A mi modo de ver, hay ciertas edades que por sus especiales características necesitan o necesitarían de un período de adaptación, tal es el caso de los cincuenta, de los que se puede decir cualquier cosa menos que ataquen a traición, porque los cincuenta a diferencia de los treinta o los cuarenta, avisan y de qué manera. Las canas, las arruguitas, ese maldito michelín de la cintura que aunque estés más o menos delgada, él sigue ahí agarrado cual garrapata. Los hijos que no solo ya tienen carné de conducir, sino que pronto se lo tendrán que renovar etc. etc. Resumiendo, un conjunto de pequeños detallesRead More →

Los hay que piensan que las mujeres, en momentos críticos, encontramos una cierta paz espiritual en la peluquería. Permitanme discrepar. Tal vez eso sea cierto cuando hablamos, por ejemplo, de mi antigua vecina, la señora Pepita, que era de ese tipo de mujeres,en vías de extinción ella lamentablemente ya se extinguió, que nunca se lavan el cabello en casa y cada semana, nieve, llueva,  truene o pierda el Barça van a la peluquería a  hacerse aquello que se conoce/conocía como lavar y marcar. Me consta que la señora Pepita, por fotografías que me ha mostrado, lleva el mismo peinado desde hace lo menos cincuenta años; ademásRead More →

Hay cosas que molestan. Por ejemplo ¿a quién no le molesta una piedra en el zapato?, a todo el mune claro y  quién dice un a piedra dice también el chirrido de una tiza sobre una pizarra. Esas son cosas que molestan a todos o a casi todos y nadie se priva de manifestar su desagrado. Pero hay otras cosas que aun molestando a muchos no todos están dispuestos a reconocerlo al menos en público.  Ahora que lo pienso, quizá debiera haber dicho. “hay cosas que  aun molestando a muchos/muchas no todos/todas están dispuestos/dispuestas a reconocerlo al menos en público” una de esas cosas  esRead More →

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