Hace años tenía una amiga (digo tenía porque hace mucho que le he perdido la pista) que cuando se separó de su marido, entró en una tienda Timberland, se compró unas botas y para Santiago de compostela que se fue; la cosa tiene más mérito cuando estamos hablando de una mujer cuyo concepto del deporte consistía (repito que hace años que no sé nada de ella) en probarse zapatos. A su regreso de tamaña experiencia, su hija con la que sí tengo relación y muy grata, dicho sea de paso, describió su aspecto de esta manera “Mi madre bajó del tren como levitando, echa unos zorros, pero levitando”. Es de suponer que no tanto por las ampollas, que seguro que las tenía, cómo por la vivencia, que lo suyo no era tanto religión como experiencia iniciática.
Bueno pues más o menos igual llegué yo anoche a casa con una sensación de estar en un nivel supraterrenal como si el mundo se hubiera convertido en una inmensa nube y mis pies (para el caso las ruedas del coche son lo mismo) flotarán sobre él. He de decir que esta sensación se ve enormemente favorecida por la obligatoriedad de circular por la autopista a 80 km/hora.
Siempre he dicho que la ópera italiana y Wagner son amores distintos, lo que ya no sé discernir es quién es el amante y quien el marido. Tannhäusser, para ser precisos Tannhäusser und der Sändgerkrieg Wartburg (Tannhäusser y la justa de cantantes en el Wartburg, no es de extrañar que la cosa se quedara en Tannhäusser a secas) es una de mis operas favoritas. Ya sé que ahora me saldrá alguno de esos wagnerianos integristas, que los hay, diciendo aquello de que en esta ópera Wagner aun no ha desarrollado plenamente su idea del leitmotiv (si no saben lo que es pueden seguir viviendo igual de felices), que tiene demasiadas arias y alguno habrá que diga que raya la opereta. Tengo un amigo, un poco broncas, que dice que si aceleras el metrónomo en esta pieza, parece una de esas cancioncillas que cantan los de Munich en la fiesta de la cerveza. Pues bienvenidas sean las operetas, y al metrónomo dejemoslo tranquilo. Dentro del conjunto de esta ópera tiene un papel muy especial esta breve aria para barítono.
A mis “niñas” (hay algún hombre pero como si no estuviera) que siguen con fidelidad mis “masterclass operísticas de mocho y zapatillas” siempre les doy dos consejos a) llevar los deberes hechos, es decir, conocer la ópera antes de ir al Teatro y b) cuando un aria te gusta escuchala interpretada por diversos cantantes.
Bueno pues si seguís el “leer más…” encontrareis tres extraordinarias interpretaciones, la primera a cargo de Hermann Prey, la segunda de Bryn Terfel y la tercera a cargo de nada más y nada menos que de Dietrich Fischer-Dieskau uno de esos cantantes que mi hermano el “malalt de Bach” (enfermo de Bach) haciendo gala de una capacidad de síntesis digna de mención califica como “la Bestia”, calificativo que él reserva a gente como Caballé, Flagstad y algun otro. Las dos primeras son de You tube y tiene imagen, pero yo recomiendo muy encarecidamente que una vez escuchadas estas, le deis al play del mp3, cerréis los ojos (hacedlo en este orden, porque si lo hacéis al revés es probable que no acertéis el play) y disfrutéis de una pieza de una delicadeza extraordinaria y una no menor dificultad. Es una grabación de los años sesenta, que permite comprobar que en Bayreuth también se tose, por desgracia.
Cómo siempre incluyo el texto en español que en este caso es muy de agradecer.
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