Visto asi objetivamente, por tiempo de dedicación tanto física cómo mentalmente, por más que haga fotos, dibuje, pinte escriba, construya barbacoas, haga pulseras o calceta, la realidad es que soy lo que se conoce como ama de casa, más o menos apañada pero ama de casa al fin y al cabo. Eso implica que una buena parte de mi tiempo está dedicada a tareas de gran contenido intelectual que no relacionaré porque son de sobras conocidas. Tengo ayuda sí, o no, eso según se mire porque Maricarmen lleva tantos años trabajando en casa que se ha atribuido algunos pequeños privilegios, el café con magdalenas que como últimamente le ha dado por masticar todo lentamente (es por lo del régimen, si hace régimen con magdalenas) le toma como poco media hora (tiene la digestión dificil) ahora me dirán que media hora para desayunar tampoco es tanto, no el problema es que llega a las 10, que siempre son las 10 y cuarto, se va a las dos según yo, a las 13.30 según ella y que se supone que ya viene desayunada. Lo de hacer limpiezas a fondo va contra su religión que aun no sé cual és. Vaciar el aspirador, lo mismo. La parte de atras del inodoro, eso creo que aun es territorio por descubrir. Pero eso sí de confianza toda, tanta que ahora con lo de la TDT la tele de la cocina no funciona, porque ella sin la Anna Rosa no plancha ni patrás, así que ahora plancha en el comedor y claro mientras dobla calcetines se me apalanca en el sofá.
Pero es de confianza.
Antes venia todos los días pero ahora solo tres los días que ella no viene yo que no soy practicante de religión alguna agarro el cillit bang, le doy a la mampara del baño, paso el aspirador previo vaciado, etc etc.
Pero es de confianza.
Eso sí hay tareas que se las dejo siempre a ella, la antes mencionada plancha porque yo no soy como mi suegra que eso de planchar siempre le ha gustado y cambiar las sábanas.
Cuando era niña aprendí a hacer las camas, como todo el mundo (mi hijo Javier aun no ha llegado a ese nivel) haciéndolas primero con mi madre y después yo solita. Entonces las camas tenían sábana bajera, la de encima, manta o mantas y colcha. Pero el mundo cambia.
Cuando mis hijos eran pequeños y aun dormian en cuna tenían edredón, era más práctico y limpio, con cambiar la funda listos, pero los hijos crecieron y casi al mismo tiempo Ikea aterrizó en nuestras vidas y con Ikea llegaron nuevas modas como por ejemplo el maldito edredón. Porque cambiar la funda de un edredón de cuna no supone ningún problema pero cuando se trata de una cama de matrimonio la cosa se complica. Sacar la funda ya es un lio pero lo peor viene cuando lo metes en la lavadora. Por más que he intentado averiguarlo aun no he hallado la respuesta a cómo puede ser que con un agujero tan pequeño y con las estrecheces de la lavadora se puedan meter tantas cosas dentro de manera que cuando lo sacas aquello se ha convertido en una bola que no hay forma de sacar de allí. Después cuando por fin lo has conseguido y crees que no queda nadie dentro es cuando lo tiendes y patapam allí está un calcetín que no hay forma de encontrar, o lo que es peor la camisa blanca de Javier que por aquello de la ley de Murphy no ves hasta que ha caido al suelo, en mi caso, o en el fondo del patio de vecinos donde vive un perrito monísimo y adiós camisa.
Pero es que después viene lo de volver a meter el edredón dentro de la funda.
Dios! Cómo odio los edredones!
Encajas una punta con la esquina correspondiente, intentas localizar la otra y patapam ya has perdido la primera. O cuando intentas estirarlo las pierdes todas.
Pero por fin creo haber encontrado la solución en forma de cuatro alfileres grandes
La mecánica es simple consiste en unir con un alfiles la esquina A de la funda con el punto 1 del edredón (obviamente metiendo este dentro de la funda) despues la esquina B con el punto 4. A continuación se sigue la costura de la funda (caso de tenerla) y se marca el punto B para acto seguido seguir (al tacto) la costura del edredón hasta localizar (más o menos) el punto 2 y unirlos (también por dentro) con otro alfiler. Se procede igual para el punto C y el 3. Con un poco de suerte la cosa queda más o menos encarada, entonces se sacude el edredón con fuerza cogiendolo por el lado donde hemos puesto los imperdibles y VOILÀ. Funda y edredón ensamblados. Dios! soy un genio!
¿menuda estupidez? ¿un post entero para eso? Pues si que tiene poco trabajo esta.
si, vale todo eso es cierto, sobretodo lo de tener poco trabajo, porque desde que hago esta estupidez invierto mucho menos tiempo con el maldito edredón.





jajajajajja…..tasssss loca, pero creo que ya te lo han dicho, los edredones se ponen entre dos….jajajaja