Hace dos años mi familia vivió unas tormentosas vacaciones que tuvieron como colofón la entrada de unos visitantes no deseados en casa, que se llevaron con ellos todo lo que fuera de oro, pero no que lo pareciera, gracias a ellos supe que la pulserita que me regaló (obviaré mencionar su nombre) no era de oro.
En vista que la joyas son caras, suelen tener una fuerta carga emotiva y al final ya ves cómo acabas, me dediqué de lleno a la bisuteria. Siguiendo mi principio vital de si él puede yo también. Me hice con un arsenal de bolitas varias y contando con el asesoramiento de mi hija (una experta en la materia) consegui hacerme con un más que notable llamemoslo “fondo de joyero” (en este caso fondo bisutero). Read the rest of this entry »
Hace un tiempo les hablé de las peleas personales que mantengo con mi nombre, especialmente con su versión infantil, Estrellita, concretamente hice referencia a un viejo vinilo que corría por casa cuando era niña cuyo interprete era Alfredo Kraus.
Hoy gracias a mis hermanos una especie de “urracas” operísticas (dicho esto con todo el cariño) que se pasan media vida fisgoneando en youtube a la caza de incunables musicales, me he reconciliado un poco, solo un poco, con mi nombre.
Porque la verdad es que puesto en boca de Juan Diego Florez no suena igual.
Cuando el 15 de febrero pasado escribí el artículo titulado Estrellita, cometí una grave injusticia al archivarlo en “Tema del día” porque el protagonista de aquel artículo no eramos ni mi nombre, ni mi padre, ni por supuesto yo. E protagonista debiera haber sido Alfredo Kraus.
En los últimos tiempos la figura de Kraus ha crecido ante mi de la mano de alguien que tuvo el honor de conocerle personalmente. Mi amigo Sebastià escuchó a Kraus, no solo en los teatros, sino en su casa, cuando Kraus era aun un principiante que se alojaba en casa de unos amigos y que aprovechaba la acústica del hueco de la escalera para vocalizar.
En aquel tiempo Sebastià era aun un chaval de pantalón corto, él siempre lo recalca para que después digan que las coquetas somos nosotras. Mi amigo escuchaba aquella voz sin tener probablemente una idea clara de la dimensión que ésta llegaría a alcanzar, ni sospechar el impacto que tendría en su propia vida.
Hace un tiempo conseguí la grabación del último recital que Kraus hizo en el Teatro Real de Madrid, el 21 de febrero de 1998, del que el video que adjunto es un fragmento. Por aquel entonces Rosa, su compañera de toda la vida y madre de sus cuatro hijos, ya se había ido y los ojos de Kraus ,aquellos ojos tan claros como su propia voz, se habían oscurecido.
Los de Sebastiá brillaron al tener en sus manos aquel pedazo de plástico que encerraban la voz de su ídolo. Una voz que ya no era tan pura como años atras, pero que mantenian el buen hacer y la maestria del músico que conoce a la perfección su instrumento.
Esta ária, una de las más bellas, tiene además un texto que, a mi entender, encajan perfectamente con el momento que Kraus vivia en la que ya era la etapa final de su vida. Otra de mis piezas favoritas para escuchar una y mil veces.