Crónica de cercanías – el regreso

Pues cómo ayer les decía, el miércoles reanudé mi actividad liceísta y cómo es normal en estas circunstancias y fechas se produjeron los normales reencuentros …. Oye, tú te has engordado ¿Verdad?…. Qué morena estas. Huy, vigila que te empiezan a salir manchas a nuestra edad, esas cosas hay que vigilarlas... Será a la tuya de edad.

La visita fue como siempre un grupo de personas que salieron del Liceo directos a la farmacia, porque servidora habla bien, modestia aparte, pero sobretodo  habla mucho y muy aprisa. (son 161 años de historia en una hora justita)

Ya de vuelta, como siempre,  me di una vueltecita por la rambla, pasé revista a las estatuas, humanas ahora hay uno nuevo  que tiene un maniquí sin cabeza puesto en una silla con el cuello sangrante  mientras el saca la cabeza también, al más puro estilo San Juan Bautista, y el saca la cabeza, por un agujero practicado sobre una mesa camilla, con lo que el pájaro se pasa el día sentado, no como mi amiga la pavo real, o la Diosa Isis que apechugan de pie, a pleno sol y con maquillaje, cómo está mandado. Tras un breve cálculo estimativo sobre el tiempo medio de espera para el bus turístico, ¡Hala! para el agujero.

La estación de Renfe en Plaza Catalunya es una de las experiencias más agobiantes que vivir se pueda, la temperatura media raya el punto de ebullición los andenes son absolutamente insuficientes para la gente que allí se acumula sea o no hora punta y la verdad a día de hoy aun me pregunto como no han habido suicidios colectivos o caídas a la vía (haberlas seguro que las ha habido, eso lo doy por supuesto, otra cosa es las consecuencias)

Como he dicho septiembre es mes de reencuentros y por eso al ver a mi “amigo”…. Perdonen que les moleste soy parapléjico y sufro ataques epilépticos ...  casi salto de mi asiento para preguntarle donde había conseguido tan impactante bronceado. Pero el hombre tenía tanta prisa que cuando he querido reaccionar ya estaba en el siguiente vagón.

En la estación del Clot he cogido el teléfono con la intención de, al salir del túnel,  llamar a mi hermano, (entre Arco de Triunfo y Clot no hay cobertura). Con estas que aparece un sujeto con un sospechoso bulto sobre el estómago cubierto con un trapo negro.

¡HORROR!

Desde muy pequeña les he tenido manía a los payasos de la cara blanca, ya saben el del sombrerito cónico y el acordeón colgando.  Por eso el día, años ha, que mi cuñado el de la thermomix se presentó en casa con un acordeón, con la malsana intención de amenizar la comida navidera, quise morir, fundirme o teletransportarme, todo fuera por eludir aquella tortura. Odio el acordeón sobre todo cuando te lo ponen en la oreja y encima el instrumentista canta canciones de Armando Manzanero. Tres, canciones, tres, como en los toros. 5 miuras 5, me he tenido que tragar entre El Clot y Sant Adriá, con mucho el tramo más largo de mi recorrido.

Para ilustrar este post he pensado que era de justicia recordar una de las canciones que , junto a  mi oido, ha perpretado dicho sujeto, pero esta vez en la voz de su creador. Pero como sea que la cosa esta muy achuchá (por fin lo reconocen) os pongo una versión karaoke incorporado, porque con esto y una armónica te puedes sacar un sobresueldo. Pero por favor, no en mi oreja.

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