Por culpa de mi amiga Marian, infatigable compañera de actividades acuáticas, llevo unos días en íntima comunión con Mozart. Todo porque un día se le ocurrió decir que estaba hasta las narices de Mozart (más o menos vino a decir eso). En realidad no lo estaba tanto de Mozart en si como de que cada año, en la temporada de conciertos del Palau, le metieran Mozart, Mozart i más Mozart.
Yo no es que sea una mozartiana de pro, quiero decir que aun ha de llegar el día que llore de emoción con una ópera de Mozart, para eso ya está Puccini que llorar tampoco lloro pero casi; supongo que con los años acabaré como Teresa o Sebas que antes del “Si mi Chiamano Mimi” ya van por el tercer Kleenex.
Tampoco me pasa lo que con Wagner, que tras un Parsifal, salgo del teatro en un estado que podría calificar de catalepsia musical.En cualquier caso lo que tengo claro es que ni Puccini, ni Wagner, por más que él considerase lo contrario, habrían sido quienes fueron en la historia de la música si previamente no hubiera existido Mozart.
Total que ahí me tienes repasando Mozart de “pe a pa”, porque mañana me esperan Marian i vete a saber cuantos más para escuchar mi alegato en favor de Wolfrang Amadeus Mozart. Ahí es ná.
Escuchando, escuchando (creo que en mi vida he escuchado tanto Mozart seguido) me he reencontrado con esta increíble aria de Die Zauberflöte.
Una de las árias mas “bajas” jamás escrita para un “bajo”, valga la redundancia; y me ha parecido que, dado que aun no he dedicado ningun post a cantante alguno de esta tesitura. Este era un buen momento para escuchar a Matti Salminen interpretando “In diesen heil’ gen Hallen”.
En algún momento de esta aria llega hasta el Fa1, el fa de más a la izquierda del teclado del piano (que por cierto yo no sé tocar), lo digo porque para poner esto último me he asesorado.
Mañana, ya os explicaré cómo ha ido lo de Mozart, de momento sé que Marian trae croissants.
Popularity: 1%








