Historia de una rodilla

Esta mañana al salir de la panadería he oído que alguien pronunciaba mi nombre. Era mi amiga Rosa que me llamaba desde un coche. La pobre estaba sentada en el asiento de atrás con la pierna embutida en una especie armazón de neopreno.
Nada me he roto los ligamentos
Y ¿Cómo ha sido?
Un accidente doméstico.

Rosa es de las que se toma la vida con buen humor, no como otras que, ante la menor adversidad, o bien complementan su dieta con toda clase de antidepresivos o se convierten en las “yo más”. Ya sabeis ese tipo de personas, normalmente mujeres, que tengas lo que tengas, es igual si se trata de una jaqueca, la menopausia, un parto de trillizos o una apendicitis ellas siempre lo tienen más y peor.

Rosa está más en mi línea, la de “No hay mal que por bien no venga”, eso dependiendo siempre, claro está, de cuan grande sea ese mal. Y lo digo por propia experiencia.

Hace un montón de años, un día de aciago recuerdo mi marido se empeñó en que debíamos entrar en el maravilloso mundo del esquí. Total que el 1982 lo recibimos debidamente pertrechados con toda la parafernalia imprescindible para la práctica de este deporte. He de decir que siendo mi experiencia nula aun me defendí bastante bien, mas si se tiene en cuenta que en aquellos tiempos no estábamos para ir contratando monitores. Bueno pues alli estaba yo tan feliz haciendo cola en un remonte cuando de repente oigo a mis espaldas un grito coral. ¡Cuidado!.

“Huy!. Esto pinta mal”. Dijo el médico de turno que como buen médico de pistas se curó en salud, me plantificó un yeso desde el tobillo hasta la ingle y hala para Barcelona “.. y que allí se lo miren”.

Ya en Barcelona mi suegra, diligente como siempre, me llevó a su traumatólogo de cabecera, un hombre de toda su confianza, no por nada había remendado a mi suegro cuando años atrás hizo el salto del ángel desde un primer piso. Un médico con un curriculum tan largo como completo.

Quizás por eso, porque su curriculum era ya demasiado largo o quizás por su vista, con los años, estaba algo mermada, no supo ver el alcance de mi lesión.

“Pero a ver, ¿te duele?”. “ahora no”. “¿lo puedes mover?. “Hombre con el yeso…” “Nada, nada, tú no te has roto nada, dos semanas de antiinflamatorios y a correr”.

Con poco más de veinte años y ante semejante currículum no estaba en disposición de discutir su diagnostico, y corrí. Vaya si corrí, directa al quirófano.

“¿Pero criatura cómo podías andar, si tienes la rodilla hecha papilla?” dijo un segundo médico de currículum no tan brillante.

Total la famosa tríada del esquiador, ligamento lateral, cruzado y menisco. Desde entonces han habido días mejores y días peores y también alguna que otra compostura.

“Nada mujer esto te corto un trozo del ligamento rotuliano ….” “Pero si ese está bien” “bueno pues ahora ya no lo estará, porque lo cortaremos por la mitad te lo pondremos aquí con un par de clavos o tres para que se aguante y a correr”.

Precisamente correr fue lo primero que me prohibió el cuarto médico, al darme el alta.

“Mira lo tuyo es muy simple – dijo en cierta ocasión el Dr. Maculé, con el que desde hace años tengo la rodilla a medias – tu solo has de tener claro que si tienes 30 años tu rodilla siempre tiene diez más”.

De eso hace 20 años, lo que quiere decir que mi rodilla va camino de la jubilación.

Pero la verdad es que a mi rodilla le debo mucho. De entrada por ella mantengo un tipito bastante presentable, aunque eso es mas fruto de la casualidad y la genética que no el esfuerzo, porque mi dieta se basa en tres pilares, a saber: cocacola, patatas lays y chocolate. Lo que si hago es ejercicio y acudo regularmente a un centro deportivo, lo que me permite ampliar mi circulo de relación social, una relación que se basa principalmente en la comunicación interpersonal. Para comunicarse hay que tener cosas que comunicar y una artrosis con algún que otro antecedente quirúrgico tipo clavo o cicatriz que mostrar en el momento oportuno, es un tema de conversación tan bueno como cualquier otro.

Todo esto os lo explico porque con este invierno que estamos pasando el consumo de anti-inflamatorios en casa se ha disparado

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