Buenos Aires – Tierra de poetas

Pues si, damas y caballeros me encuentro en, como diría, Abril, imbuida de Mafalda,  “a la part de baix de la bola” (en la parte de abajo de la bola) .  Y mira que está lejos, OMG,   El vuelo bien, gracias.   El avion correcto, no se movió más de lo necesario y se podría decir que fue lo que se conoce un vuelo placentero, un placentero vuelo de más de trece horas.  Que dan  para cenar.  Decentemente.

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Las pasta estaba muy bien y el pollo que era la otra opción me informan que estaba bien y caliente.  El espacio vital, es el que hay, salvo que puedas pagar Business, así que a levantarse de tanto en tanto, moverles los pies y confiar que la Dormidina haga su parte, que ya digo que no la hizo porque dormir, lo que se dice dormir,  pues no. ¡Cómo envidio a esa gente que llega se sienta, y a los dos minutos ya los tienes con los cascos de medio lado la boca entreabierta al más puro estilo Pepe Blanco o Rita Barberà en el congreso/senado respectivamente y hasta que suenan los aplausos post aterrizaje; porque en Aerolíneas Argentinas, la gente, mayoritariamente argentina, aplaude.  A mi lado viajaba una chica de unos veintipocos que llegó se sentó, y en todo el vuelo, no comió, no bebió, ni tan siquiera fue al servicio.

Y donde no hay descanso hay tele.  Empecé con la segunda parte de Mi gran boda griega,  una demostración más de que segundas partes… lo que no sabía yo era que la película estuviera censurada, en plan estúpido porque lo de censurar estatuas es un poco exagerado, pero ahí está la prueba.

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A las dos de la madrugada, lo que vendría a ser las 7 en España tomé mi primer desayuno, y a las cuatro aterrizábamos en Ezeiza.  Primera parada, tras el servicio, y el control de pasaportes, por cierto aquí te hacen una foto y te toman la huella del pulgar, raro no, lo del pulgar al menos.  Maletas recuperadas y a cambiar moneda. Perdone pero este billete no se lo puedo cambiar dijo el joven que a las cuatro de la mañana le había tocado estar en la oficina del aeropuerto, del Banco de la Nación Argentina . total porque uno de los billetes llevaba escrito “Isidoro”, nada  alusivo al nombre de guerra de Felipe Gonzalez, allà por los setenta. Cuando vienen escritos solo admitimos los pesos argentinos, aclaró. ¿Y eso? pregunté Bueno es que si no los admitieramos no podriamos cambiar moneda, los pesos siempre vienen escritos.  Extremo, éste que recién empiezo a comprobar..  Huy ese “recién” me ha quedado muy porteño. Y es que los argentinos siempre he pensado tienen alma de poeta y no se privan de expresarlo.

Del aeropuerto en si poco puedo decir, dado mi lamentable estado,  pero aun en mi precariedad no pude dejar de asombrarme de estar pisando el primer aeropuerto enmoquetado, ENMOQUETADO, de mi vida.20161005_042653

Ya con un fajo de pesos en el bolsillo, no porque no caben; porque tu llegas aquí con unos cuantos euros y sales con una morterada, aparente, de pesos.  Rapidamente a buscar el taxi  que van a dar las cinco.

El taxi era una furgoneta de las que habitualmente hacen el reparto de yogures u otras mercancias en BCN, una peugot modelo “patagonica”  que olia a todo menos lindo, con un cartel que reza “cierre despacio” cuando lo primero que te dice el conductor es “¡Dele fuerte, Dele!”. Por cierto que el conductor guiaba el auto con el brazo derecho permanentemente, estirado como para agarrar una chavala inexistente.  Y entonces, me vino a la cabeza el piloto aquél que meses atrás  salio hacia Kuala Lumpur y acabó en Melbourne.

¡Dios! me he equivocado y estoy en Italia. pensé.  Y no creo que fuera demasiado desencaminada porque si bien es cierto que por aquí hablan español, su español. Lo italiano, todo lo italiano, es mayoría,

Y hasta aquí mis primeras horas en  la parte de abajo de la bola.  Las primeras horas de un día extraño con tres desayuno y mucho sueño.