El arte de medrar 12 – Cómo ser funcionario sin dejarse la piel – Las reuniones

    Después de la charla y la crítica, las reuniones constituyen la actividad que más satisface al funcionario, sea cual sea su categoría. Porque ya puede ir quitándose de la cabeza la idea de que eso de reunirse lo hacen sólo los de «arriba», porque en los últimos tiempos esta actividad se ha popularizado en todos los niveles, siendo actualmente su práctica muy habitual en el conjunto de la Administración.
    Las reuniones pueden admitir muchas y muy diversas calificaciones: externas o internas, en la medida que sus participantes sean de la casa o de fuera ; periódicas o cotidianas en cuanto a su frecuencia en el tiempo, y aún podríamos admitir una tercera división en razón de su teórica importancia, las extraordinarias, también conocidas como las de «foto», y las de andar por casa.
    Las reuniones periódicas son aquellas que tienen lugar a partir de un calendario fijado anteriormente en reuniones previas, que a su vez fueron acordadas en reuniones aún más previas que las primeras. Este sería el caso de los consejos de ministros, los plenos del ayuntamiento, las reuniones del comité de dirección y otras por el estilo.
    Por ejemplo, un acuerdo acerca de las medidas de seguridad en los ascensores, tomado en el Consejo de Ministros del viernes viene precedido por la reunión de subsecretarios del miércoles, que previamente han estado reunidos en comité con los respectivos directores generales, los cuales plantearon la cuestión, objeto del posterior acuerdo, después de diversas reuniones mantenidas en repetidas ocasiones por los correspondientes jefes de Servicio.
    Si a esto añadimos que el tema puede afectar a una o más autonomías, multiplique estas reuniones por un número similar en el terreno autonómico, a las que hay que sumar unas cuantas de la Comisión de Traspasos. Pese a todo, aún tendrá que llegar el acuerdo al Parlamento, con todas sus comisiones y plenos, y después, pasar al Senado, donde también hay plenos y comisiones.
    Y todo porque un viernes por la tarde, un jefe de Sección y un chófer se quedaron cerrados en el ascensor, hablando de fútbol.

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