Andrea Chenier – la previa

Ayer tuve la oportunidad de asistir a la previa de la tan esperada Andrea Chenier que se estrena mañana viernes.

Esperada por los que aman producciones clásicas, esas cuyo principio básico es el rigor tanto para el contexto, como por la historia,  llevado a sus últimas consecuencias. Es tan y tan clásica esta producción que yo casi le diría alguno de mis amigos que mejor lo dejen

Aunque si no tienen entradas y pretender verla, especialmente los días 9, 12 o 15, mejor que lo dejen porque esos días es cuando canta (DLQ) Herr Kaufmann el gran atractivo de esta ópera juntamente, no lo olvidemos con el debut en el papel de Maddalena de Coigny de Sondra Radvanovski  y el incombustible Carlos  Alvarez. Esta conjunción de variables hace que  para mañana el aspecto del teatro sea este.

 

 

Lo que se conoce como “una gran noche”, para el dia 12 y el 15, quedan unas pocas más pero que seguro se venderan con lo que el teatro podrá colgar el cartel de Sold out.

No, ayer no cantaba Kaufmann ni Sondra, ayer era el segundo reparto, no me gusta hablar de los cantantes en los ensayos porque son eso ENSAYOS, aunque los hay que parecer pasar por alto este PEQUEÑO detalle y cogen unos cabreos importantes.

Lo más destacable de ayer para mi, fue una circunstancia que a muchos molestará y si mañana sucede a mi también, pero ayer era un ensayo y desde hace ya unas temporadas a los ensayos acuden numerosos grupos de estudiantes  en la franja de edad del bachillerato.

Normalmente los situan cerca de las localidades de los voluntarios. Yo siempre me fijo en sus reacciones, la de ayer se hizo notar.

La primera parte del ensayo, transcurrió por un terreno a medio camino entre frialdad y el aburrimiento, pero insisto que de voces no hay que hablar en los ensayos.  En cualquier caso cómo suele suceder los cantantes y en general todo  el conjunto fue creciendo en intensidad. El primero el maestro Pinchas Steinberg que en algún momento llegó a empujar  con su propia voz a la soprano.

Fuera como fuera el soberano dramon que es esta ópera, fue in crescendo y al terminar  el último duo, cuando Andrea y Madalenna se toman de la mano y dan la espalda a la sala inciando el camino hacia la guillotina (ya he dicho que era un dramon),  un sector del público, movido  sin duda por la emoción contenida rompió en aplausos.

El maestro siguió con la música, hasta que la paró y volviendose hacia el auditorio se permitió recordar que no se aplaude hasta que la música termina.

Aquella explosión de sentimientos en forma de aplauso habia nacido de forma espontanea en el segundo piso, en aquel numeroso grupo de jovenes  que según algunos solo piensan en pantallitas.

Hace unos días acompañé un grupo de estudiantes de medio mundo que se preparaban para un master  en administración de empresas, era una visita a escenario y como siempre al terminar  les “enchufé” uno de mis speech preferidos aquel que dice que el teatro en el fondo es una empresa que vende un producto y que como tal hay que entenderla y gestionarla.

A mi entender un teatro de opera no puede permitirse que con la excusa de que la cultura es cara, el dinero caiga en un saco sin fondo, esperando que llegue la subvención porque cuando no llega todo se va a tomar por saco (eso no lo digo en parte porque no sé decirlo en ingles de una forma educada)

Pero, y eso es muy importante, siempre hay que tener presente qué producto vende el teatro. Los hay que dicen que es arte, cultura, música. Otros más románticos diran que vende belleza, voz, sueños. Todo eso es cierto pero en realidad lo que hace que la ópera siga viva después de tantos años, les que el producto que vende es emoción. La emoción que ayer sintieron aquellos jovenes.

Mañana el estreno

fotografias ©antonio bofill

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