Admirando Los girasoles – Van Gogh – National Gallery

Esos son los más que famosos girasoles de Van Gogh,  concretamente estos se pueden admirar  en la national Gallery.

Siendo yo aun una cría tuve una profesora de dibujo que quizá sin pretenderlo  acabó marcando y mucho mi vida. Ella fue la que me enseñó a extender el brazo cerrar un ojo y medir proporciones, ella me explicó que aquello que yo hacía por intuición, se llamaba situar el punto/puntos de fuga.  Pero sobretodo ella fue quien me dijo que los cuadros no se miran sino que se admiran.

Ella decía que para contemplar un cuadro lo primero era tomar distancia, observar el conjunto, las manchas de color el efecto general, el equilibrio de las masas. Después había que fijar la atención en los detalles, el trazo, la escala de colores, la profundidad, el realismo o no, y finalmente dejar que los ojos vagasen por el lienzo hasta que por si solos encontrasen ese punto de equilibrio que da sentido a  todo. Algo que toda obra de arte encierra, aquello que probablemente el artista tenía en mente desde el principio, alrededor del cual gira toda la obra. Lamentablemente esto pide su tiempo.

Esta tarde  he entrado, una vez más en La National Gallery y me he ido directamente a las salas de los impresionistas y allí entre Cezanne, Gaughin, Degas está Vincent y sus catorce girasoles en un jarrón. Un highlight un “must” un “inexcusable” y de ahí que el desfile de gente ante él sea constante.

Hasta hace relativamente poco tiempo la gente que visitaba museos solia plantarse delante del cuadro, el que fuera, así con aires de intelectual y permanecían allí plantados aguantando la pose , fastidiando a los de atrás con cara de autocomplacencia no tanto por lo bello de la obra, como por lo listo que parece uno con la mano en la barbilla y los ojos entornados.

Pero ese narcisismo intelectual empieza a ser cosa del pasado,  hoy en dia la actitud ante el arte es otra.

Ha sido precisamente ante los girasoles, donde he encontrado esta joven haciendose un selfie.

Y otro,

Y unos cuantos más, No le convencía su sonrisa.

Sin poderlo evitar ella, su bolsito con borla y su jersey amarillo reivindicativo ha acaparado mi atención y al cabo de un momento ya  estaba yo sentada ante el famoso cuadro.

Con un montón de gente de por medio.

Gente y más gente que básicamente hacían todos los mismos, acercarse al cuadro sacar el telefono, algunos la tablet y click (la mayoria llevan el ruido activado) Con la foto ya en la memoria,  media vuelta y a por otra obra maestra.

¿Pero qué hace ahí mi amiga?. Pues nada que aun no está satisfecha.

Los artwork hunter es una especie que no tiene edad ni condición, es un fenómeno universal.

 

Niños o ancianos, hombres o mujeres, jóvenes o ancianos, calvos o con pelo, rubios o morenos, todo quisque tiene un smartphone y un Van Gogh dentro.

Poco importa si ese cuadro tiene tres, cinco, doce o catorce girasoles, es un Van Gogh y yo ya lo tengo. Es como coleccionar cromos de la liga, solo que los cromos igual hasta puede que en un momento de nostalgia los mires, en cambio los cuadros iran a parar a la papelera previo paso por la nube.

Pero, ¿ y mi amiga?

En todo el tiempo que he estado allí sentada, las únicas personas que han dedicado casi un minuto de su vida a admirar el cuadro, sin fotografiarlo han sido  dos niñas.

Ellas son las únicas que han observado el conjunto, los detalles y no sé han encontrado ese punto mágico que se llama  belleza.

Y mientras todo eso sucedía…

Sí ahora sí,  has quedado perfecta. Ya puedes ir a bucar un Degas. En la sala de al lado hay uno que combina muy bien con el pompóm del bolsito.

Resumiendo que el mundo cambia y con él también la forma de ver el arte.

Darle la espalda a Van Gogh no tiene porqué ser necesariamente malo, al fin y al cabo qué hará más feliz a mamá ver unas flores en un jarrón o ver a la niña, que mira qué llega ser maja.