YO MISMA
El destino quiso que mucho antes de nacer, ya me llamase Estrella. Llegué cuando nadie me esperaba y al parecer los pillé tan de sorpresa que a día de hoy aún no sé, a ciencia cierta qué día nací. Total que aquí estaba yo, pero también Estrellita Castro auténtica pesadilla de mi niñez, debo aclarar que ella estaba en el final de su carrera, que una tiene años pero tampoco tantos. Con los setenta, llegaron las flores, los porretes, las melenas, los pantalones de pata de elefante que se decía entonces,las chiruquillas porque una se crió en el poble sec, y allí el sebago no abundaba.
Mi padre era un alicantino que al llegar a Barcelona hizo de boxeador, transportista, carpintero, hasta que un día no supo nunca muy bien como ni porque, patapam se encontró vestido de soldado y ala pa el frente a defender la patria. Manda “guevos”.
Justo entonces conoció a una galleguita salerosa y hala ya tenemos historia de amor en plena guerra. Conste que yo tarde mucho, muchísimo, en nacer. Vamos que casi soy como un milagro.
En el pequeño taller de tapicería que poco después abrió en eso que ahora llaman el Raval y que entonces era el distrito quinto (El chino empezaba un poco más abajo), mi padre puso en práctica su particular forma de entender la gestión empresarial que se resume en un pedazo de papel que hace tiempo apareció en un cajón, y que decía lo siguiente : “seis sillas de las que no hay con tela de la que no tenemos”.
Con una gestión tan brillante no es de extrañar que cuando yo tenía catorce años, uno de mis entretenimientos fuera atender las amables visitas que en forma de secretario de juzgado de tanto en tanto se presentaban en casa para embargar los muebles. Toda una experiencia.
Con los setenta, llegaron las flores, los porretes, las melenas, los pantalones de pata de elefante que se decía entonces, las chiruquillas porque una se crió en el poble sec, y allí el sebago no abundaba. Esa etapa coincidió con el mal llamado COU, curso de Orientación universitaria. Y allí fue cómo, casi todos, perdí el norte, los ideales y la inocencia.
Me sumergí en lo que quedaba del negocio familiar, que como el Titanic, acababa de chocar con el iceberg de la crisis del 73, y así fue como los ideales fueron rápidamente sustituidos por la necesidad. Total que acabé siendo aquello que dije que nunca sería.
Secretaria, primero de un arquitecto, del director de una editorial con mas letras por pagar que impresas y de un ingeniero; hasta que un buen día aterricé en la administración. Vía oposición, lo remarcó porque la experiencia me ha enseñado que eso si que es como ponerlo en negrita.
El resultado de semejante trauma fue que a la semana de estar allí, del susto se me alteró el ciclo y patapam, meses después llegó un niño, y a los dos años escasos otro, en medio una hepatitis y una pierna rota. Joder qué negocio.
Total, cuando me di cuenta era secretaria de un alto cargo, tenía tres hijos, y un libro, porque estando allí fue cuando, no me pregunten cómo ni porqué ( ese momento está sumido en una gran laguna), escribí mi primer libro.
Tarde doce años, pero por fin conseguí salir de la administración, cosa que también es como para remarcar porque entrar cuesta pero salir cuesta más: Aunque salir del todo nunca se sale, porque a día de hoy sigo siendo funcionaria en excedencia.La administración dejó en mi una huella tan profunda que me vi en la necesidad de dejar testimonio escrito de mi experiencia y ahí llegó mi segundo libro. Del cual a pesar de no conducir programa de radio alguno, ni estar liada con famosillo, ni ganas, conseguí vender más libros que amigos y familiares tengo, y conste que tengo un montón. Lo que dentro del minimalista panorama de la literatura en catalán solo puede calificarse como éxito. Con este triunfo moral bajo el brazo, que no económico, al cabo de un tiempo volví a dejar testimonio de mi tiempo, esta vez resumiendo en forma de pequeña novela mis experiencia después de ocho años pasando las vacaciones metida en un velero, con tres hijos, marido y dos perros.
Después se produjo un vacío temporal, provocado por: a) insalvables diferencias de criterio con mi editor que se centraban en el cobro de los derechos de autor, un detalle sin importancia, y b) el tránsito de tres adolescencias simultáneas, que para quien no lo haya vivido no sabrá de que le hablo pero, vamos, que cuando te quieres dar cuenta, te han pasado diez años y tienes canas.
Bueno pues esto es casi todo. Aparte de estas cosas, soy una forofa de la ópera, me gusta la fotografía, se hacer punto de cruz, (ahora no tanto por aquello de las gafas), cortar el césped, dibujar, pasar el aspirador, coser bajos de pantalones, pintar paredes, usar la black & decker, hacer mortero; tengo una cierta gracia para la cocina y ahora, después de una dura pelea con el Joomla, por fin tengo web. Mantengo una figura digna y aun no me he estirado nada.
Suya afectísima.
Si queréis más detalles sobre mi etapa de “escritora” podéis consultar Mis libros
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