Experimentando – escape room y suculentus

Hace un montón de años con motivo de su senseta aniversario a mi sueglo, los hijos y asociados le regalaron/regalamos una cabra. No sé en qué momento de la títpica charla fraterno cuñadil, alguien dijo que :” al Marc li encataria tenir una cabra” lamentablemente nadie atinó a aclarar el concepto “encantaria” y el 12 de marzo de 1987 a mi suegro un señor encantador que habría estado encantado con un reloj, un viaje o un “vale por una cena” tuvo que enfrentarse a la dura prueba de encontrarse en la entrada de casa con una cabra, de nombre camila, que sin ningun pudor se comía el lazo rosa con que la habían engalanado.

Aquello dejó en mi profunda impronta de forma que, cada vez que me encuentro en la situación e recibir algo en forma de sorpresa, el corazón se me acelere.

Este año por Navidad uno de mis hijos y su pareja nos regalaron un tarde de familia con actividades incluidas. En nuestro caso, mira aún era sencillo pero en el mis consuegros era más jodido porque ellos tuvieron que desplazarse desde Italia para vivir la experiencia de un scape room, el Enigma Puccini.

No da miedo, no estas encerrado, y poco o nada tiene que ver con Puccini. Pero como experiencia tiene su gracia. había otro grupo dando tumbos por allí haciendo calculos y elucubraciones, se les veia nivel pro. Por lo que tiene aun más merito que llegasemos empatados, tampoco daban premio. Esta bien que te hacen descuento en entradas que aprovecharan ellos porque yo estoy más servida. No creo que sea un escape room al uso, pero insisto, es otra manera de llevar gente al teatro y fer calaix.

A la salida nos fuimos paseando hasta la Rambla del Raval para cenar en el Suculent, yo no lo conocía más que por referencias y estas me decian que era un restaurante tipo tapa fashion de calidad. Al parecer esto era así, pero ahora no. ahora es un restaurante con ganas de estrella, no de mi, de las otras estrellas.

Es un local alargado con una barra donde se puede comer, una estrechez en el pasillo para ubicar el baño (abierto) no todo claro. primer salon (aquí estuvimos nosotros) y cocina por donde has de pasar forzosamente para ir al salon interior. Sospecho que allí había otro baño o los que estaban no se lavaban las manos y no tenian pipí.

Desde que crucé el previsible ecuador de mi vida intento optimizar mi tiempo así que ante una carta con mas de cinco items, delego la decisión en quien me pille más cerca. Esto de rebote me da la oportunidad de quejarme despues.

Cuando volvi del servicio mi familia había decidido que todos tomariamos el menú L, 68 euros bebidas, i maridajes al margen.

Esto es una captura de pantalla del menu

El cocktail, por mi como si se lo saltan no bebo alcohol ni nada que se le parezca.

la Gelée de naranja y la Wladorf bien. La croqueta (obviamente una) excepcional.

El ceviche de gambita y el Ajoblanco, bien. No hice la ola pero estaban bien por sabor elaboración presentación.

Però amigo llegó el tartar y ya cuando lo pusieron sobre la mesa me vino un olor de esos que te retrotraen la años preteritos lo que en este caso no era precisamente bueno. El olor lo provocaba el “cruixent de pell de pollastre” (crujiente de piel de pollo) No es que estuviera en mal estado ni nada de eso, simplemente la piel de pollo recremada huele así. Y claro la fusión de este olor con la imagen de un bogavante, pues nada que fue unos de esos momentos que dices no, va a ser que no. Para rematar la piel de pollo no era crujiente, la textura me recordó un poco a los caramelos Vda de Solano que no había manera de hincarles el diente. Cuando la señorita, muy amable nos retiro el plato (no los cubiertos) el crujiente estaba en ellos.

De los calçots no diré nada porque estaba bueno y soy consciente del tipo de local donde estaba Pero con lo que no pude ni yo ninguno de los seis fue con esto.

La foto es de la propia web del suculent. Eso que veis ahí es una cresta de gallo. Si, de los que hacen kikiriki. y lo de abajo, otra vez la piel de pollo.

Yo ni me acerqué, mi hijo y mi marido lo probaron y lo describieron como una masa gelatinosa de dificil calificación.

Yo lo siento pero cuando en un restaurante, máxime si tiene aspiraciones y pagas un precio de los que ya se hacen notar, si tu eres el camarero y te encuentras con que una mesa entera ha dejado el plato y una de las señoras te reclama para que lo retires rápido, no sé pero quizá es pedir mucho, pero ya habría agradecido que alguien saliera y dijera “algun problema? podemos hacerle otras cosa”. Pero nada eso al parecer ya no se lleva.

Pero aun faltaba el plato fuerte el steak tartar tibio sobre tuetano. Fue entonces cuando mi hijo tomo parte del tartar con una porción de tuetano deslizandose viscosamente por la parte inferior del tenedor, cuando vino a mi mente aquella gloriosa escena de Indiana Jones en el templo maldito cuando a la joven protagonista le sirven una sopa de ojos. ESta malevola asociacion de ideas me persiguio hasta bien entrada la madrugada. supongo que el fallo es mio y que debí leer la carta y decir (no oiga esto mejor se lo quedan dentro) pero no lo hice. Impagable la cara de mis consuegros.

El calamar con foie fue substituido por un lomo de atun. Bien sin más. El último plato era el cordero, excelente solo que presentarlo como un homenaje al barrio del Raval cuando una es hija de dos personas empezaron a forjar su futuro allí, cuando yo misma en la calle del carmen, cuando de jovencita regresaba con mi hermano del Liceo por la calle sant pau cruzandonos con putas y maricones (lo de los gaysería más tarde) que te saludaban o te preguntaban como había ido la función, pues no sé pero yo habria hecho un homenaje al raval al viejo raval, aquel de cuando el barrio se llamaba chino, y como plato habria elegido, tortilla de patatas, caldo gallego, gazpacho, calamares a la romana, arengades, saitó. Platos que representaban mejor a los padres de los padres que en este barrio encontraron acogida como ahora la encuentran otros padres. Elegir el tabulé, está bien, pero demuestra un alcance historico muy corto mal de nuestros días. Llamenme anticuada.

El postre un puro trámite.

De mi estancia en el suculent quedó una pregunta en el aire. qué cara puso el carnicero cuando le dijeron me quedó con todas las crestas y la piel de sus pollos. Y , y más importante, ¿que han hecho con el resto de los pollos?

Resumiendo, que hubo platos que estaban bien y otros no tanto, pero yo hubiera preferido otro tipo de cena que no me diera pesadillas. Lo mejor de la jornada, la compañia.

Nota. En más de 10 años de vida de este blog, muy pocas veces he hablado de restaurantes, no confundir con sitios donde comer y siempre porque he comido bien.

Las fotos son de la propia web del suculent, cuyo enlace encontrareis aqui abajo

¿tienes algo que decir?

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.