Mi New York

Esta mañana he desempolvado un atlas que hace años duerme el sueño de los justos en el estante más alto de la biblioteca y salvo una, hasta ahora para mí desconocida, New York Mills en el estado de Minessota, he comprobado que New York no hay más que una, la ciudad a la que parece ser todo el mundo ha ido, excepto yo (hasta hace unos días).

A Nueva York han ido, por ejemplo, Enric, mi lampista de cabecera 2 veces, Pepi la matapollos 4, Esther 1, el mecánico de mi hermano estuvo el mes pasado, Maria Jose y Marc en incontables ocasiones y, por no alargarme, el mozo del almacen de materiales de construcción que ha ido dos veces veces una con su novio otra con su madre.
Todos ellos bien fuera porque yo se lo había comentado o porque lo han leído en la web estaban al corriente de mi periplo transatlántico. Y a la pregunta de ¿Qué tal por New York? , y a la vista de sus expresiones post comentario he llegado a la conclusión de que no hemos estado en la misma ciudad.
… Pero cómo puedes decir que  New York huele mal…
(lo de poner New York y no Nueva York es porque según parece cuando has estado allí ya tienes el doctorado en inglés y te puedes permitir el lujo de emplear la  fonética inglesa)
Bueno pues qué quieren que les diga New York y muy especialmente la zona cercana a Wall Street huele mal o no, según gustos alimentarios, porque personalmente la cebolla y el falafel no son platos de mi devoción menos cuando te los encuentras en cada esquina, en los consabidos carritos. Y no hay uno, sino  que fácilmente te puedes encontrar dos, tres y hasta cinco por esquina. Lamentablemente los cruces suelen tener cuatro esquinas.

¿Te habrás comprado mucha ropa?
Pues no. Porque unas botas (me dolían los pies) y un total de tres polos para cubrir el expediente con los hombres de la casa, para mí no es comprar mucha ropa.
Con la calculadora en la mano el ahorro que supone el cambio de moneda, no justifica en modo alguno el más que probable coste en sobrepeso en el pasaje. Claro que depende de qué ropa vas a comprar, porque si estamos hablando de un modelito de Chanel entonces sí, supongo que entonces sí que al cambio la cosa sale a cuenta y mucho. Pero ese no es mi caso
.. Allí es todo tan grande… (frase rematada con un profundo suspiro de añoranza)
Tampoco.
Lo que sí que son grandes son los inodoros, en proporción directa a las dimensiones medias de sus usuarios potenciales. Las casas también son muy grandes siempre que por casa entendamos edificio corporativo en sentido vertical, léase rascacielos.
Supongo que los apartamentos de Park Avenue, esos que se ven en las películas con un toldito delante, alfombra y can cerbero en la puerta, esos sí que deben ser grandes como lo son aquí los pisos de la Avenida de Pedralbes, pero el apartamento que la amiga de mi hija tiene alquilado y que ha de compartir con las consabidas cucarachas, plaga neoyorquina por excelencia, pues como que no, porque para cenar tienen que apartar la maleta.
…Huy pero las calles…
Ja!. como una imagen vale más que mil palabras valga las siguientes que no han visto Photoshop para nada.

Wall Street, sí la calle esa tan famosa. La bolsa está recto la primera a la derecha.

Quinta avenida, delante de la tienda de Zara, casualmente ese día cortada al tráfico. Cinco carriles cinco, no mucho más grandes que los de aquí más dos aceras tamaño calle Pelayo, total la Calle Balmes, eso sí con edificios de 30, 40 o 60 pisos lo que de la grúa y los operarios.
Y hablando de operarios, porque en vista de la falta de “tochos” no me atrevo a llamarlos albañiles. Allí todo va a base de hierro, planchas de aluminio y pladur. Esos sí que me llamaron la atención, no porque mantuvieran parecido alguno con aquel famoso anuncio de Cocacola Light (por cierto la cocacola americana malísima) ni con calendario alguno.
Los autenticos, los que se suben a los andamios, que los hay montones, son más bien tipo marido Roseanne , ¿recuerdan la serie?, el marido es el mismo que después hizo Los picapiedra (The Flistones).
Lo que me llamó la atención fue lo bien pertrechados que iban todos, con su arnés, casco, herramientas al cinto, guantes, gafas de seguridad, un autentico arsenal preventivo colgando de la cintura.
Mi primer pensamiento fue ¡Caray! Estos si que son responsables y conscientes de los riesgos que comporta su oficio... Pero a la vista del cartelito que encontré en la quinta avenida a pie de obra, empiezo a pensar que tanto celo y profesionalidad se debe a otros motivos más ligados con la cosa monetaria.

Hasta mañana