A toda vela - 21
Topic: Lectura|
A lo largo de aquellos días había aprendido a lavarme los dientes sin darme golpes en la cabeza con el ventanuco del baño, ni destrozarme el codo con la puerta. Las cuestiones fisiológicas menores normalmente las resolvía por la borda siempre a sotavento, claro. Las otras, las mayores, hacía como los marineros curtidos hacen con los amores, y las iba dejando una en cada puerto.
- Miguel, estos días has trabajado demasiado – dijo él afectuosamente al tiempo que ponía la mano sobre mi hombro – Mira, para que esté contento hoy me ocuparé de todo. Tu ve y dúchate tranquilo.
Por si acaso aquella repentina amabilidad era un fenómeno pasajero, cogí el neceser, la toalla y para las duchas que me fui.
Al llegar ante lo que yo suponía eran los servicios de caballeros, la puerta se abrió de golpe y de un pelo fue que no me aplastara la nariz.
- ¡huy!. Perdone – dijo una rubia espatarrante que bestia una minifalda de un rojo apabullante, que acababa de salir de las duchas acompañada por una morena no menos impresionante con unos pantalones que a ojos de alguien que no fuera un hombre resultaría casi insultante, tanto por su exiguo tamaño, como por las increíbles piernas que había debajo.
Menos mal, pensé. Suerte de esas chicas, iba tan metido en mis pensamientos que por poco no me meto en las duchas de señoras. Así pues, abrí la otra puerta y después de dejar el neceser sobre el lavamanos, me metí en la ducha.
Estar allí debajo, dejando que el agua calentita resbalase por mi barriga, frotándome las axilas y las vergüenzas con la esponja, sabiendo que no era yo quien se estaba ocupando de llenar el depósito de agua, conectar la electricidad, montar el toldo y limpiar la cubierta; resultaba una sensación especialmente reconfortante.
- Nena venga sácate las braguitas y métete en la ducha, que ahora venga a lavarte el cabello.
De repente abrí los ojos asustado y el jabón se me metió dentro..
- ¿Crees que me tendría que depilar las axilas?
- Yo de ti esperaría un par de díass, aun no se te ven demasiado.
- Ay no sé. Desdeluego esto de depilarse es un rollo, no entiendo a los jóvenes estos que ahora les ha dado por depilarse:
- Jovenes y no tan jóvenes. Paco sin ir más lejos.
- ¡Paco se depila!.
- si hija, hace un año que se depila. No te habías fijado.
- Pensaba que era así.
- No que va. Dice que es por la bicicleta, ya me dirás si es una bicicleta estática.
A pesar de que aquel tema de conversación podia resultar muy interesante, la verdad es que yo habría preferido no escucharlo.
- ¡Mama! ¡mama! Aquí hay un señor – dijo una niña que seguramente era muy graciosa pero que tenia la mala costumbre de meter la nariz donde no debía.
- Nena. ¡ Por dios! sal de aquí. Pero qué estas haciendo eso no se hace – dijo la que por el tono era la señora del tal Paco.
- Es un señor – insistía la niña.
Entonces escuché unos pasos que se acercaban a mi puerta, y imagine a la niña señalando la parte baja de la puerta, a la madre agachándose no tanto por curiosidad como por desmentir la afirmación de la niña y entonces fue cuando miré mis piernas, mis peludas piernas varoniles.
En una proeza gimnástica totalmente fuera de mi capacidad intenté pegué la espalda a la pared al tiempo que levantaba ambas piernas y las apoyaba en la pared opuesta, en un intento por sacar mis piernas del angulo de visión.
Pero fuera por la poca consistencia de mi masa muscular, por el exceso de carga en la zona abdominal o porqué el colgador al que me agarré no estaba lo bastante bien sujeto a la pared, fuera por lo que fuera el hecho es que el colgador cedió y con el yo.
Cuando la madre miró bajo la puerta lo que vio fue a un hombre en precario convertido en un amasijo de carne echado en el suelo de la ducha, con las vergüenzas apuntando hacia ella.
- ¡Ah! – grito la madre
- ¡Ah! – gritó la amiga de la madre.
- Lo ves mamá es un señor – dijo la niña.
En un gesto instintivo me llevé las manos a las vergüenzas al tiempo que cruzaba las piernas en un vano intento de tapar lo que no había forma de tapar.
- ¡Depravado!
Sin posibilidad alguna de defensa fui atacado por dos mujeres al borde de la histeria que defendían su honor y el de la niña a base de patadas y golpes de neceser. Como pude me envolví la toalla a la cintura justo antes de que me echasen a empujones de allí. A tientas, porque el jabón me había dejado medio ciego, con una mano aguantándome la toalla y con el neceser en la boca abrí la puerta de al lado.
- ¡Hola! Guapo – Dijo un joven de pechos exuberantes.
- Caray, esto sí que es rapidez- dijo José Carlos al verme llegar – Pues mira me va muy bien que ya estés aquí. Podrías ir llenando el depósito mientras yo voy a mirar lo del coche. Pero no hagas nada más, del resto me ocupo yo cuando vuelva.
En la ducha del barco acabe de aclararme el pelo, me afeité y me puse colirio en los ojos. Una vez vestido y como fuera que José Carlos tardaba, me puse un sombrero de paja de Mercedes, gafas oscuras y subí a cubierta. Des esta forma camuflado difícilmente podría ser reconocido por las madres furibundas.
Mientras esperaba me entretuve buscando una torreta para conectar el barco, pero como fuera que ninguno de los ocho enchufes que llevabamos a bordo encajaba, me fui a la ferreteria del puerto a comprar un nuevo ejemplar para nuestra colección. Ya puestos monté el toldo y limpie la cubierta. Cuando le estaba sacando brillo al compás apareció José Carlos montado en un todoterreno descapotable tan grande alto y aparatoso que entre sus accesorios se contaba una escalera.
- A que mola
- ¿Pero donde vas con eso?.
- Eso, amigo. Eso es nuestro pasaporte a la noche ibicenca. Loco mia,… loco mia…
continuará…

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Tags: Libros
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