A toda vela - 20

Topic: Lectura|

    Si Formentera es minúscula, Espalmador es ínfima, porque aunque muchos lo ignoran Espalmador es una isla separada de Formentera por un bancal de arena que cuando el mar lo permite se puede atravesar a pie. A primera vista me pareció que no tenía muchos atractivos, menos aun cuando vi los más de 150 barcos, por lo menos, que fondeaban en sus aguas. Sin poderlo evitar, a mi cabeza vino la imagen de bolsas de plástico, latas de cerveza, submarinos orgánicos y las muchas otras cosas que se pueden lanzar por la borda de un barco.
    Pero sabido es que donde hay patrón no manda marinero y que quien paga manda, así que a pesar de que en mi caso ni el patrón era tal, y que quien pagaba siempre era yo, la buena educación me hizo aceptar con resignación los extraños gustos que en materia de baños tenía Mercedes, porque era ella quien tenía un especial interés en recalar allí.
    En cuanto encontramos un sitio medianamente aceptable para echar el ancla, nos montamos en Eugenia y para la playa que nos fuimos. No podiamos perder tiempo, José Carlos tenía una cierta prisa por llegar a Ibiza.
    Una vez en la playa, Mercedes echó a andar hacia un pequeño camino que se insinuaba entre las matas, llevando en la mano un cubito, como de niño y una pala. José Carlos, que aun no estaba del todo repuesto, salió corriendo detrás suyo, dando pequeños saltitos en parte por no quemarse los pies y en parte sobretodo para evitar pincharse con unas plantas que no levantabann más de medio palmo del suelo y que parecían haber sido puestas allí, agazapadas entre la arena, con el único objeto de fastidiar a los humanos, al menos a los que no iban calzados, que eran la mayoría.
    Como ellos, pero con zapatillas y sin prisas seguimos el camino, cuando de repente algo surgió de entre la maleza.
    - ¡Ah! – grito Ana presa del pánico.
    Una figura espantosa, al mas puro estilo película de ciencia ficción serie B de los sesenta, cubierta por una extraña costra gris había aparecido de repente en medio del camino corriendo hacia nosotros. Ana se me agarró del cuello. Pero la figura paso a nuestro lado sin más, camino de la playa.
    - ¡Miguel! ¡Ana! ¿Dónde estáis? Venid aquí..
    Siguiendo el camino y el rastro de sus voces llegamos a un claro donde en medio de unas cañas estaban ellos y mucha más gente retozando cual cerdos en una materia gris bastante repugnante que olía a muerto.
    - ¡Joder! Qué gozada. Anda meteos que se está de coña – decía él frotando con energía aquello en sus axilas, mientras las moscas y otros insectos revoloteaban a su alrededor – Esto es vida.
    Mientras duró el baño de Mercedes que no fueron no uno sino una docena, porque de tanto en tanto salía de la charca a toda prisa en dirección a la playa a lavarse, para regresar a los pocos minutos; por aquella pocilga pasaron franceses, ingleses, alemanes, italianos y valencianos, para quienes Formentera es como una prolongación de la playa de de Denia, al menos para los que se pueden permitir el lujo de mantener una motora lo bastante potente.
    Cuando Mercedes se dio por satisfecha volvimos al barco, José Carlos ató en popa el cubito de Mercedes, repleto de materia orgánica y por tanto apestosa y emprendimos la marcha. José Carlos quería llegar pronto a Ibiza, para poner gas-oil, y arreglarse para la noche, la noche ibicenca una noche que conoce fronteras, porque no se acaba con la llegada del sol y que puede prolongarse durante días, lo que el cuerpo aguante y sino aguanta también.
    Pero una cosa son los deseos y otra la realidad y la realidad en este caso, y se que costará creerlo, tenía nombre de embotellamiento.
    El paso entre Formentera e Ibiza, Es freu, es como es, y ha sido así durante muchos muchísimos años. Cuando por allí solo pasaban los pescadores, después y por pura necesidad empezó a navegar el viejo ferry de Formentera mucho más pequeño que la mayoría de barcos que hoy en dia transitan por aquellas aguas. Mas adelante vino el rápido de Denia, casi por la misma época el ferry de Formentera había crecido en tamaño y multiplicado en número de viajes, Formentera se había convertido en centro de atracción de primer orden. Se corrió la voz y a partir de ese momento Es Freu se convirtió en una autopista marítima que comparten antiguos, señoriales y costosísimos veleros de madera, con gigantescos yates de dos y tres cubiertas cuyas lanchas auxiliares son más grandes que las mallorquinas, tan divertidas como suicidas, que cargadas con familias enteras esquivan las gigantescas olas que levantan las motoras tan largas como absurdas sin espacio físico donde tumbarse y que hacen un ruido abrumador y que, desde mi personal punto de vista, no tienen otra utilidad que el gusto de decir que la tienes, si es que eso da algún gusto.
    Allí estabamos todos embotellados en aquel paso, porque todos queríamos llegar al mismo sitio y casi a la misma hora. Nuestro destino era Ibiza la isla blanca, la ciudad del desenfreno y el exceso, la ciudad donde todo está permitido o al menos eso parece y donde a mi no se me había perdido nada salvo quizá una ducha calentita.
    Cuando llegamos a puerto la gasolinera estaba cerrada. Lo del gasoil seria mañana. Afortunadamente José Carlos había reservado meses atrás el amarre, o al menos así lo afirmo ante el responsable del puerto y lo hizo con tanta contundencia que, pese a no aparecer por ningún lado el correspondiente registro ni poder aportar documento alguno que diera fe del pago por adelantado que afirmaba haber realizado.
    - Oiga si pierden los papeles, es su problema.
    Al poco el Escándalo paraba motores entre los amarres número 190 y 191, el único espacio disponible en todo el pueblo, espacio que dicho sea de paso, hicimos nosotros mismos a empujones.
    Continuará….

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