Pues no, no he estado enferma y tampoco de vacaciones

    image-15Pues no, no he estado enferma, ni he ido de viaje a la Polinesia; en realidad todo empezó hace hoy  una semana cuando, en mi ausencia, porque si llego a estar presente eso no pasa, un estante de mi (llamemoslo despacho/estudio/habitación de mamá) se descolgó de uno de los tacos que lo sostenían.
    Debo aclarar que “ese” agujero y “ese”  taco, cosa rara, no lo hice ni lo puse yo.
    El colapso del estante por su lado derecho, provocó en primera instancia el desplazamiento lateral de todo lo que había encima (minicadena, tres potes de lápices y un mueblecito conteniendo un montón de bolitas para cuando me da por la bisutería). El consecuente efecto palanca tal como se observa en el diagrama inferior,image-14

    provocó a su vez el desplazamiento en sentido ascendente de un tablero de corcho de 120×90 cm. en su totalidad lleno de fotos, collares, pulseritas y facturas por pagar, todos estos elementos se mantenían sujetos  gracias a unos pequeños adminiculos de colores varios parecidos a esto.p1070027
    Lamentablemente junto a ese corcho había otro que también se vio bruscamente desplazado hacia el suelo, y con él con todo su contenido;  llevándose por delante mi colección de mini peluches de Mordillo (por Dios ¡no quiero más peluches!) que, justo es reconocerlo, se mantenían en precario.
    Por supuesto en esta devacle se vieron afectados también los cables de los altavoces que se hallaban ocultos tras los corchos, un cuadro pintado por mi amiga Marian, una fotografia cogida del brazo con Rolando Villazón y una ortopantomografia que un año de estos tendría que llevarle al dentista.
    A grandes males grandes remedios y ya que tenía media habitación desmontada y teniendo en cuenta que estamos en primavera una época del año en la que siento una gran atracción hacia la Black & Decker. Total que me puse manos a la obra y reorganice la habitación. Pero para ello necesitaba:
    Antetodo un taladro nuevo porque el anterior murió a manos de mi hijo y también, alguna “cosa” (esta es una expresión que suelo utilizar cuando voy a Ikea) donde archivar los peluches de marras, claro que ya puestos no me vendría nada mal una estantería que me permitiera almacenar mi archivo operístico y de paso ganar espacio.

    Yo sabía perfectamente qué estanteria quería. Yo quería el modulo superior de la estateria Norrebo, la misma que hasta esta semana estaba en eso que mi marido llama “su bodega” cuando en realidad es una habitación minúscula  falta de luz donde guardo el pienso de los perros, que en mi caso es mucho,  además de botellas, latas y artículos varios.

    Pero cual no sería mi sorpresa cuando al llegar a Ikea me dicen que esa estantería ahora va con unos cajones que puñetera falta me hacían.
    1Horror! mis planes por el suelo, necesitaba replantear mi estrategia, cosa que hice cómodamente sentada en una butaca con reposapiés Boliden.

    ¿Un sueco iba a estropearme los planes, a mi? Ja.

    Así que agarré un carrito y me fui directamente al pasillo K sección 20 donde se encuentran los componentes de las estanterías  Gorm y ya me tienes desmontando la “bodega”  sin haber recompuesto aún mi habitación.

    Pero no os penséis que me he pasado el día peleándome con la llave mágica  de Ikea. No, también he tenido tiempo de pasear por el jardín .

    Allí mientras realizaba un profundo estudio demográfico sobre el crecimiento del pulgón en mis rosales, eché un vistazo a las pobres tortugas. Si también tengo tortugas  la primera me la trajo mi ahijada Marta. Ya saben la típica tortuga que le regalan a la niña cuando tiene 8 añitos y que consigue sobrevivir hasta que la niña llega a los 15.

    Es que nunga me acuerdo de darle de comer.

    Después fue un amigo de mi hijo que se encontró una cruzando la carretera.

    Pobre animal casi la chafa un camión.

    Las dos tortuguitas quedaron aparcadas en un rincón y allí han estado todo el invierno pero claro con la primavera  resultaba muy cruel mantenerlas en aquella situación, además estaba lo de la comida porque las tortugas no son como los perros que al menos los míos se hacen entender. Así que las pobres corrían el peligro de sucumbir por inanición.

    Han de tener un sitio con plantas - sentenció mi hijo el “experto”.

    Y entre la bodega y mi habitación cogí la azada y le he hecho esto.p1070026

    Pues en todo esto he andado ocupada esta última semana en esto y en cambiar el look de este blog.

    Hasta otra.

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