Aquellos “Sant Jordi”, crónicas erráticas

Por los anuncios que adornan mi web seguro que ya sabeis que yo vendo mis libros en Amazon y sólo en Amazon, esto no fue siempre así.

Yo empecé con esto de los libros, casi por casualidad,  en una editorial al uso, una de esas que cuando aterrizas allí te dicen aquello de “para nosotros lo más importante es el autor” y tu, gilipollas, vas y te lo crees y no sin razón. Porque acabas de publicar tu primer libro, en realidad el segundo, te han hecho la primera entrevista, por cierto que mi primera entrevista fue en la COPE (manda guebs) y toda tú te sientes merecedora del calor del lector que te hace firmar  autografos  hasta al paki de la esquina,  y si se tercia, llegado el momento a poder ser en vida; descubrir la placa que da tu nombre a una calle, aunque tengas nombre de lejía o cerveza.

En ese periodo que por motivos personales, fue proporcionalmente corto pero  objetivamente intenso, tuve la oportunidad de vivir  como “protagonista” algunos Sant Jordi. Una gran  experiencia no siempre  del todo satisfactoria.

Lo más destacable de mi primer Sant Jordi,  con fue que la mayor parte del tiempo en Busca del Arca perdida, en este caso más que arca, libros.  Porque a la mayoría de lugares donde fui convocada el público estaba allí,  yo tampoco  es que fuera  TErenci Moix pero bueno tenía mi publico. La cuestión es que gente había, libros en cambio no.  Respuesta de la editorial “Se han agotado, no pensabamos que se vendieran tantos” que si te dicen eso a las ocho de la tarde ¡Coño!  te da un subidón, pero no , a mi pasó antes de comer y así siguió hasta la última parada del recorrido donde si había libros pero no lavabo y yo a aquellas horas tenía  una imperiosa necesidad de ir al servicio.

Cosa que pude hacer en Happy Books que era donde, por aquel entonces se hacía lo que vendría a ser el fin de fiesta.

Allí estaban “todos” , beuno eso me dijeron porque apurada como iba entre disparada al servicio donde coincidí con una eximia escritora catalana, cuyo nombre obviaré porque sigue en activo y allí nos quedamos las dos encerradas, ella con un ataque de ansiedad y yo dando patadas en la puerta para que me sacaran de allí, si ella quería seguir hipervenilando, era su promesa.

Una experiencia interesante que casi quedó olvidada al año siguiente, el único digamos que normal porque en esa ocasión si que habían libros míos pero también habían los de Jesus Montcada con quien me unieron  a modo de pareja virtual. Que si que el hombre era un encanto, y un verdadero pozo de sabiduria durante aquella mañana aprendí mucho, de él, como por ejemplo que le iba mejor que le pasara los libros abiertos por el lado derecho que le venía mejor para hacer sus dibujos, porque Jesus siempre hacía un dibujo para sus lectores. Así la cola se alarga me dijo con una sonrisa traviesa. Sí yo también firmé, menos que él ,  pero firmé.

Pero de largo, muy de largo mi Sant Jordi más surrealista fue el útimo justo antes de mi retirada a los cuarteles de invierno.

Fue un año en que, por azares de la vida ,después de ir dando tumbos, buscando servicios y comiendo bocatas a deshora, finalmente aterricé en la rambla delante del cine capitol, donde me esperaba una silla vacía y una pegatina con mi nombre. Una silla situada entre Javier Cardenas y Carmen de Mairena. Sí, si podéis reír todo lo que queráis, yo ahora lo cuento y segun como me hace  pero yo me pasé la tarde tapandome la cara por si pasaba por allí alguna vecina. Parece que conseguí mi objetivo porque nunca he visto ninguna foto de aquel nefasto momento en la que se me viera más allá de las gafas de sol.

Y bueno este vendria a ser un resumen a groso modo de mis Sant Jordis. Tengo alguno más pero esos fueron  más normales y por tanto gratificantes. Pero sin ninguna duda lo de los  e-book es infinitamente más descansado.

No sé quien es el autor de esta foto, estaba en google sin indicación de la autoria

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