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Lo más probable es que, cuando acabe el tercer cigarrillo y decida que ahora sí, que ya es hora de volver, nada más llegar, la secretaria del jefe a quien sí le llevan el café, es decir, Jaime, le salga al paso y con aspecto sonriente le ofrezca una de las siguientes posibilidades:
Opción A. Que le envíen directamente a casa, sin más explicaciones.
Opción B. Que le sugieran desayunar otra vez.
Opción C. Que le den alguna publicación del departamento para que vaya entrando en ambiente y le dejen aparcado en algún rincón.
Incluso en el poco probable caso de que, supiesen exactamente dónde colocarle, y no tuviesen que repartir su nómina con nadie, tampoco se librará de las anteriores opciones, porque el acto de la presentación a su nuevo jefe podrá ser fácilmente aplazado hasta que éste vuelva del congreso donde se encuentra, acabe el cursillo que está haciendo o, simplemente, salga de la reunión de los miércoles.
En cualquier caso, en algún momento llegará el día en que por fin le conocerá, a él y a todos los que a partir de ahora compartirán con usted gran parte de su vida.
El primer problema que se le planteará será el del tratamiento debido. Antiguamente esto no suponía dificultad; todo el mundo era «usted» salvo en las relaciones de igual a igual, y aun así había excepciones. Pero este hábito fue sustituido por el uso y abuso indiscriminado del tú a tú, los unos porque creen que les da un aire más joven y moderno, los otros porque eso del «usted» sonaba a rancio, a cosa de los de antes; y la mayoría porque no conoce las mínimas normas de educación.
Si normalmente usted utiliza la forma del tuteo, no pretenda cambiarla de golpe porque sonaría falso. A favor suyo juega que en estas situaciones normalmente son los otros, los jefes, los que hablan, en parte porque les gusta demostrar que lo son, pero principalmente porque parecen encontrar un gran placer en hablar de sí mismos y, especialmente, cuando hacen referencia a lo muy trabajadores que son. Por ello no ha de sonarle raro que, ya en un principio, lo que tendría que ser una conversación acabe siendo un monólogo, que ocasionalmente se verá interrumpido con algunas preguntas a las que no hace falta que se moleste en contestar, ya que su nuevo jefe no las hace movido por un lógico interés en conocerle, sino para que usted sepa quién es él, y que de paso le servirán para encontrar nuevos temas con que explayarse.
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