A toda vela - 14
Topic: Lectura|

La Punta Bateria y la Punta de sa Farola marcan el umbral de ese magnifico puerto natural que es Porto Colom, desde tiempos inmemoriales ha sido refugio de pescadores, cristianos, piratas y por supuesto turistas.
Hasta aquel momento no había dado ninguna importancia ni me había preocupado en absoluto el que José Carlos nunca consultase las cartas náuticas y eso que tenía un montón, además de las pilot. Yo sí que las miraba, solo por curiosidad y por eso puedo decir que la cala que se veía a nuestra izquierda era Bassa Nova, la de la derecha era la minúscula cala de S’Arenal petit y a su lado la de S’Arenal gran. Un poco más adentro se encuentra la cueva de las Llisas, la Punta d’en Babo y al final, la Punta de Sa colonia y la cala Camp Roig
- José Carlos, ¿Esas cositas de aquí qué quieren decir? – Pregunté señalando una especie de setas dibujadas en medio de lo que representaba el agua
- Nada, nada. No te compliques la vida con las cartas. Tú admira el paisaje.
Porto Colom, a pesar de ser muy pintoresco no es el sitio ideal para bañarse, al menos como yo deseaba, sus aguas suelen ser turbias. Pero de una cosa estaba segura en aquel magnifico abrigo, difícilmente entraría viento o mar, que pudiera alterar mi reposo.
José Carlos, gran conocedor de aquellos mares, navegaba muy seguro de si mismo, a tenor por la velocidad, dejando atrás los primeros pantalanes del puerto. Un marinero que sesteaba apoyado en el manillar de su bicicleta a la sombra de una palmera, al vernos, se puso a hacernos señas.
- Parece que aquel hombre intenta decirnos algo.
- Nada, nada. Déjale que diga. Ese a lo que va es a por la propina.
- Parece que grita algo.
- Que grite tanto como quiera. No lo necesitamos para nada. Nos meteremos hacia el final, allí siempre hay sitio. No sé que manía tiene todo el mundo en meterse en el primer agujero.
Mientras aquel hombre, con cierto aire de desesperación, seguía haciendo toca clase de señales, el Escándalo seguía su camino a buen ritmo, adentrándose cada vez más en el puerto.
- Miguel vete para proa a preparar las amarras. Atracaré en aquel agujero detrás de la mallorquina esa del parasol de lunares. Y apresúrate que no quiero tener que darle propina al tío ese.
José Carlos aplicaba a los marineros de los puertos la misma técnica que a los limpia cristales de la Diagonal, ventana arriba, vista al frente y gas a fondo. Por eso no vio que ya no era solo el marinero el que gritaba sino los ocupantes de un velero, una señora que tomaba el sol en una motora que parecía una casa adosada y la gente que paseaba, cincuenta personas, por lo bajo.
- Caeré un poco a estribor y entraremos de proa.
Y mientras se iba hacia la derecha para entrar de cara, que es lo que él había querido decir pero en otras palabras, siguió con la mirada fija ignorando a los que nos gritaban y hacían señas. Cuando me agaché para recoger las amarras vi como aquella agua terrosa se movía alrededor del casco una velocidad que no se correspondía con la del barco, formando extraños remolinos.
Me volví para avisarle pero ya era demasiado tarde. Una fuerte corriente había tomado el gobierno del barco arrastrándonos en dirección a una, a mi modo de ver, gigantesca boya de hierro, que en la carta parecía una seta. Parecía que aquel iba a ser el fin del Escándalo pero no, a escasos cinco metros de la boya se vio frenado de golpe, el palo llegó a inclinarse, calculo que unos 45 grados o más. Mercedes cayó rodando hasta quedar frenada en la redecilla del pasamanos; Anna y José Carlos rodaron por la bañera, suerte que éste se agarró mientras Ana hacia lo propio con su pie. Y yo, yo fui a parar al agua.
- Sa rissaga es muy traidora – decía el señor de la bicicleta a quien José Carlos dio una propina de 20 euros mientras yo hacía efectivos otros 300 euros, que es lo que nos cobró por sacar con su barquichuela al Escándalo del bancal de arena donde por espacio de 4 horas estuvimos atorados.
Aquella noche la pasé soñando con las mil formas de naufraga, a cual más ignominiosa, la rissaga, aquella curiosa corriente que se forma en el fondo del puerto con las mareas y que es conocida no solo por los habitantes del lugar, sino también por el que escribió las Pilot volvió por la noche y otra vez con la salida del sol y con ella los crujidos del barco y los gemidos de las amarras que a duras penas podían soportar el empuje de las aguas.
continuará….
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Tags: Libros

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