New year resolutions – Apuntarse al gimnasio y no ir

Nunca he sido muy dada a eso de los grandes o pequeños propósitos, lo de apuntarse al  gimnasio nunca lo vinculé a los michelines post navidad ni a la operación bikini, y ahora ya prefiero los largos paseos y las inacabables sesiones de estiramientos, cosa de las hernias discales. Con el inglés que sé, tengo más que suficiente, estoy de largo por encima de la media de la Moncloa. Pero, este año sí, este año me he hecho un firme propósito, de los dificiles. No, no es dejar de fumar, cosa que hice hace tiempo y así de sopetón. Lo mío es más difícil.

Los últimos meses han estado marcados por una montaña rusa de emociones y estados de ánimo, de la ilusión al desconcierto, de la rabia al miedo, de la incredulidad a la certeza, del desasosiego a la calma, de la alegria al más grande de los cabreos.

Cabrearse o enfadarse, por decirlo más correctamente, es una de las peores situaciones anímicas en las que puede encontrarse un ser humano. Cómo siempre decía mi madre cuando me enfadaba con mis hermanos mayores. “tindrás dues feines enfadar-te i desenfadar-te” Lo he puesto en catalan porque mi madre era gallega pero siempre hablaba catalán. Es más cuando se veía en la obligación de hablar en castellano algo normal en la mayor parte del tiempo que le tocó vivir, parecía que acabase de dejar las vacas, quizá en eso tuvo algo que ver el detalle que nadie se molestó en llevarla a la escuela.

Yo siempre he pensado que tenía razón, lo que no implica que le hiciera mucho caso.

Pero me he hecho mayor y mi entorno ha cambiado, en los últimos tiempos mucho. Y todos los días, me asaltan más y mayores motivos para cabrearme.  Barcenas en Vielha, Urdangarin en roma, Leonor que si cobra o no cobra un sueldo. ES igual si no lo cobra ahora, lo cobrará dentro de nada. Los titulos nobiliarios del franquismo. Pederastas pillados casi infraganti, que se pasean tranquilamente igual hasta van a la cabalgata.

 

Energúmenos que explotan petardos en la boca de un gato,  otros que siguen manteniendo que lo de los toros es un arte. Gente que cuestiona lo que es incuestionable.

 

Pues ese es mi propósito para este año, no cabrearme.  Tomarme mi tiempo para todo, especialmente para controlar el dedo índice, ese que cuando quieres darte cuenta ya ha retwiteado algo, y que junto con sus amigos los otros nueve dedos, todos de acuerdo sonc capaces de  convertir en palabras la rabia contenida. Hace días que lo intento llevar a la práctica, y voy mejorando porque hoy, por ejemplo, no he sentido el ardor de estómago ese tan característico que precede al momento de “entrar al trapo” virtualmene. No, hoy solo he sentido pena y tristeza, demasiada tristeza.

 

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