Yo cocino, tú pintas

Hoy ni opera, ni historietas ni dibujitos. Bueno, dibujitos sí, éste que tengo aquí encima que es obra nada más y nada menos que de Álvaro Jimenez Garcia. Un pedazo de artista donde los haya.
Álvaro, es un chavalote guapo que no veas y cariñoso como sólo su madre os sabría explicar.

 

 

 

Él es un adelantado a su tiempo, y por eso cuando llegó hace algo más de cuatro años, se encontró con un mundo que aun no estaba preparado para recibirle, lleno de escaleras, aceras demasiado estrechas, pasos de peatones siempre ocupados por algún coche. “son solo cinco minutos”. Pero es que en esos cinco minutos es precisamente cuando Alvaro ha de pasar por allí.
El mundo que le ha tocado vivir a Álvaro es un mundo apresurado, por eso cuando la furgoneta para en doble fila, todos se ponen muy nerviosos y los ves dentro de sus coches gesticulando, encendiendo el enésimo cigarrillo, o llamando por el móvil
“Juanita, Esto, que llegaré un poco tarde (…) yo que sé.Un imbécil que ha parado en medio de la calle”

Y es que esperar a que el conductor baje de la furgoneta, abra la puerta, saque la plataforma coloque en ella la silla, baje la plataforma, coja la silla y la empuje hasta la acera donde está Paula esperando a su hijo, es demasiado tiempo.“que tal? Como se ha portado?” preguntaría Paula y el conductor le respondería: “Muy bien. Verdad Álvaro? Cuéntale a mamá lo bien que nos lo hemos pasado viniendo del cole?”
Y Álvaro miraría a su madre y su madre le miraría y sonreiría.
Pero todo eso se queda en un mutuo y apresurado “Hasta mañana”, mientras los cláxones pitan y los conductores lanzan el enésimo cigarrillo por la venta
“Juanita, te cuelgo que esto ya arranca…. Desgarcia! Tira palante de una vez!”
Este mundo nuestro anda así a trompicones, intentando sacar tiempo de donde no lo hay, con el simple objeto de crearnos más necesidades, casi siempre inútiles; necesidades que nos obligan a correr y a correr.
De vez en cuando nos ponemos filosóficos y decimos, con pleno convencimiento, que la felicidad está en las pequeñas cosas. Unas pequeñas cosas que como vamos tan aprisa no alcanzamos a ver.
Por eso Álvaro es un adelantado a su tiempo, porque él no corre, ni tan siquiera anda, porque él no tiene prisa para nada. El tiempo para él no existe y para vivir no necesita gran cosa salvo a Paula.
La vida de Alvaro está llena de pequeñas cosas, una mirada, una sonrisa, un beso, un gesto que suena a palabra. Pequeñas cosas que día tras día Paula atesora como grandes trofeos y uno de los más grandes es ese dibujo. Que si queréis podéis admirar en el libro “Yo cocino tu pintas” en el que grandes artistas como Álvaro han tenido la gentileza de participar para así ilustrar las recetas de algunos principiantes, en eso de la cocina, cómo una tal Carme Ruscalleda o una joven promesa llamada Ferran Adrià. Todo organizado por iniciativa de AIS.

 

Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.