De currículums y otros méritos

Últimamente en este país se habla mucho de los másters y otras titulaciones que en el fondo, salvo que uno se dedique a lo que sea en tanto que profesional liberal nunca a sueldo de una empresa pública o similar,  no son más que meros items en el currículum personal, con el único objetivo de redimensionar al alza la valía personal del sujeto, algo que no siempre se consigue.  Tanto currículum arriba o abajo me ha llevado a volver al pasado y reencontrarme con mis propias palabras de hace unos cuantos años. Palabras que, lamentablemente siguen siendo válidas.

Los méritos – del libro “El arte de Medrar”

Montse ya se ocupa de los palizas del teléfono que aún le persiguen, ahora para venderle una edición facsímil comentada del mapamundi de Abraham Cresques, que ni puñetera falta que le hace. Si se ha de redactar una carta o un informe, salvo casos excepcionales, también lo puede dejar en sus manos: ha resultado ser una experta en el arte de fusilar el trabajo de los demás. Esto quiere decir que usted dispone de mucho tiempo libre. Tiempo que puede invertir en la preparación de su estrategia definitiva, que pasa, en primer lugar, por la confección de un buen currículum, cuya importancia es trascendental, dado que a los cargos a que opta sólo se llega por la vía de los méritos.

Los méritos personales se recogen en el currículum, que se divide en tres grandes apartados, el personal, el académico y el profesional.  El primero es el único que siempre será leído íntegramente, porque su estado civil, o la calle donde vive, son cosas que interesan a todo el mundo, desde el funcionario de registro hasta el director general. No obstante, al margen del lícito interés que en los demás pueda despertar su vida privada, el peso específico, y nunca mejor dicho, de un currículum corresponde a los apartados reservados al historial académico y profesional.

A la hora de confeccionar un currículum, nunca se ha de olvidar a quién va dirigido -en este caso, a miembros de la Administración-, y adaptar la metodología y el lenguaje utilizados a las especiales características de su destinatario, que probablemente sea alguien que hace tanto tiempo que da vueltas por la parte alta de los organigramas, que fácilmente puede haber olvidado lo que se cuece abajo. Esto quiere decir que tendrá que hacer un esfuerzo y utilizar una redacción clara y lo bastante contundente como para que al receptor no le quede ninguna duda sobre quién es usted y qué ha estado haciendo hasta ahora. 

Por ejemplo :

Si usted ha estado dos años comprando bolígrafos en la sección de suministros, lo que realmente ha hecho, aunque no lo parezca, es colaborar en la gestión de la partida presupuestaria destinada a material fungible, en la que, aunque las cifras globales podrían parecer no muy satisfactorias, el hecho es que se ha producido un notable ahorro desde el punto de vista porcentual, que hace prever un reajuste de los resultados para próximos  ejercicios, que previsiblemente conducirán a una mayor optimización de los recursos.  Es decir, que lo que ha ahorrado en bolis se lo ha gastado en rotuladores, que duran menos y se pierden más, lo que, seguro, optimizará los resultados del suministrador.

Si no ha conseguido sacar la nariz de la biblioteca, no tenga ningún reparo en decir que tiene a su cargo la responsabilidad del patrimonio histórico-cultural de la entidad, pese a que, ahora, aún no esté seguro de si en el año 93 se dejó de publicar el BOE o si simplemente es que no lo ha sabido encontrar.

Si en los tres últimos años, su aportación a la mejora de la gestión pública se ha limitado a fusilar cuatro informes no vinculantes, que no han servido para nada. Y todo lo que hasta la fecha ha sido capaz de hacer, es matar el tiempo haciendo crucigramas, charlar con todo el mundo y llevar un control exhaustivo de todos y cada uno de los movimientos de la jefa de Servicio de la segunda. Entonces, lo que le hace falta es mucha imaginación y hacer uso de una redacción lo menos clara y contundente posible, porque lo que a usted le conviene es nadie llegue a saber quién es ni qué ha estado haciendo hasta ahora.

Las palabras colaboración y responsabilidad no han de faltar nunca en un currículum con aspiraciones, ya que éstas son cualidades muy apreciadas por los que están más arriba, que son los que le han de hacer subir. Así, en caso de ser usted el agraciado con el nombramiento, sabrán de antemano que pueden contar con su colaboración incondicional para llevar las cosas adelante ; y si, por alguna razón, las cosas que tenían que ir adelante acaban yendo hacia atrás, no tendrán ningún problema en encontrar un responsable, porque sabrán perfectamente dónde ir a buscarlo.

Pero no se asuste, porque usted, por su parte, lo que ha de hacer es darse prisa en formar a su alrededor un equipo que haga suya la idea básica de colaboración, y que cuando vengan mal dadas asuma la responsabilidad que los demás pretendan endosarle. Y no hace falta que les distraiga del trabajo con el tema de los éxitos, porque de eso ya se puede hacer cargo usted mismo, si es que los de más arriba le dejan. Y recuerde no caer en el error de relacionar exhaustivamente todos los papeles en que su colaboración se ha limitado a añadir una coma, porque tal vez alguien que no sabía que la coma era cosa suya, ahora podría hacerle responsable de ella. Pero tampoco hace falta que se afane mucho en este apartado, porque no es en la experiencia profesional donde se juega el cargo. Donde ha de poner todo el énfasis, y donde a la vez encontrará más facilidades para argumentar su supuesta capacidad, será en el capítulo académico.

Que tiene titulación académica se da por supuesto, así que, salvo que pueda lucir un Cum laude, que no es el caso, limítese a mencionar la licenciatura sólo de paso. Pero si ha presentado una tesis, pese a que en este caso, probablemente, este tipo de administración ya no le interese, no se prive de nombrar a todos los que de forma desinteresada, contribuyeron con su apoyo a llevarla a cabo. Haciendo mención especial a los posibles conocidos del director general, miembros destacados del partido, o independientes de solvencia contrastada. El peso específico, y nunca mejor dicho, de un currículum radica en los cursillos de todo tipo, muy especialmente en aquellos que la misma Administración, consciente del interés que la formación continuada despierta en sus miembros, organiza, y que abarcan un abanico de posibilidades muy amplio, que va desde los cursillos de idiomas hasta los de recursos humanos, pasando por los de relaciones institucionales, protocolo, relaciones con Europa, los de análisis de variables, estadística, optimización de recursos, análisis de la frustración, etc.

No es raro que, ante este gran mercado potencial, la Administración acabe creando sus propias academias, con éxito garantizado desde el primer momento, ya que tienen asegurada la clientela. El interés por los cursillos es enorme, tanto, que los sindicatos acostumbran a plantear como punto fijo de sus reivindicaciones los programas de formación continuada. Y todo esto no es por un interés especial de los funcionarios en mantener o ampliar sus conocimientos, sino porque, en la Administración, los cursillos tienen su precio, que no es las 120 o 1.200 euros que normalmente tendríamos que pagar si se tratara de otro tipo de academias, sino de los 120 o 1.200 que nosotros podemos llegar a ganar de más por el solo hecho de haber asistido.

En la Administración, los cursillos valen puntos, y los puntos son dinero. Así lo dice la normativa que han redactado los técnicos; técnicos son los que tienen mayor interés en asistir, y técnicos son los que los organizan. Por eso, si usted es técnico no tendrá ningún problema en el momento de elegir el cursillo que más le convenga, ni tampoco demasiados inconvenientes para hacerlo. En cambio Montse, al cabo del año, con suerte quizás encontrará uno o dos cursillos para ella, a los que lamentablemente no podrá asistir, porque si ella no está, nadie coge el teléfono. Saque el jugo a las tardes pasadas con su superior y seguro que a fines de año habrá hecho, no uno, sino tres o cuatro cursillos que valen su peso en puntos, que es como decir oro. Si consigue hacer cinco, lo más probable es que pronto le propongan como colaborador para el sexto: lo cual, además de puntos, da dietas. De rebote, y sumando los cursillos y las reuniones preparatorias, quedará plenamente justificado que cada día acabe más tarde. Consiguiendo que su imagen de persona entregada al trabajo sea casi perfecta.

Tanto o más importante que el contenido de un currículum es su presentación. El currículo ha de estar debidamente encuadernado y presentado dentro de una carpeta, nunca de piel.  Incluya un índice, lo bastante completo y extenso como para que a nadie se le ocurra mirar el resto, manteniendo, eso sí, la adecuada proporción entre el volumen de ambas partes. No adjunte fotocopias a tamaño real de los títulos académicos, ni la orla de su promoción, aunque en ella aparezca marcado con una crucecita el actual director general.

En cuanto al peso, a continuación facilitamos unas magnitudes orientativas: Para jefe de Sección  entre 50 y 100 gramos. Para jefe de Servicio  entre 100 y 250 gramos. Para subdirector entre 250 y 600 gramos.

Caso aparte son los médicos, cuyos currículums superan fácilmente los 2.000 gramos. Pero también hay que hacer alguna advertencia, porque nunca es conveniente caer en excesos; por tanto, se tendrá que seleccionar el número de certificados de asistencia a congresos que se incluyen, porque todo el mundo sabe qué es un congreso y a qué se va. De la misma forma, cuando se hace referencia a la publicación de algún trabajo, no hay que incluir fotocopia de la revista entera. Con el trozo que le corresponde hay suficiente, porque tampoco se lo leerán.

Por encima de estos niveles ya no hace falta currículum; es más bien una cuestión de fotos, es decir, del número de fotos en las que, a lo largo de su carrera, haya conseguido salir y al lado de quién.