Rolando Villazón, firma, foto y beso


Hoy subo este post a destacados a modo de homenaje al regreso de Rolando a los escenarios y también para agradecer a Teresa, alma del Blog Villazonista,  su trabajo.  Aquel día puede que me hubiera asesinado, a mi y a mi amiga Maria José, después el tiempo arregló las cosas y hoy me enorgullezco en  decir que Teresa,   somos amigas a pesar de que aquello de la Virgen de Guadalupe dudo que algún día llegue a perdonármelo.

Ayer fue el día del tan esperado recital de Rolando Villazón. Al término estaba previsto un encuentro en el saló dels Miralls con el astro (porque villazón es tenor mediático donde los haya); y una, que tiene algo de enchufe, pues para allí que me fui, con mi amiga María José
Allí estábamos las dos, ella con su copa de cava en la mano y yo con mi inseparable cocacola, (“sin hielo, por favor”), cuando entró Villazón. Entró y allí se quedó, porque el pobre no consiguió avanzar más de cinco metros. Tal era la multitud que le esperaba.

Porque ríanse ustedes de David Bisbal, que los señores estos de la ópera y más aun las señoras, a la hora de desmelenarse/nos no nos duelen prendas. En la distancia, lo miraba, o mejor dicho me lo imaginaba, porque verlo resultaba imposible. Era un Villazón con el cansancio reflejado en el rostro, tras un día fácilmente olvidable, quizá pensado en lo a gustito que estaría él a esas horas tumbado en el sofá de su hotel de cinco estrella/lujo, mirando en la tele algún culebrón de Televisa, por aquello de la añoranza de la patria.
Quién sabe, igual en medio de aquella paz de diseño perfectamente enmoquetada el hombre hubiera tenido la oportunidad de meditar acerca del devenir de la humanidad, soñar con la paz mundial, y ya puestos replantearse el repertorio y la orientación futura de su carrera. En cambio allí estaba él asediado por una legión de admiradores, mayoritariamente señoras, que se empeñaban en recordarle a voz en grito … aquel De Grieux o …aquel Nemorino. Cuando en realidad su objetivo, era conseguir una firma, con suerte una foto y ya en el paroxismo, un beso.
En ese momento, mientras Maria José departía amablemente con un caballero exquisitamente trajeado con el que parecía unirle una larga amistad, cuando en realidad se estaban interrogando mutuamente para saber de qué se conocían; yo escuchaba la voz de mi razón y buen sentido que me decía:
“déjalo, mujer, no ves que el hombre está cansado, hoy no ha sido su mejor día. Deja que vuelva a su hotel, se duche, cene y mientras descansa piense en Donizetti y deje a Verdi y a Giordano para otro momento o reencarnación futura en la que nazca tenor dramático”.
Pero inmediatamente otra voz salió de mi interior (ah! Malevolo diablillo operístico) cortando el hilo de mi raciocinio:
“muy bien, tu lo dejas tranquilo, pero y todo ese atajo de forofos que le rodean ¿qué piensas que van a hacer? ¿Retirarse a sus casitas sin la tan ansiada fotografía?”.
Pues claro que no, y una que es débil, metió la mano en el bolso donde llevo siempre mi Sony cibershot, (cosas de la menopausia) y agarrando a Maria José del brazo y  para allá que nos fuimos las dos.
Entre una señora de rutilante collar y un caballero de peluquín no menos rutilante, metí el brazo, y perdiendo todas las formas y dejando la compostura para mejor momento, solté mi frase.
“Rolando!” dije así como quien acaba de tomarse un tequila con él en el bar de la esquina. “Hágame el favor de atender a esta compatriota, gran admiradora suya, que ha venido especialmente a verle”.
Ante semejantes argumentos el hombre dejó a la señora del collar con las ganas y se fue directo hacia mi amiga Maria José quién, haciendo gala de una prodigiosa agilidad mental para la gestión de las relaciones públicas, reaccionó abriendo una sonrisa de oreja a oreja mientras pronunciaba un “Ay, Hola?” tan cargado de sincera emoción que sonó al “N’est ce plus ma main… “ de Manon. Al tiempo que extendía los brazos dejando al descubierto la medalla de la virgen de Guadalupe que muy oportunamente llevaba colgando del cuello.
Tan brillante actuación nos reportó pingües beneficios que se traducen en la firma de los tres programas de mano, las correspondientes fotografías y los besos, que a uno por mejilla dan un total de seis.
Tal vez debiera aclarar que Maria José, mejicana, mejicana, lo que se dice mejicana no es. Tiene pasaporte mejicano eso sí pero es mas por los convenios internacionales que por sentimiento patrio. Y lo de venir especialmente para verle, eso sí que nadie me lo puede discutir, porque a qué sino habíamos ido todos allí. Además nadie, ni el mismo villazón, me preguntó si había venido de Méjico o del barrio de Sant Gervasi.
Con un abrazo del tipo “nos vemos mañana en abarrotes las Dos Lupitas”, y con la satisfacción del deber cumplido, mis amigas y yo nos retiramos a un segundo plano, justo cuando entraban en escena los bocaditos de jamón ibérico, esos que siempre salen después de las croquetas y las pastas saladas rellenas de anchoa.
Hasta mañana.

Para apasionados de Rolando Villazón

 

3 comentarios

  1. Ese día, cuando lo de la Virgen de Guadalupe, estaba a vuestro lado y pensé, “Mecachis éstas no van a dejar que me acerque”!! Al final yo también tuve autógrafo y foto. Que cantidad de gente, a mi hasta me daba pena, pero, a ver quien era el que se iba sin aprovechar la ocasión! Gracias por recordarlo, es muy divertido

  2. Muy divertida la secuencia de los hechos y muy real, los que no conozcan el mundo de la ópera puede que les resulte extraño, pero nosotros también nos “tirmos delos pelos”. Saludos

  3. Por la primera versión de este artículo conocí este blog, un dia que estaba buscando información para el mío (http://rolandovillazon.blogspot.com), al que estáis todos invitados.

    Eses dia unas cuantas villazonistas estuvimos en la salida de artistas (menos nivel que tú, Estrella) pero también tuvimos nuestra foto y nuestra conversación con el NEN (como le llamamos entre nosotras). Después vinieron otros conciertos, otros viajes, y el 6 nos vamos a London a ver sus Contes…!Rolando engancha!

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