El largo viaje

En este momento son las 20.30 del martes 20 de abril del 2010 y aunque no me gusta parecer una mamá gallina de esas que todo el día están pendientes de sus polluelos, la verdad es que hace un rato que miro el reloj calculando el tiempo que puede tardar un tren en ir de Ginebra a Zurich, la última etapa del periplo que ha empezado esta mañana a las ocho cuando mi hijo “el informático” ha pasado por casa a recoger a su hermana para llevarla hasta Montpellier. Allí, después de salvar algunos problemas burocráticos con la SNCF francesa, mi hija ha subido a TGV que por el trato y el número de viajeros más parecia un cercanías en hora punta, y emprender viaje a Ginebra.
Esta ha sido la mejor solución que hemos encontrado para llegar a Zurich a tiempo de salvar dos gatas que supongo tan felices como dueñas y señoras de la casa y mucho me temo que también del sofá.
Así que yo también he sido de alguna manera una afectada más de esta especie de histeria colectiva que se ha adueñado de Europa los últimos días. Estos días en todos los medios de comunicación un montón de tecnicos (unos lo eran de verdad y los otros solo de oídas) han comentado por activa y por pasiva el famoso accidente de 1982. Entonces alguien decidió tomar medidas unas medidas que pasaban por la solución más rápida, algo en plan Tejero “toos al suelo”.
Supongo que cuando decidieron establecer ese protocolo a nadie se le pasó por la cabeza que un problema así pudiera producirse en Europa o USA. Los del hemisferio norte tendemos a creer que eso de las catástrofes naturales es cosa de los de muy abajo o de los de muy a la derecha.
Ya verás ahora qué rápido se espabilan para buscar alternativas, filtros para los motores, nuevos sistemas para medir las malditas cenizas, lo que ya veo más dificil es lo de ponerle un tapón al volcán. Y es que en el fondo de tan poderosos que somos al final resulta que somos frágiles, muy frágiles.
Espero que mi hija no tarde mucho en llamar y que salvo la arena sucia y las gatas famélicas la cosa no haya ido a mayores.

Aclaración:

1) Que al final resulta que el vuelo de mi hija sí que ha salido, y ahora dices ¿para qué la excursión? pues porque ayer no lo sabíamos ni nosotros ni nadie.

2) que las gatas bien, gracias

3) que lo de jökull quiere decir volcán así que la cosa esa se llama solo  Eyjafalla, lo que tampoco resuelve mucho el problema

1 comentario

  1. Hay que ver como nos ha afectado a todos (hasta tus gatitas), de una forma u otra, lo del dichoso volcan de nombre impronunciable, y nosotros que vivimos en una isla con muchos vuelos a Europa pues no te cuento, de repente el “parkin” del aeropuesto hasta arriba, sin embargo la isla parecia vacia de turistas cosa rara pues no llegaban pero tampoco podian irse, no se, yo he tenido una sensacion extraña.
    Bueno asi vamos aprendiendo a no depender tanto de esos aparatos voladores.

    Un beso desde la isla de los volcanes, glup!

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