Va de pajarracos


El otro día os dejé con esa imagen de arriba.

Este apuesto/a señor/a porque a la distancia que se encontraba lo tenía complicado para saber su adscripción, no sé igual por el color de las plumas algún experto lo adivina. Pues bien esta señora (dejemoslo en señora) es una vieja conocida de la familia.

No es la primera vez que la he visto rondando mi charquito pero siempre había sucedido en otoño, por eso cuando procedimos al vaciado y limpieza del estanque no pensé en ella. Porque sorprendentemente en la sopa habían peces.


Esta es su versión digamos original, en una fotografia tomada hace un par de años. Pero no sabemos muy bien el porqué quiza por un fenomeno parecido al pes de los Simpson lo cierto es que enmedio del lodazal nos encontramos con un buen número de ejemplares de color pardo, digo yo que será por mimetismo. La mayoría eran crias que conpaciencia de santo, estómago porque mientras no lo mueves no pasa nada pero cuando te pones a marear el lodo aquello tumba y por supuesto una considerable dosis de autan, mi marido y yo fuimos pescando ayudandonos con un colador de cocina y una cesta de las de recoger hojas.

La mayoría eran pequeños, como he dicho pero también los había grandecitos lo que me confirma en la idea de mutación. Los pusimos en un bidón de dimensiones considerables, pero entre peces y renacuajos ya se veía que allí faltaba espacio vital así que pusimos un palmo de agua en el estanque, por aquello de capturar las tortugas, y los devolvimos al agua.

Y entonces apareció ella.


Así, así mismamente la ví a la mañana siguiente sobre un árbol del vecino.

Rápidamente presa de las mas terribles sospechas dejé la magdalena sobre el mármol para deleite de Patton que de un lenguetazo sin necesidad de levantar las patas del suelo procedió a darle un buen fin, me puse las chanclas (tendría que ir a comprarme otras que estas con lo de pintar con pistola han quedado de pena), cogí una cacerola y un cucharón al más puro estilo protesta ciudadana y dando caceroladas salí al jardín con el ánimo de espantarla. He de decir que la tía o es sorda o desde la altura en que se hallaba se sentía por encima del bien y del mal. En cualquier caso mis esfuerzos fueron inútiles. Con unos prismáticos la enfoqué y me pareció ver como se relamía.

Ni uno, no dejó ni uno y poco le importó si eran mutantes. Los pequeñajos que miden poco más de tres centímetros esos no se los comió, no creo que lo hiciera por ecología por aquello de “pezqueñines no gracias” seguro que espera a que los engorde.

La muy sinvergüenza aun se ha dejado ver un par de veces.

Pues no rica que no soy tan idiota como para reponer los peces para que tú te los zampes.

Nota mental: Antes de que los pezqueñines crezcan hay que idear sistema de autoprotección.

Y todo por culpa de las dichosas tortugas asesinas, aunque he de decir que no todas las tortugas son así, las hay que hasta resultan simpaticas. Como esta otra que otro día os presentaré.

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