Quien calcula compra en SEPU

Hay imágenes de la infancia que no sabes porqué desaparecen de la memoria, hasta que un día de repente, ¡patapam! se te hacen presentes.
Es como si estuviera viendo una película. Allí está mi madre sentada en el comedor de casa, en la mesa un plato sopero en el que hay un poco de agua, al lado un trapito que usa a modo de tampón y que periódicamente va humedeciendo para después pasarlo sobre las tiras troqueladas de los famosos cupones del Sepu. Con esos cupones que te daban en muchas tiendas, según el importe de la compra, se rellenaban unos cuadernillos de cartón que después se podían canjear por una parte del importe del artículo deseado en los almacenes SEPU (sociedad española de precios únicos) popularmente conocido como “El Sepu”. ¿Porque hablo hoy de esto? pues por la fotografía que lo encabeza.
Ignoro la fecha en que se tomó esta imagen, pero no me extrañaría que el fotógrafo fuera contemporáneo de Claudio López Bru, segundo marques de Comillas, habitante de el palacio que lo es que aparece en la imagen. Por aquella fechas Claudio López Bru decidió prescindir de los servicios de quien fuera su limosnero, capellán y confesor, nada más y nada menos que Mossén Cinto Verdaguer (Jacinto Verdaguer como se le conoce más allá de Catalunya). Se dice que en aquella casa Verdaguer escribió su obra magna La Atlántida.
Durante un largo periodo de tiempo la vida de Verdaguer estuvo estrechamente vinculada a la de Antonio López López. También conocido, especialmente por los que le debían dinero o favores, como Don Antonio Víctor López del Piélago y López de Lamadrid, primer marques de comillas, indiano, según muchos biógrafos relacionado con la trata de esclavos actividad por otra parte de lo más común en la época.  Antonio López fue el creador de la naviera Compañia Transatlántica, presidió el Credito Mercantil y creó la Compañía de Tabacos de Filipinas cuya sede se encontraba justo enfrente de su casa. El Palau (Palacio) Moia, está situado en la esquina de La Rambla con la calle Portaferrisa. Fue edificado por el marques de Moia en el lugar donde se situaba una de las torres de la Portaferrisa (porta en catalán es puerta) una de las entradas de la Barcelona antigua. El palacio perteneció a los Moia hasta 1865 cuando fue adquirido por el ya mencionado Antonio López llamandose entonces Palacio Comillas. En la década de los treinta del pasado siglo el Palacio perdió sus jardines donde se construyó,  y de aquí todo el rollo, los almacenes Sepu.

Cuando yo era pequeña, los niños creíamos o fingíamos creer en los reyes durante mucho más tiempo que ahora, tal vez eramos más listos. Una de las “tradiciones” navideñas que recuerdo con más cariño era cuando, alguna tarde, mi madre me llevaba a ver juguetes a Can Jorba o aquel recién inaugurado Corte Inglés, era la época en que la gente mayor no se cansaba de admirar el trasiego constante de las escaleras mecánicas.
Uno de los puntos de recalada era la Rambla, delante del Sepu, porque allí un aquel pequeño torreón se instalaba un rey mago por el que yo sentía especial veneración, quizá fuera porque estaba allí arriba y a mis ojos de criatura educada en colegio de monjas en la época que aún se respetaba la cuaresma y se llevaban flores blancas a la iglesia durante el mes de Maria, aquel rey mago, a tanto la hora, se me presentaba como un ser celestial fuera del alcance de mi mano, pero todopoderoso porque sin poder coger mi carta, sabía cuales eran mis deseos.

La historia del Sepu y Barcelona acabó con este nuestro siglo XXI, la de los cupones lo hizo mucho antes. Hoy allí hay una tienda Nike y encima un restaurante con magníficas a la Rambla. La flecha es el sitio donde estaba el trono de mi “rey”.

Para escribir con la colaboración inestimable de mi oráculo barcelonés.

2 comentarios


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