Montserrat Caballé – 1982 – Giulio Cesare

    Estos días una buena parte del país, por motivos bien dispares, está pendiente de si, cómo siempre, España, me refiero claro está a la selección de fútbol, queda eliminada en cuartos. (En Media Markt si pasa, te regalan la tele que previamente has tenido que comprar claro, figúrense la confianza que tienen en la escuadra nacional). Y es que al parecer el palmarés de la selección española de futbol, salvo en las olimpiadas del 92, no es demasiado brillante. En el mundial del 82 que se celebró en España consiguió pasar a la segunda ronda pero ahí se quedó.

    giulio-cesareEse mundial, el del naranjito (¡Horror!) y el de Plácido Domingo que interpretó el Himno correspondiente (nadie es perfecto), trajo un pequeño regalo a los amantes de la ópera, en forma de prolongación de la temporada. Los días 8, 10 y 12 de junio de aquel año, Montserrat subió al escenario del Liceu para protagonizar Giulio Cesare de Haendel. Pero no solo se subió al escenario, sino que además se subió, o la subieron a una especie de cama/corona/ no sé muy bien qué, que con el paso del tiempo ha dado pie a una de las fotografías más “divinas” de la diva catalana por excelencia.

    “… hay un elemento que sí ha sido contemplado por la producción de la Deutsche Staatsoper de Berlín y que ahora hemos aplaudido en el Liceo. Me refiero a la escenografía y al coherente vesturaio, ambos como expresión de una época de grandiosidades que, además, se ha logrado con el buen juego de luces y sombras que Vittorio Patane a cuidado con esmero…”

    “… en representación distinguida por la unidad y la notable categoría artística de conjunto, los papeles femeninos, o cantados por voces femeninas, fueron los más brillantes, con una Cleopatra que fue lujo artítico en la versión de Montserrat Caballé. Si el asombro se dio por la manera de utilizar los mecanismos de emisión del sonido, la emoción no pudo ser mayor a conjuro de la más refinada y fascinante dicción de sus arias “Venere bella” y “V’adoro pupille”. La belleza serena emanada de una pureza de tono absoluto, con trasparencia encantadora tuvo por añadidura una fantasía en el ornato y un buen gusto que suponían la más cautivante plasticidad del sonido en fervoroso servicio a la melodía de Haendel. Luego, en el tercer acto, el fraseo de Montserrat Caballé para “Piangeró la sorte mia”, con virtuosismo de gran case tuvo la fuerza interna y la calidad de timbre que más podían conmover. Delicioso, de verdad.” Joan Arnau. La Vanguardia 10/6/1982.

    Pues hete aquí, montada en su cama/corona/sofá/ lo que sea, a Montserrat cantando “V’adoro pupille”

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