Granada – Playa, plástico y Alpujarra

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Durante este viaje me llevé como lectura el libro “La mano de Fátima” de Ildefonso Falcones, me gustó mucho su primer libro “La catedral del mar” así que esta parecía la lectura ideal, he de decir, que no, que todo ha sido llegar a Barcelona y ahí se ha quedado, me resultaba  poco agil y un punto gore.  Pero para ambientarme y darle cohesión a las tierras de la Alpujarra resultaba ideal.

Cuando alquilé un coche para este viaje, lo hice siguiendo dos premisas :

a) Granada tiene muchas calles estrechas, y

b) Lo que no me gaste en el coche me lo podré gastar en otra cosa más satisfactoria.

Así fue como el lunes 25 de marzo salimos de Granada hacia el sur, dirección Motril, en un flamante KIA Picanto, que no dio ningún problema, salvo que a mi parecer le falta algún espacio para almacenar piedras si no es que quieres salir volando; porque nadie nos avisó que la autovia (gratis off course) que une Granada y la costa es una especie de túnel del viento, en especial cuando sopla poniente, que al chocar con la cercana mole de Sierra Nevada busca una salida que es precisamente la autovía.

Reconozco que resulta bastante chocante, en primer lugar el cambio de tiempo, porque al menos durante nuestra estancia a poco que te alejaras cosa de 20 kilómetros de Granada  de repente ya no había nubes y lucía un sol esparrante, lo que hacía destacar aun más la visión de Sierra Nevada desde la playa.

Motril, vi poco, básicamente muchas valla rodeando la zona del puerto pesquero, que  solo en eso ya notas que no es ninguna broma.

Las playas: francamente las he visto mucho mejores.  Viento/huracán a parte, de lo que vimos ninguna fue aquello que piensas “Me encantaría pasar las vacaciones aquí” No,   no es el tipo de paisaje ni ambiente que me atraiga.  Y en eso pesan mucho los plásticos, los que te encuentras volando por la carretera; los que se amontonan en muchas cunetas y los que cubren, tomates, pimientos y sin papeles, porque seguro que los hay y a montones.  Feo muy feo.

Hace mucho en Holanda, país de invernaderos donde los haya, me llamaron la atención aquellas construcciones que hasta resultaban bonitas;  eso es discutible hay gustos para todo, pero lo que si hay es sentido de la limpieza y el orden. Muchas veces he podido observar que una gran cantidad de la gente de campo en este pais siente una increíble pasión por: los botes de pintura vacios, los barriles de plastico azul y los somiers o cualquier otro elementos susceptible de ser convertido en valla.  Bueno pues los invernaderos que ve en ese tramo del viaje, que no eran pocos, son la sublimación del

“con esto, un alambre y un par de clavos lo apañamos”

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Así las cosas decidímos seguir la senda de los antiguos contrabandistas o los moriscos que venían de más allá del mar para ayudar a  los que resistían en la Alpujarra y  empezamos a trepar la rampas de las sierra de la Contraviesa  que cierra por el sur la comarca de la Alpujarra.

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Mucho mejor,  en verano supongo que, como toda la zona eso debe ser un horno, pero ahora con la nieve aun cubriendo las montañas, la primavera anunciándose en el campo, el olor. Sí me gusto, no fuimos a Trévelez, porque nos pareció mucha curva y demasiada gente, al menos eso daba a entender la que había en la zona de Lanjarón (si como el agua). Allí comimos en un sitio de esos de pueblo, donde se come bien y barato.

Y sin más, confiando que las piedras fueran suficientes para no salir volando, emprendimos el camino de vuelta a Granada donde cómo no, nos esperaba la lluvia: