Epatée!!!! – La fachada del Liceu – el rocodromo de la Rambla

Así mismito me he quedado esta mañana cuando he abierto el periodico, (sí, sí abierto hoy he tenido un periodico de los de papel en las manos) y patapam allí en portada, en un rinconcito veo esto.

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Que lo de la fachada del teatro es urgente lo sé, que la fachada a la calle Sant Pau está más cerca de la de un reformatorio de los años cuarenta también, pero ¿puestos a hacer algo (a parte de arreglar lo que amenaza ruina) no se podía hacer otra cosa que no le diera ese aire de rocodromo?

En fin habrá a quien le guste, a mi, personalmente, de entrada no. Al ver la fotografia, sin pretenderlo, he “visualizado” un atajo de turistas drunks intentando trepar de anillo en  anillo una posibilidad del todo plausible.  si se tiran de los balcones porque no trepar la fachada de un teatro.

“Un teatro de ópera debe tener una presencia exterior mayestática, su latido debe sentirse desde la calle. No es el caso del Liceu, que parece ensimismado. La fachada de Rambla tiene poco interés: ni irradia ni imanta. Y la de Sant Pau más parece un seminario o un hotel que un teatro de ópera”, opina Amat.

Frederic Amat es el autor de este proyecto que, según se lee en el artículo publicado en la Vanguardia de hoy :  …

Frederic Amat tuvo noticia de este proyecto de rehabilitación y quiso sumarse con una intervención artística. Sometió su idea al Liceu, cuya comisión ejecutiva y cuyo consorcio la aprobaron. Perdon…. a ver, a ver … pero no habíamos quedado que el Liceu es una institución pública que recibe, poco, cada vez menos pero recibe dinero publico. Entonces, me pregunto, ¿se puede adjudicar así a dedo al primero que tiene una idea luminosa, la responsabilidad de una actuación tan importante no solo para el teatro sino para  la propia ciudad que lo acoge?

Lo paga un mecenas, dice. Muy bien, me parece perfecto, pero que lo pague un mecenas implica que nos tengamos que quedar con la primera idea, sin dar opción a otros artistas a aportar sus propuestas.

El teatro pretende conseguir los fondos necesarios para la restauración de la fachada (no para la actuación artística) a traves de una campaña importante de micromecenazgo vehículada a traves d’Amics del Liceu. No sé yo si los supuestos objetivos de esta campaña estaran muy de acuerdo en financiar una restauración que despues tenga como colofón un bonito o no, rocodromo de color rosa con reflejos.

“Entiendo que esta intervención puede suscitar opiniones encontradas –dice Amat–. Pero estoy convencido de que es mejor que restaurar el teatro y dejarlo tal como estaba. Debemos ser fieles a su historia, pero no hasta el extremo de petrificarlo. Eso convertiría al teatro en algo parecido a una de las estatuas humanas de la Rambla”.

Lo las opiniones encontradas me recuerda a algunas puestas en escena que se rigen más por la idea de “que hablen de mi aunque sea mal” que no por agradar (conste que en lo de agradar no me refiero a cerrarnos a los miriñaques de tiempos pasados). Encuanto a lo de convertir al teatro en algo parecido a las estatuas de la Rambla no creo yo que sea el mejor argumento para defender una obra semejante.

En fin que a mi modo de ver “hacer algo” aprovechando la inaplzable restauración, de entrada me parece oportuno y conveniente, ciertamente es una fachada anodina, pero hacer algo no tiene porqué ser sinónimo de hacer cualquier cosa y de cualquier manera

La información completa en La Vanguardia

 

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