1 – Política aplicada – Cómo hacer un lider incuestionable de un tipejo cualquiera

Igual me equivoco pero me da que mañana va a salir Montilla anunciando las elecciones. Bueno y si no lo anuncia mañana lo hace a la vuelta de vacaciones.

Así que este es un buen momento, al menos así lo veo yo, para compartir con el mundo mi último manual que lleva por título

Política aplicada

Cómo hacer un lider incuestionable de un tipejo cualquiera

Y para empezar quizá lo más adecuado sea explicar el porqué de este “manual”

Hace unos años  mis hijos eran aun unos niñatos que amenazaban con entrar de forma inminente en la adolescencia, por aquellas fechas acábamos de mudarnos a las afueras y como suele suceder en estos casos, de la noche a la mañana, mi abanico profesional se amplió al pasar a  ocupar el puesto de taxista familiar a tiempo parcial.

- Creo que será mejor que los niños sigan en el mismo colegio,  allí tienen sus amigos.

Soberana  estupidez lo digo por si algún lector se encuentra ante el mismo dilema. Eso es una estupidez los niños han de estar cerca de casa y si los amigos los tienen “allí”pues que se espabilen y se busquen amigos nuevos y si no los hacen, es su problema. Dicho esto sigo con lo mío.

Todas las mañanas a horas absolutamente indecentes en casa se vivía la misma escena.

- Niños venga, espabilad.  Xavier vuelve a la habitación y cámbiate esa camiseta. ¡Marc! ¡Sal de la ducha! ¡Ya!.

Para ellos lo de la ducha y el desayuno era un paréntesis entre la cama y el asiento de atrás del coche, donde tras la primera discusión del día no tardaban en sumergirse en un profundo estado de letargo del que no salían hasta que llegábamos al colegio, salvo Marc que nació informático y siempre ha vivido en otra dimensión. Para mí, en cambio, aquello era el pistoletazo de salida de una carrera contra el tiempo en un vano intento de acertar ese momento mágico, que a veces, sólo a veces se produce justo entre la cola de los que entran a trabajar a las ocho y los que lo hacen a las nueve. Una carrera que siempre terminaba en el inevitable atasco de la Gran Via a la altura de Bach de Roda.

Allí estaba yo aquella mañana de noviembre con la mirada puesta en una furgoneta de Parquets Rodríguez oyendo sin escuchar  las noticias de la radio cuando de repente algo me sobresaltó.

- (…) acaba de ser nombrado por el presidente como nuevo conseller de….

¡Mama! gritaron mis hijos  en una  de las pocas ocasiones en que los tres han estado de acuerdo.

El parachoques de mi coche había quedado a escasos dos milímetros de la furgoneta. Suerte que en aquel tiempo lo del ABS aun no se había impuesto o en ese mismo instante habría perdido la bonificación del seguro. Porque lo del ABS está muy bien para suelos mojados y grandes velocidades pero cuando estás en un atasco por lo general es un problema añadido.

Por suerte no fue así y todo quedó en el típico

- ¡Pero ¿donde tiene los ojos?! Mujer, tenía que ser.

- En la cara y seguro que tengo menos partes que tú mameluco.

No fue exactamente eso lo que le dije pero mameluco suena más literario que gilipollas,  aunque he de reconocer que tenía parte de razón.

Por aquellas fechas hacía unos cuatro años que había dejado de trabajar en la administración pero a pesar del tiempo transcurrido aun tenía muy presente al causante de mi casi accidente,  y no para bien.

El nuevo y flamante conseller era un tipo bajito mas bien canijo con la misma gracia que Van Gaal, tan simpático como pueda serlo un inspector de hacienda con dolor de muelas y tan gris que se confundía con el polvo de las cortinas, esa era la imagen que tenía de el. Una imagen, que a la vista de los hechos, quizá debiera revisar al menos por lo que se refería al polvo de las cortinas porque lo de bajito, canijo y antipático seguramente lo era, pero gris, esa mañana había dejado de serlo.

Mis conocimientos acerca del funcionamiento interno de la administración me permitían entender con relativa facilidad su ascenso desde el simple técnico que era cuando lo conocí hasta el puesto de Subdirector  General que era el cargo que ocupaba en el momento de mi marcha; pero de eso a Conseller mediaba un abismo.

¿Qué había pasado en mi ausencia?

¿Tan mal iban las cosas como para esto?

Promocionarse en la administración es algo que depende básicamente del punto de partida.

Para un auxiliar administrativo cualquier vía de promoción pasa por aprobar los exámenes para administrativo y a partir de ahí se puede empezar a pensar en pillar un negociado, cosa más que difícil pero  por soñar que no quede, pero ahí acaba la cosa.

Allí los que realmente promocionan son los técnicos que en razón de sus méritos pueden acceder a una jefatura de sección, de servicio, hasta una subdirección.  Pero cuando a lo que se aspira es a una  gerencia, dirección general o conselleria la cosa ya no depende tanto de los méritos propios como de las relaciones que uno tenga con el  superior directo.

Esas “relaciones” pueden concretarse en cosas como por ejemplo, compartir aficiones como la ópera, el golf o el Pilates, veranear en el mismo sitio, llevar a los niños a la misma escuela y de forma muy especial compartir carnet. Un carnet que no es el del Barça o el Madrid aunque en determinadas circunstancias pequeños detalles como estos puedan llegar a tener su importancia.

Ese carnet al que me refiero es el carnet del partido porque en todas partes pero en la administración más, no todas las sillas son iguales ni los culos llamados a ocuparlas los mismos. Para esta clase de sillas se necesita un culo, sí, pero no un culo cualquiera. En estos casos se necesita un culo con carné o dicho de otra forma,  para seguir promocionándose  hay  que entrar en política.

Un tema que por diversos motivos, entre los que se contaban la crianza de los tres salvajes del asiento de atrás hacía tiempo que había dejado de interesarme, pero esa mañana algo cambió y a partir de ese momento, para desesperación de amigos y familiares,  centré buena parte de mis energías en saber qué es y cómo funciona eso de la política.

De repente me hice adicta a las tertulias radiofónicas, me apunté a toda clase de actos políticos, ya fueran barbacoas populares, exposiciones temáticas, inauguraciones o recitales de poesía.

Desayunaba en el bar de un comunista, me dejaba cortar el cabello por un peluquero socialista, practiqué Pilates con una señora de derechas, un encanto de persona dicho sea de paso, y por poco no acabo en una lista de las municipales.

De aquel empacho político del que tardé mucho en recuperarme extraje una conclusión

“si él lo ha conseguido, cualquiera puede hacerlo”

Desde entonces han pasado unos cuantos años, mis hijos ya no son niños, y a poco que se lo propongan, que no es el caso, cualquier día me hacen abuela. Ahora tengo canas,  hace tiempo que dejé de comprar la ropa sin probarmela y  solo los pensionistas me tiran los tejos.

Sí, el tiempo pasa y las personas cambiamos, como también cambia nuestro entorno, se derriba viejas casas, se construyen nuevas, estás unos días sin pasar por una carretera y de repente donde antes habían cruces ahora hay rotondas.

Sí todo cambia…. ¿todo?.

Todo no, porque desde que escribí este llamémoslo manual ha llovido mucho  tanto que hasta tuve tiempo de olvidarme de él, pero de tanto en tanto algo sucedía que me hacía pensar que desgraciadamente aquello que yo había escrito no estaba tan lejos de la realidad y lo que es peor en muchas ocasiones esa realidad supera y con creces, la ficción por eso he decidido hacerlo público porque cómo he dicho antes.

Si él lo ha conseguido cualquiera puede hacerlo

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