Hoy he pasado la mañana en la ciudad, hacía un calor horrible. Eran las cuatro, cuando ya de vuelta he pasado ante el parque de bomberos de Badalona justo cuando las sirenas de los vehículos allí estacionados han empezado a sonar. En ese mismo momento en todos los parques de bomberos de Catalunya ocurría lo mismo. Esa ha sido la forma con que los bomberos han decidido homenajear a sus cinco compañeros que hoy hace un año murieron, cumpliendo su trabajo, en el desgraciadamente famoso incendio de Horta de Sant Joan.
Yo vivo junto al bosque por eso soy especialmente consciente del peligro que allí se encierra.
Un fuego depende de muchos factores, por una parte está el clima, los grandes incendios como aquellos que 1994 asolaron media Catalunya se vieron favorecidos por un pertinaz viento de poniente, un viento seco que baja los niveles de humedad. Después está el tipo de vegetación, cualquiera que haya visto un pino arder sabrá que no es el mejor amigo del fuego, o si según se mire. Cuando el fuego ya está en marcha la orografia del terreno tiene mucho qué decir y Catalunya es buena parte lo que llamo un país arrugado, por eso aquí resulta tan caro hacer una autopista. Todos estos factores incidieron en la virulencia de aquel incendio de hoy hace un año, esos y uno más, la, según parece dudosa actuación de los mandos del cuerpo de bomberos, eso es lo que hoy ha hecho que cuando el conseller ha ido a depositar unas flores en su memoria a su lado no hubieran ni compañeros ni familiares de los difuntos.
Pero lo realmente importante es que si las cosas hubieran ido de otra manera los familiares de esos bomberos hoy no tendrían que llorar su ausencia, como otros familiares lo han hecho antes que ellos, que un buen número de vecinos de mi municipio no habrían tenido que sufrir por sus casas mientras veian el fuego correr en 1194; porque si las cosas hubieran ido de otra manera no habría habido fuego y es que en un elevado porcentaje, tras el fuego está la mano del hombre. La del loco que encuentra no sé qué extraño placer en ver arder montañas enteras, la del irresponsable que quema rastrojos cuando a su alrededor un bosque centenario espera una brizna solo una brizna para arder.
Toda la vida lo he hecho así y nunca ha pasado nada. Puede, pero a veces pasa y solo con que pase una vez es suficiente.
Pero lo más triste es que muchas veces, muchísimas, lo que hay detrás de un fuego es la mano de un gilipollas, estúpido, ignorante, un puto cabrón como lo definió mi hija (no muy dada al exabrupto) el pasado martes en Facebook.
Ese día fue una suerte que mi hijo llegase a casa precisamente en ese momento, fue una suerte que lo viéramos cuando apenas había prendido en tres metros cuadrados de superficie, fue una suerte que tuviéramos extintores a mano, fue una suerte que en ese momento no soplara viento; fue una suerte que los bomberos llegaran pronto justo cuando el fuego ya había alcanzado los primeros árboles. Tuvimos suerte.
Todo eso se habría evitado si ese o esa gilipollas hubiera metido la colilla en el cenicero del coche.
Me asusté sí, no tanto por lo que fue como por lo que pudo haber sido. Tengo especial cuidado en mantener los margenes de mi casa los que lindan al bosque y el camino limpios de maleza, lo hago un par de veces al año, pero además anualmente suelen pasar por allí brigadas que limpian el bosque. Este año con la nevada de marzo el trabajo más y más necesario que nunca.
Habitualmente estas brigadas desbrozan la maleza y la dejan en el mismo sitio de manera que al marchitarse con las previsibles lluvias de primavera forma una especie de acolchado que además de mantener la humedad de la tierra impide o al menos dificulta el crecimiento de las hierbas.
Siempre que estas brigadas han cortado ramas, ya fuera porque estuvieran rotas o con el objetivo de levantar las copas de los arboles del nivel del suelo procedían de la siguiente forma: cortaban la rama, la limpiaban de ramas pequeñas que acababan sufriendo el mismo proceso que la maleza y el tronco lo desplazaban alejandolo del árbol, para depositarlo en perpendicular a la pendiente de la montaña de manera que favorecía la retención del terreno en caso de fuertes lluvias muy habituales en la zona. Así ha sido siempre, menos este año.
Hace aproximadamente un mes una brigada estuvo durante varios días trabajando cerca de casa y cual no fue mi sorpresa al ver lo que habían hecho.
Ya lo veis toda la leña bien troceada rodeando el árbol.
La zona quemada que veis abajo estaba exactamente igual y si la cosa no fue a mayores fue gracias a la casualidad, los extintores y a que mi hijo y los vecinos con palas y todo lo que tenían a mano apartaron las ramas cortadas tanto como les fue posible mientras esperábamos la llegada de los bomberos.

Esta es una panorámica de los arboles cercanos a mi casa como veis todos estan igual, a punto para encender la barbacoa.

No sé a quién deberé exigirle responsabilidades, llegado el caso, un caso que puede muy bien llegar darse porque el mundo está lleno de putos cabrones, gilipollas, ignorantes e irresponsables que tiran colillas por la ventana del coche, auténticos maleantes que abandonan televisores en el bosque cómo por ejemplo este, antes había otro pero ese ya lo saqué yo misma, y mucho me temo que este acabará también en mi coche.
Y es que ya se sabe que el bosque es bonito, hay que acercarse a la naturaleza, practicar deporte al aire libre costumbres sanas y muy aconsejables.
Pero entonces llega el lunes y cuando a saco a los perros lo hago siempre con una bolsa de basura en la mano y me dedico al sano deporte de recoger, botellas de agua y latas de cerveza que muchas veces dejan olvidados, “nunca con mala intención” los esforzados deportistas esos que suelen venir por la montaña con sus bastoncitos de trekking o sus bicicletas. Por suerte no son todos los que así actuan, pero os aseguro que son muchos.
A veces he pensado no recoger las botellas ni las latas y a ver si alguien se da cuenta y hace algo. Nada, no funciona así que por la cuenta que me trae todos los lunes seguiré saliendo al bosque con la bolsita, cuidaré que la maleza no crezca demasiado junto a mi casa y estaré ojo avizor para cuando pase el proximo imbécil.
Sirva este post como testimonio del estado en que actualmente se encuentran los alrededores de mi casa y los de otras muchas casas de la zona. Asi, si ocurre algo, siempre tendré testigos de que eso no lo he soñado.
Solo me queda añadir una cosa más.
LOS COCHES LLEVAN CENICERO!!!!!!!!!!!!!!!!
Y si alguno no tiene, o está lleno de tickets de aparcamiento, o ha llegado a la conclusión de que es el mejor sitio para guardar caramelos, chicles o preservativos; entonces, por favor.
Coja la colilla y CÓMASELA !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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No te puedes ni imaginar la cantidad de cabrón-gilipollas que hay por el mundo; el problema es que no se puede llegar a la única neurona que les queda para hacerles comprender el daño que hacen.
Me alegro como lo habéis resuelto.
No nos damos cuenta de la cantidad de "no civilizados" que circulan por el mundo.
Por la montaña (y eso que los montañeros de verdad suelen ser cuidadosos) te encuentras de todo, pero no se trata sólo de basura sino del riesgo de incendio que pueden provocar.
No es lo mismo un pañuelo de papel que un botellín de vidrio!
Soy fumadora, pero en el coche jamás fumo y prohibiría fumar en ellos igual que se prohíbe hablar por el móvil. Provoca distracciones y riesgo de incendio.
Te contesto aquí pero me he leido todo tu post y parte de la culpa la tienen los de limpieza de montes. Lo raro es que no haya más incendios, aunque con la vegetación que hay este año… ya veremos como acaba la cosa.
Me alegro mucho de que sólo fuese un susto sin consecuencias graves.
Petons
No se meterán la colillita por el culo……… recuerdo la tristeza que sentí cuando recorrí por primera vez la zona de chulilla tras el incendio… si hubiesen colgado allí mismo al gilipoyas que le pego fuego por un tema económico yo hubiese trenzado un trozo de la cuerda encantado……