A toda vela - 13
Topic: Lectura|

El ventarrón del día anterior dejó como recuerdo una considerable mar de fondo que no respetaba ni puertos ni calas. Después de toda una noche escuchando el incansable tocotoc tocotoc de las drizas golpeando en el palo, sacudidos que no mecidos por el mar, por fin a las seis y media de la mañana, cuando parecía que por fin llegaba la calma y con ella el descanso, el ruido del motor de nuestro vecino dio la señal de alarma.
A cala Ratjada se puede ir para visitar las cercanas cuevas de Artà, para bañarse en Canyamel o cala Agulla a cenar en los múltiples restaurantes, pero principalmente se va allí porque cala Ratjada es el punto de salida tradicional hacia Menorca, almenos cuando vas con barco.
Y a Menorca iba nuestro vecino, y el otro, y el otro y los que no eran nuestros vecinos también iban allí. Como estábamos todos abarloados, para salir uno teníamos que salir los demás. Así fue como sin que éste fuera nuestro deseo a las siete y media Cala Ratjada quedó a nuestra popa.
- No hay mal que por bien no venga - decía él extrañamente despejado – así podremos encontrar una cala bien bonita y fondear como dios manda antes de que lleguen los domingueros de las mallorquinas.
Para los patrones experimentados, como él, las graciosas mallorquinas cargadas de gente , abuelas haciendo calceta, niños con flotadores, maridos con caña, señoras con carnes, son el al patrón con título lo que para el propietario de un Mercedes vendrían a ser los utilitarios que con la llegada del buen tiempo proliferan en los márgenes de las carreteras, con sus sillas, mesas, neveras, barbacoas, pelotas, niños y perros.
Canyamel quedó descartada de entrada porque estaba demasiado cerca de Cala Ratjada, y cuando acabamos de montar todo el tinglado de las velas, ya nos la habíamos pasado. Cala Bona y Cala Millor les dejamos de lado porque a esas horas ya estaban repletas de gente.
- Está todo lleno de guiris – decía Ana inspeccionando las playas desde la distancia.
Cuando ya pensaba que aquel día tampoco me bañaría y con este ya iban cinco, porque el chapuzón para sacar a Montserrat del agua, no lo cuento como baño, José Carlos cogió los prismáticos y como Juan de Triana quinientos años atrás señalo la costa.
Con una agilidad que solo dan las ganas, arrié las velas y me fui a proa a reencontrarme con Montserrat.
Aquella era una cala aparentemente tranquila, no se veían muchas edificaciones y, lo que es más importante en la playa no se veían ni patines ni kayaks. Con la tranquilidad que da saber que no te la puedes pegar con nadie, porque de momento eramos los únicos, elegimos el lugar idóneo para echar el ancla:
- Bueno Miguel. ¿Qué tienes que decirme? Ahora no podrás quejarte.
Me costaba creerlo pero por fin estaba en una cala, rodeado de aguas transparentes donde los pececillos nadaban tranquilos, teniendo como único horizonte vial, un tranquilo y apacible día de sol y playa.
José Carlos, con un estilo impecable se lanzó de cabeza al agua.
- ¡Cojonudo!. Tío ¡Cojonudo!. Qué gozada. Venga Miguel tirate de una vez.
- Ahora mismo, pero primero déjame que ponga el toldo, asi cuando salga tendré una buena sombrita para echar una siestecilla.
- Desde luego serás gandul, siempre pensando en dormir – y dicho esto José Carlos se sumergió en el mar para emerger de nuevo echando un chorrito de agua por la boca.
- Miguel déjalo, ya lo haremos luego. Ven a bañarte – decía Ana.
- Bañaros, y a mi dejadme hacer.
Mercedes que por no hacer ni tan siquiera se bañaba ya estaba en proa con su crema, la revista que nunca leia y una botellita de agua.
Si poner el toldo entre dos ya era bastante difícil, hacerlo solo era además de difícil arriesgado. Pero finalmente después de sudar como un caballo, hacerme un lío con las cuerdas y darme otro golpe, uno más en un dedo, por fin conseguí terminar la faena. Estaba en la cabina poniéndome el bañador y escuchando de fondo las risas de Anna, cuando de repente, un chirrido escalofriante seguido de una voz metálica ahogó sus risas.
- Atention! Atention!, please! Attenttion!, medames, messieurs! Ladys and gentlemen ! Achtung ! Damen und Herren ! Un moment d’attention, s’il vous plaît. Please, bitte, ein moment! Attention please! Bon jour !, good morning !, guten morgen !…
- Bonjour ! Hallo ! – respondió un coro de voces.
- Comment allez vous ?! How are you ? Wie get’s ihnen ?! Nous sommes en train de fer notre session de gimnastique aquatique. Wir gehen to machen unseren acuastischen Turnklasse. Preparés ?! All ready ?! Avant ! Jean Pierre, music!.
Y tras aquella demostración práctica que cuando uno quiere hacerse entender, el idioma no supones problema alguno, a los acordes del megamix de la temporada, un ruidoso grupo de bañistas de múltiples nacionalidades, y variados niveles de quemadura sobre su piel, se lanzaron al agua para allí, con el agua a la altura del ombligo iniciar la primera actividad del día. No lejos de allí un grupo de señores con más barriga que cerebro intentaban manejar la plancha de windsurf, lo que tiene aun más mérito cuando no hay viento. Y por si con esta no bastaba un grupo de unos quince jóvenes empezaron a pasear con sus motos de agua.
Todo el contacto que tuve con las cristalinas aguas de aquella cala fue el chorrito que una de las motos me lanzó a la cara mientras subía el ancla. Sin mediar palabra pocos minutos después reemprendíamos la marcha, siempre hacia el sur.
continuará….
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Tags: Libros

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