Dios me libre, de defender a Esperanza….

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Lo de Dios es un decir, porque me da que el hombre tiene cosas más importantes que hacer y anda tan ocupado que quizá por eso nunca lo he llegado a ver.

Bueno,  a lo que iba.

Dios me libre, de defender a Esperanza….

Aunque ,  esta señora, la verdad  es que, posicionamientos politico/ideológicos al margen,  tiene su punto.

Pasó de ser la “tonta del gobierno” al  terror de propios y extraños especialmente los primeros, sus compañeros de partido. Sobrevive  a la caída de un helicóptero, a un atentado terrorista. Recordad aquella impagable imagen de Esperanza hablando con la prensa con las pestañas rizadas y pantuflas no sé si de mercadillo. Sí, yo creo que esta mujer es digna de estudio….

Pero bueno, a lo que iba

Dios  me libre,  de defende a Esperanza…

Aunque  lo cierto es que cuando saltó la noticia ,  la NOTICIA, lo primero que pensé  no fue en la   prepotencia de la propia protagonista que anda sobrada como política que es,  sino en  la de los policias, agentes de mobilidad o como quiera que se llamasen,  el de la porra.

Despues de pensarlo un ratito, porque  ponerse de parte de Esperanza aunque solo sea un momento es como para pensarlo, he llegado a la conclusión de que los únicos responsables de ese desliz de mi cerebro  son los policias  nacionales, locales, autonomicos, el que pone las multas en la zona azul, verde o violeta que seguro que en algun sitio la hay.

Desde hace un tiempo en más de una ocasión he estado en un tris,  vamos que ha ido del canto de un duro, de no acabar en jefatura por agredir, insultar, morder o atropellar, posibilidad esta última que hasta la fecha no habia contemplado,   a un representante del orden público. (espero que por decir esto no me procesen, igual si)

Yo no sé si es por la porra,  por el uniforme o porque los hicieron así,  pero salvo muy honrosas y contadas excepciones,  hoy por hoy  eso que se llama,   las fuerzas y cuerpos del estado/comunidad/ciudad/pueblo  rezuman una prepotencia que no hay quien los aguante.

Para muestra un botón  vivido en mis propias carnes hace unos pocos meses.

Escenario, una calle de un polígono comercial de una populosa ciudad de la comarca del Barcelonés, que no es Barcelona. Hora, las 9.40 de la mañana cuando aun no han abierto  los centros comerciales de la zona pero si la cafeteria de una conocida  firma sueca dedicada a la decoración.

Dobló la esquina y en esa calle que a la práctica y a pesar de ser posible  dirigirse a otros destinos en realidad es la calle “que lleva a la entrada del parking” de esa conocida tienda de origen sueco, cuya cafeteria abre antes de las 10, me encuentro a escasos veinte metros un control de policía. Que piensas:

¿Pero qué coño hacen esos ahí?

Mi situación geográfica no dejaba margen a enmendar la maniobra. Así que no me queda más remedio que acercarme a los dos coches que bloquean el paso y a un joven agente que, debidamente provisto de un pirulín fosforescente, es el que dirige el cotarro, entendiendo por cotarro a quien deja seguir y a quien le toca apartarse a un lado.

Quizá, pienso yo en aquel momento, se trata de un control de alcoholemia. En ese caso, pienso yo,  quizá hubiera sido mejor ponerse en la calle de abajo donde pasa mas gente y donde hay varios bares, pero yo claro de controles policiales no entiendo mucho.

Lo del control antiterrorista hace tiempo que no selleva, afortunadamente.  ¿Drogas? si podria ser   porque a esa hora son muchos los jubilados de la zona que van a desayunar a la cafeteria de  esa conocida tienda de origen sueco, no tanto por el diseño como por el precio del cafè y con tanto anti-inflamatorio y diurético seguro que daban positivo.

Sea cual sea el motivo, yo reduzco la velocidad que dadas las circunstancias tampoco era  como para agitar mi melena al viento, hasta llegar a poca distancia del joven agente del pirulo, cosa que hago con suma  delicadeza hasta detener el vehículo a una distancia prudencial,  de unos dos metros, distancia suficiente para que  el joven agente vea mis facciones de peligrosa delicuente.

El joven agente que mantiene una actitud así como de “no me caben los huevos en el pantalon”  mueve el pirulin luminoso haciendo un gesto que claramente dice: “…. acercate más rica”. Recordemos que rica lo estaba hace años porque hoy por hoy soy una venerable abuela más o menos dignamente conservada, pero abuela al fin y al cabo con lo que lo de rica no me pega mucho. Así pues, servidora que tiene una edad, camino de tres, y que al igual que Esperanza tiene  muchas cosas por  hacer y un tiempo vital limitado  para ello, y que por tanto no quiere malgastarlo con discusiones estúpidas,  obedece y se acerca sumisa al joven agente que no sé porque mantiene  la nariz así como levantada con lo que no tiene más remedio que mirar al resto del mundo como un profe de mates desde lo alto de la tarima.

A un metro de distancia , no más, detengo nuevamente el vehículo.

Pero el joven agente, no parece satisfecho aun y   con un grácil pase de sus fornidas piernas, se desplaza ligeramente a su derecha, mi izquierda , y sin dejar de perder la visual de mi cristal algo más sucio de lo habitual; mueve el pirulin,  así como el torero mueve la muleta indicando que me acerque aun más, al mas puro estilo José Tomás poniendo en riesgo su propia vida. Y por si quedaba alguna duda al tiempo que se desplaza y sin dejar de mover el pirulín arriba y abajo hace un gesto con el dedo índice de  la mano que le queda libre, gesto que claramente dice:  NENA (ES UN DECIR) VEN PACA QUE TE VOY A ENSEÑAR YO QUIEN MANDA…

Algo preocupada y confiando en la fiabilidad de mis frenos embisto (es otro decir) y acepto el pase a lo miura eso si a velocidad muy, pero que muy lenta, todo ello sin dejar de preguntarme.

¿Qué coño hace un control de policia? allí y a esta hora.

Por fin, justo al pasar por su lado cuando parecía que iba a clavarme una banderilla en el techo y el joven agente me perdona la vida y me deja pasar y es entonces cuando por fin entiendo el motivo del control. A im izquierda veo dos azorados conductores de no menos de setenta y muchos que intentan encontrar la documentación de sus respectivos vehículos que setenta años no tiene pero poco les falta. Hete aquí el motivo del control, en cuanto a la actitud del joven agente, visto ahora en frío y en la distancia creo que tuvo mucho que ver el que el joven, a pesar de estar nublado, llevase gafas de sol y que hiciera mucho tiempo que no llovía y que por tanto mi coche no se “lavaba” .  Claro que si las pegatinas de la ITV fueran un poco más grandes . En cualquier caso era  la prepotencia y la testosterona que   rezumaban sus pantalones, el pirulo, y el cerebro del joven agente que aun hoy, meses después, él  y algunos compañeros suyos, son los únicos culpables de que el jueves mi subconsciente se pusiera de parte de Esperanza, aunque solo fuera durante un ratito, y eso  duele.

Yo no sé si será por la porra;, por el uniforme, la gorra o el pirulo pero no, decididamente hoy por hoy, si tengo un problema no sé por ejemplo no encontrar una calle y tengo el telefono sin bateria antes de preguntarle la dirección a un policia lo haré al pakistani de la tienda de al lado,  al taxista confiando que lleve aquí algo más de 15 días, o si me apuras hasta el chaval del top manta. Porque al menos sé que ninguno de ellos  goza de presunción de veracidad .  Un privilegio de los servidores públicos que nadie te garantiza se aplique por extension a todos los ambitos de sus actuaciones sean públicas o no.

En cuanto a Esperanza, un amigo me decia ayer  que seguramente de haber sido yo la protagonista del suceso me habrían esposado y a estas horas necesitaria un abogado penalista. Puede que tenga razón,  pero dudo que entonces las cadenas de televisión hubiesen enviado unidades mobiles al lugar de los hechos ni que me hubieran dedicado tertulias monográficas. No tengo ninguna duda de que Esperanza sobrevivirá a esto, a pesar de que se pasó tres pueblos, pero es una superviviente nata.

Por lo que a mi respecta tengo muy claro que yo no soy Esperanza y que sino quiero complicarme la vida lo mejor es obedecer los capichos de todos los jovenes o no jovenes agentes con pirulo o sin.  Lo que ya no sé no puedo garantizar  es lo que haga mi subconsciente.

¿tienes algo que decir?