públicos subterráneos pero he tenido el gusto o disgusto, según la ocasión ,de utilizar el Metro de Madrid, Paris, Roma, Milán, Londres y recientemente el de Nueva York. Bueno pues  dejando al margen la extensión de las líneas y fijándome solo en el confort, es decir, asientos en los andenes, climatización, etc ; información: paneles, televisión, etc.; estética: colores, anuncios, iluminación y también, porqué no, en sus habitantes es decir empleados de seguridad (perro incluido), músicos, usuarios y homeless.

Pues fijándome en todos estos aspectos, y tomando como base mi muy personal criterio ,el ranking sería el siguiente:

En primer lugar Barcelona, seguida muy de cerca por Paris, en clara competencia con Londres, Madrid pisándoles los talones, seguirían los italianos a cual peor y  en último lugar, completamente descolgado del pelotón, New York y conste que solo he estado en las estaciones teóricamente más presentables.

En cualquier estación estación se podría filmar una película de Bogart  de aquello que se conoce como cine negro, sin más complicación que sacar los anuncios de Apple y echar unas cuantas colillas por el suelo. Porque aquello está tal cual se ve en las películas, en las de ahora y en las de hace treinta años.

Sabido es que el concepto servicio público de los americanos no es cómo el europeo, pero una manita de pintura, una pasadita con la escoba  y una comprobación acerca del estado físico de algún homeless, mas que nada por saber si aún respira,  sería de agradecer.

En fin que para quien no haya estado por esos lares, o para los que sí han estado pero no se han atrevido a entrar valgan a modo de documento las fotografías que ilustran este comentario. La primera era la más presentable.
Ah! me olvidaba, de accesos adaptados a personas con disminución, nada de nada. Por suerte el metro va, por lo general, tan a ras de suelo que no han de bajar muchas escaleras.

Quizá debiera hacer constar que en el ranking excluyo la estación de Renfe de Plaza de Catalunya, en el más puro estilo New York, salvo porque la de aquí, al menos tiene ascensores.
Hasta mañana.

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