Telefónica y ¡Olé!

Desde esta mi pequeña tribuna, quisiera agradecer a todos aquellos que durante los últimos días se han interesado por mi estado de salud. Es un placer comunicarles que me encuentro perfectamente, y que mi alejamiento de los canales informáticos se ha debido a una pequeña indisposición con telefónica, que me ha llevado a mantener largas y profundas conversaciones con una gran número de personas, todas ellas con nombres compuestos y larguísimos.

Porque digo yo, que no es muy frecuente encontrarse a un Ramiro José, o a un Pedro Javier Martínez, Gonzaléz, de este último puedo dar el nombre completo porque se lo hice repetir y cual no sería mi sorpresa que con semejante nombre tuviera un acento más francés que monsieur Sarkozy.Para mi que lo hacen a propósito, te sueltan un nombre por aquello del trato personalizado, pero a ver quien es el guapo que lo pilla.

Después de acumular hasta cuatro números dinstintos de incidencias, tener que hacer valer día si y día también, que mi incidencia no era de hacía solo cuatro horas sino de cuatro días, y escuchar repetidas veces “el número facilitado no consta en nuestros datos”.Por fin, aconsejada por Maria Nieves (a esta no le pude coger los apellidos) intenté exponer mi queja en el 1004. Y asi es como he aprendido el curioso lenguaje de los robots parlantes.

Ante la palabra ADSL, te derivan de nuevo al servicio técnico, de donde ya venías. Cuando pronuncias teléfono, te mandan a averias pero ahora de voz. Si dices, Reclamación, entonces sí que la has jodido porque se te corta la comunciación (y no es casualidad que lo he comprobado). Lo único que funciona es la palabra comercial. Resultado, ninguno, pero al menos hablas con un ser humano, que como su objetivo final es venderte algo, pone un gran interés en que se te quede el nombre bien grabado; nombre que oh! casualidad es simplemente Maria, María Garcia.

Esta señorita después de intentar convencerme de que el origen de todos mis problemas es que no tengo imagenio, al final me dijo, por cierto muy convencida, que no, que no, que no es verdad que yo no tengo contratado el servicio de asistencia en 12 horas; afirmación ésta que, dicho de paso, entra en contradicción directa con mis facturas.

Pero es que además, añadió, que aunque lo tuviera contratado, cosa que podía hacer en ese mismo momento, ello tampoco significaría que dicho servicio pudiera llevarse a cabo, al menos en los plazos establecidos en dicho contrato, sujeto siempre, claro está, a imponderables técnicos.

Cuando presa de la más absoluta desesperación, te pones en plan (mujer al borde de un ataque de nervios, a la que se le ha caído el parche de hormonas) la tal Maria te sugiere que presentes una reclamación por escrito. Si hombre en eso pensaba yo. le respondes. No, no señora puede hacerlo por internet.

Esta es como mi Windows Vista, un programa de los más gracioso, que lleva cuatro días buscando una solución online al problema de no estar online.
En fin. Cuando se me pase el cabreo igual hablo de otra cosa.


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