Opera y palomitas.

La semana pasada fui a  la ópera. Hasta aquí nada extraordinario o sí porque algunos muy avispados ya se han dado cuenta de que no he dicho ni MU acerca del Otelo del Liceu, y eso es porque al final no fui. Como digo siempre, yo a la opera no voy a sufrir ni por los difuntos; que los hay, ni por los cantantes, ¡OMG! y menos por las puestas en escena.

La semana pasada fui a la opera versión cine, concretamente fui a Mataró Park, donde las posibilidaddes de encontrarme con “los sabios” de turno descienden  y de qué manera. Y es que como ya sabeis una de las cosas que más me cabrea de la ópera es el clasismo, no tanto el de yo con bambas tu con  Manolos; como ese mirar de perdonavidas con la que a veces te regalan algunos de los proceres de la cultura de pasillo, total porque no te sabes los nombres de la que cantó la Walkiria en el año de gracia de 1953 en la segunda  de Bayreuth. Por decir algo.

Esos sabios se comportan igual  o casi, en el teatro que en el cine, hasta se atreven a criticar la actuación de los cantantes algo dificil cuando lo que estas viendo/escuchando ha pasado por varias mesas de mezclas. Es opera sí, pero ópera en cine con sus grandes virtudes,  valorar mucho más el trabajo actoral de los interpretes y no tener que sufrir por si el señor de delante te tapa medio escenario. pero no deja de ser eso, cine.

En el cine todo es más relajado, las butacas son más comodas, nadie te mira raro si vas con chandal, (al menos en Mataró) y tampoco que pintanuna estrella en la ropa porque entres en el cine con tu coca-cola y tus palomitas. Sí si, palomitas o patatas lays o directamente bocata como la señira de al lado. Esto en Barcelona hubiera supuesto mi expulsión directa del “olimpo” operistico, ahora al escribirlo puede que también pero habrá quien piense que es una versión novelada, que no.

Yo iba para ver Il trovatore con Anna Netrebko como gran estrella, pero manda guebs, la señora tenia bronquitis y nos dio planton. Afortunadamente el planton en la bastilla no fue como el planton en el Liceu y fue subsituida por la soprano china  Hui He,  que encabezaba el segundo reparto. La puesta en escena era de Alex Olle, muy oscura pero aceptable al menos respetaba el trabajo de los cantantes, cosa que no sucedía en el Otello del Liceu.

La opera es uno de los puntales de Verdi, con un argumento, como todos infumable. Solo os diré que aparecen unos gitanos de Vizcaya, tierra famosa por eso por ser la cuna de los gitanos… ?? Amores locos en dos minutos, muertos a deshora; en fin una opera romántica en toda regla. Entre los gitanos destaca el personaje de Azucena que fue interpretado por Ekaterina Smenchuk, de la que ya me he enamorado, lastima que a los cinco minutos ya no sea capaz de recordar su nombre, cosas de la edad.

Pensando en mis amigos y colegas en el 08328, a los que (ellos no lo saben pero acabaré reciclando para la música clásica en general y la opera en particular)  hoy pongo un par de highlight de esos que   no dejan indiferente a nadie,  aunque tengas la casa empapelada con posters de Fangoria.

El primero es un fragmento de los “gitanos vascos” y Azucena, en este caso Dolora Zajick, que empieza a estar un poco  mayor pero ahi está.

Y el segundo fragmento es la famosa aria D’amor sull’ali rosee, la que canta es Caballe y la he elegido a ella un poco para reivindicarla como cantante, porque, lamentablemente hoy Caballe para muchos es sinónimo de un personaje freake, con pelucon de a tanto el kilo, con problemas con hacienda y protagonista de un sin fin de memes. Pero hubo una época en que cantaba así, y esa es la Caballe que hay que recordar.

 

ah! Olvidaba lo más importante. NO TOSES!. A que parece increíble? Pues  aun con palomitas,  en el cine había mas silencio que en el teatro.

 

One Comment

  1. Jo també vaig anar a veure Il trovatores amb la “ilu” de la Netrebko, D’acord amb el que dius, afegiria el bon paper de Ludovic Teziers i l’horrible Manrico de Marcelo Alvarez.. Com tu constato el silenci del públic amb cocacola i crispetes

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