Amy

Ayer un amigo me preguntaba si es que había decidido salir del armario; lo preguntaba en sentido figurado, bueno siempre es sentido figurado, él lo preguntaba por la música.

Yo siempre he dicho que me gustan otras cosas a parte de la ópera.  Creo que la música es una de esas cosas que distingue al hombre del ser humano aunque parezca una redundancia y la música para ser grande buena no siempre necesita un gran teatro, un frac,  o un piano de cola. A veces le basta con una voz y unos acordes de guitarra.

Por eso me gustaba también la malograda Amy Winehouse. Nunca mejor dicho eso de malograda, vaya fin de semana hemos pasado y no lo digo por ese veraño  disfrazado de otoño que estamos viviendo.

Lo de Noruega no tiene nombre, bueno si el del asesino. Lo de  Amy también tiene nombre el que ella misma le puso, drogas, alcohol,  todo a falta de confirmación claro. A estas horas esa chica de voz tan increíble como sus peinados  es carne y huesos sin vida sobre una mesa de autopsia, que triste.

Algunos de mis amigos si leen esto pensarán que me he vuelto loca. ¿Cómo te puede gustar esa chica, con esos pelos, esos tatuajes y encima drogadicta?.

Yo sé porqué me gusta, porque la he escuchado, pero puede que muchos de mis amigos no lo hayan hecho porque claro con esos pelos, esos tatuajes y drogadicta. Eso último, si que es triste. ¡Qué pena!

¡Qué pena tanta gente joven arruinada!

¡Qué pena tantas páginas en blanco que nunca llegaran a escribirse!

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