Sentirse superada

Cuando lo del primero de octubre, eso de lo que muchos no tenéis ni pajorera idea de lo que realmente fue porque no os han dado oportunidad de saberlo y también, para qué negarlo, porque no habéis tenido ni el menos interés en averiguarlo; a raíz de aquello estuve unos días, demasiados, “tocada”.

Pasados los sesenta me costaba asumir que el pasado volvía a plantarse frente a mi bajo la forma de una porra y una cara tapada con un pasamontañas.  Con el paso de los meses ese pasamontañas se ha ido levantando y la lista de los despropósitos de esta España rancia, fascistoide con aires de sainete pero actos de dictadura sin reprocesar ha ido haciéndose cada vez más larga y ahora a esos “descerebrados” catalanes que buscaban la independencia y que ahora ya hablamos directamente de justicia y libertad se han unido unos irresponsables que no quieren ver un muro ante las puertas de sus casas, mujeres que han caído en la cuenta de que si quieren igualdad la tendrán que pelear, cantantes censurados, periódicos capados, artistas y periodistas enmudecidos.

La España de los sesenta esta aquí y casi con los mismos nombres.

Pero el día a día puede con todo y a pesar de que dedico una buena parte de mi tiempo a seguir los detalles de este momento histórico que preferiría no tener que vivir, la nevera que se vacía, el recibo que llega, la celebración familiar del domingo , todas esas pequeñas cosas que forman la vida reclaman su espacio y su tiempo  y al final te acostumbras a vivir en la anomalía.

La semana pasada, de repente, la realidad superó de nuevo mis peores presagios y la sentencia de la manada cayó sobre mí, como sobre todas las mujeres normales (excluyo a esas que por mantener una pose política son capaces de renunciar a la verdad) como una losa de realidad.

Este país es una mierda así de simple. A estas alturas, he perdido la esperanza, si algún día la tuve, de que España tenga alguna posibilidad de salir de ese agujero negro en que anda metida.

Rajoy caerá, mañana, pasado o dentro de un año y quien venga será aun peor. Lo grave es que llegará porque le habrán votado, le votarán porque es un chico majo, porque habla bien, porque miente mejor.

Y desde la ceguera que provoca sentarse día tras día ante el televisor para seguir los dimes y diretes del De luxe,  acabaran pensando que Franco era un buen hombre y que eso de la guerra ya no hay que tocarlo, que fue hace mucho tiempo y que los muertos, muertos están Y que los catalanes están todos sonaos

¡Con lo bien que se vive en España!

De verdad que lo siento pero vivís en un país que no tiene remedio, por lo que hace a Catalunya, pues qué queréis que os diga, que igual yo ya no llego a tiempo porque hay cosas que se cuecen a fuego lento, pero aunque el papel tarde años en llegar, Catalunya ya no es España, en realidad dudo que lo haya sido nunca.

Supongo que llegados a este punto habré perdido lectores, tampoco es que importe mucho, los amigos los seguiré teniendo porque con los amigos me siento y hablo y hablando siempre existe la posibilidad de llegar a un punto de encuentro.

La fotografia del “no es no” la encontré en Escritura feminista

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