El 264 aniversario

Ayer hubo fiesta familiar; la primavera, ya se sabe es, desde siempre, una época propicia a los nacimientos y eso, a veces, provoca acumulaciones. Total que ayer celebrabamos 264 años. El problema es que 160 de esos 264 años estaban acumulados en solo tres individuos.

Yo fui una de las supuestas homenajeadas y a pesar de lo que dije en dias anteriores respecto a los regalos a partir de cierta edad, no salí de allí con bufanda alguna. Esta vez la familia optó por los complementos de tipo intelectual en forma de libro, que siempre o casi siempre son de agradecer. Entre los familiares allí presentes estaba, cómo no, mi cuñado el de la thermomix, por cierto que ayer me enteré de que tengo dos cuñados con thermomix, aunque el pan integral sólo lo trajo uno.

Mi cuñado, el de la thermomix, siempre se ha caracterizado por los regalos, digamos curiosos. Normalmente sus regalos acostumbran a precisar de manual de instrucciones, no ya para su utilización, que también, sino para saber qué cara poner al abrir el paquete. Ello se debe en gran medida a que mi cuñado, el de la thermomix es un adicto a Vinçon, aquella antigua ferreteria que hace ya mucho se recicló en templo del diseño y lo cool en el corazón del Paseo de Gracia. De allí salió un artilugio, pretendidamente diseñado, para tostar pan en la chimenea, que pesa un huevo, cosa de la que puedo dar fe porque en más de una ocasión me cayó sobre el pie, ese fue uno de los motivos que lo empujaron al sótano, donde lleva años.

Pero no toda la culpa es de Vinçon, donde personalmente creo que a mi cuñado debieran ponerle una placa que se tiene bien ganada. Lo suyo es un don, la verdad es que tiene una gracia especial para encontrar el regalo adecuado, sirva de ejemplo aquel inolvidable tocho titulado “la ópera en Barcelona – origenes desarrollo y consolidacion de la ópera cómo espectaculo teatral en la barcelona del siglo XVIII” del que en su día ya hablé. Pues ayer mi cuñado se superó.

Aceptando como válidos los estudios que fijan las expectativas de vida de la mujer en España, en una edad cercana a los 85 años, ello significa que en el mejor de los supuestos ya he rebasado la mitad de mi previsible permanencia en este mundo. Pues ante esta realidad, qué cara se supone que has de poner cuando te encuentras en las manos 959 páginas, en forma de libro, bajo el título “1000 sitios que ver antes de morir”.De momento estoy marcando en el índice los lugares que ya he visitado y o me dan una prórroga de 50 años, o me quedo en la pagina 20.

La duda es saber si lo compró antes o después de leer mi articulito sobre la thermomix. en cualquier caso, qué sería de la familia sin cuñados que le dieran un poco de color a la vida. Asi que, muchas gracias. Un petó.