Niños burbuja

A lo largo de toda mi vida he tenido la tensión baja, una herencia de mi padre, junto con la migraña. Lo de las fincas, los pisos de alquiler y la maleta del dinero, todo eso creo que me lo dejará en la cuarta resurrección. Tener la tensión baja en este punto de mi trayectoria vital, empieza a ser una bendición. Cada vez más son los amigos/conocidos, especialmente hombres, que se toman la pastillita (no la azul, bueno no sé quizá si).

Ahora lo veo así, más o menos bien,  però en el pasado no era lo mismo, con el trajín/stress de los tres críos, esa mala costumbre de las mujeres de ir derrochando sangre periódicamente a lo que según la temporada había que sumar el calor, (porque desde siempre en este pais ha hecho calor) pues todo esto junto llevaba, casi inevitablemente a que en el momento más inoportuno, en el corte ingles comprando libros del cole, en la pescaderia o esperando un semàforo en la esquina de Muntaner con Mallorca, servidora rodase por los suelos.

Nada serio, afortunadamente siempre habia alguien cerca que me levantaba los pies y al poco ya estaba de nuevo en este mundo mientras mis hijos seguian discutiendo  quién se quedaba el estuche de las tortugas ninja.

Lo que nunca me pasó es que alguien llamase a una ambulancia y mucho menos que al depertar tuviera delante una equipo de La Sexta.  Como el que hoy ha  hecho diversas conexiones en directo desde un colegio para dar el parte AL MINUTO del estado de los alumnos. (hoy tenía cosas que planchar y  no me pregunten porque pero yo sin tele no plancho) así pues he estado un buen rato con la tele, la plancha y un ventilador.

Así he podido  saber que ayer 40, no uno dos o tres, sino cuarenta chiquillos sufrieron un golpe de calor, que un ministro ha dicho algo de un abanico, supongo que diria algo más, pero eso ya no les interesaba y yo me he quedado sin saberlo.  ¡dios! pero porquè son tan y tan pesados, todos sin excepción.

Suerte que solo eran seis camisas y pronto he podido cerrar  la tele,

Lo de los niños y el golpe de calor, pues no sé serà verdad, pero  caray no deja de impresionarme. Porque calor, lo ha hecho siempre  este año un poco más, quizá, pero de ahi a producirse una catarsis colectiva como esa. Claro que igual para los pobres chavales es mucho,  acostumbrados como estan a tener aire acondicionado en casa, sea un daikin o un pinguino del carrefour, a que mama a la que les caiga una gota de sudor corra con el kleenex a secarle la frente y les pellizque el brazo por si hay sintomas de deshidratación.

Sí exagero, lo sé, pero ellos también.

¿Realmente era necesario pasar ante las camaras con un “pinguino” ( de los del Carrefour)?

Agua para beber, ropa ligera, persianas bajadas, clases light (estamos a final de curso) y en el patio una manguera. ay! no que igual se mojan, se resfrian o lo que es aun peor, resbalan y se caen y entonces que corriendo al ambulatorio.

Tengo la certeza (ya no la sensación) de que sube una generación de inutiles criada por más inutiles incapaces de enfrentarse a casi nada salvo tutela de padre madre o estado y supongo que yo como todos tengo mi parte de culpa. Aunque me cuesta creer que mis hijos encajen en el target “señor con pinguino al hombro a la puerta del cole”.

Porque me pregunto, cuando salen del cole qué pasa, ¿ya no hace calor? ¿ya no es noticia un golpe de calor en la playa? hace menos calor en casa de la abuela a la que quiza hace semanas que no van a ver?. ah, claro lo de la abuela no es noticia salvo que se la encuentren tiesa.

Decididamente me cuesta entenderlo y eso es, me temo, porque soy de otra generación aquella que cuando te caias nadie preguntaba si el cole tenia la poliza de seguros en regla, ni te llevaban al ambulatorio, te  ponían mercromina. Eran otros tiempos  no nos daban actimel y sobreviviamos. merendabamos pan con chocolate y sobreviviamos.  Cuando te venia la regla la madre superiora te  enchufaba un terron de azúcar con agua del Carmen y sobrevivias.  Te tirabas de bomba a la piscina y sobrevivias.  El profe te castigaba y despues te castigaba tu padre y no solo sobreviviamos sino que hasta queriamos a nuestro padre. Una generación que cuando apretaba el frio ete ponias calcetines largos, el abrigo de uniforme comprado en Pantaleon i hermanos y a encender la estufa, una superser,  tan eficaz que ella sola  era capaz de intoxicar a los 40 alumnos por clase.

 




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